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ABC LUNES 23 5 2005 Tribuna 53 FIRMAS EN ABC MANUEL HIDALGO HUERTA PROFESOR EMÉRITO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE HOMOSEXUALIDAD, MATRIMONIO Y ADOPCIÓN El matrimonio constituye el eje básico de la constitución de la familia y su descendencia A homosexualidad es una forma evolutiva de los estados intersexuales que integran la conformación de un nuevo ser hasta que el predominio de uno de los mismos determine su definición como hombre o mujer y, caso que no acontezca así, dé lugar a la aparición de las circunstancias patológicas favorecedoras de esta anomalía. La acepción de este concepto de la inter- sexualidad originaria tiene su punto de partida en los investigadores que abrieron este nuevo cauce para una más justa valoración, ante la ley y la sociedad, de lo que la homosexualidad significa. Las ideas que florecieron durante los mediados y finales años dentro del siglo XX, defendidas en nuestro ambiente fundamentalmente por Marañón, condujeron a que el homosexual no fuera considerado como un ser abyecto merecedor de los castigos más crueles, como había acontecido en tiempos remotos, no sólo en su calificación en los textos bíblicos o en los legislativos que sancionaban durante estas situaciones, que realmente entran dentro del campo de la patología. Al afianzarse esta valoración científica del problema, quedó descartada cualquier tipo de represión legal sobre esta desarmonía en el desarrollo sexual, siempre y cuando responda a este anormal desarrollo genético, pero no cuando sus factores originarios correspondan a alteraciones creadas más tardíamente como acontece con la droga, alcoholismo, motivaciones económicas, etcétera, que siguen vinculadas al castigo que determinen las leyes. El homosexual normal el que ha nacido así, porque la naturaleza de su génesis así lo ha dispuesto, tiene plenos derechos, por tanto, a que le sean reconocidas todas las opciones que las leyes han creado para las gentes de sexualidad normal, lo que no quiere decir, en modo alguno, L que tengan derecho a participar en actividades que son, o deben ser, privativas del hombre o la mujer normales en su sexualidad. No son iguales y, al no serlo, tampoco puede serlo en equivalencia en diversas manifestaciones de la actividad humana. En el momento actual, el tema está candente ante las leyes con las que el gobierno ha asimilado los derechos ciudadanos entre uni y homosexuales, dentro de los cuales pretendemos, a través de estas líneas, glosar los relativos al matrimonio y la adopción que, constituyen, en mi sentir, los más reprobables. En primer término, debe ser tenido en cuenta que en el homosexual, si no en todos, sí en un cierto número no despreciable de casos, existen alteraciones psíquicas y somáticas que le alejan, en cierto grado, de la configuración morfológica del hombre o mujer, en este sentido, normal. Las diferencias óseas, las modificaciones en el tono de voz, la distribución del vello corporal, la suavidad de la piel, los ademanes, gestos, formas de vestir, etcétera, en ocasiones son tan evidentes que, abstracción hecha de razones de otro tipo dada la tendencia imitativa que el niño suele tener hacia el comportamiento de los mayores con los que convive no parece oportuno aceptar unas normas o disposiciones legales favorecedoras de esta interrelación. Aún cuando no existe antagonismo en la determinación intersexual de ambos sexos es posible afirmar que en el desarrollo genético la etapa correspondiente a la feminidad es precedente a la que corresponde a la virilidad. En el hombre la etapa feminoide es breve, mientras que en la mujer la fase femenina es de larga duración, tan es así que la fase viril o no llega a aparecer o, si lo hace, suele ser muy tardíamente y, en general, de forma atenuada. Acaso esto explique, en cierto modo, el mayor número de homosexuales masculinos que femeninos existentes. En todo caso, tanto en una circunstancia como en la otra, si en contra de toda lógica la adopción se realiza, no puede proporcionar más que resultados nefastos para la educación y evolución del niño como ser humano. En lo que al matrimonio se refiere, bajo ningún punto de vista es aceptable su legalización entre los homosexuales que pretendan convivir bajo este nombre. El matrimonio, tanto desde el punto de vista social como religioso, constituye el eje básico de la constitución de la familia y su descendencia, en la que el amor y el sexo son los dos elementos fundamentales para la procreación que es su meta final. El amor, cuya definición en breves líneas en el pasado era factible, hoy día no es tan sencillo. En el pasado se limitaba a su componente romántica, que englobaba la atracción que había surgido entre dos personas de sexo opuesto. Cierto es que en muchas ocasiones, la sexualidad era secundaria y estaba reemplazada por otros sentimientos afectivos que la reemplazaban con creces. Goncourt, con aspereza, decía que, Dios ha hecho el coito, el hombre el amor Milán Kundera, más moderado en su expresión, venía a decir lo mismo al afirmar que: En el amor no se manifiesta el deseo de acostarse con alguien, sino el deseo de dormir con alguien John Gay, más refinado, afirmaba que: Quien no ama, nunca ha vivido jamás Benavente, más respetuosamente aún, opinaba que: Al verdadero amor, no se le conoce por lo que exige, sino por lo que ofrece y Miquelarena, más preciso en su definición, afirmaba que: Sólo está enamorado de una mujer quien se enamora de ella a cada instante Tanto en el pasado como en el presente, el amor verdadero fue infravalorado por muchos. Chesterton, dándoselas de gracioso, decía que el primer deber del hombre enamorado es ponerse en ridículo Pitigrilli, más festivamente, opina- JAVIER TOMEO ESCRITOR NIDOS R AMÓN me confiesa esta mañana que su esposa compró hace un par de semanas un precioso almohadón de raso exclusivamente para que su caniche duerma la siesta. -Sin embargo- -me confiesa luego, con acento compungido- se puso como un basilisco cuando le pedí que me comprase una de esas almohadas cervicales que ahora se están poniendo de moda. -Hay personas que sienten por sus perros un amor extraordina- rio- -le digo, tratando de animarle- Ahí tienes, por ponerte un ejemplo, al inmortal Goethe, que pensaba que cuando un perro está bien adiestrado es incluso digno del aprecio de un sabio. Mi amigo suspira y me confiesa que lo que le entristece no es que su esposa ame desaforadamente a su caniche, sino que demuestre tan poco aprecio por su marido. Permanece un rato en silencio, esperando tal vez que le diga alguna cosa más que pueda servirle de consuelo, pero el tema del amor conyugal me ha parecido siempre muy delicado y prefiero llevar la conversación por otros derroteros. Lo primero que se me ocurre decirle es que las golondrinas vienen de África buscando los mismos nidos que un día abandonaron. Ramón enarca las cejas y me mira a los ojos. No entiende por qué le salgo ahora con esas y se queda un rumiando, pensando que mis palabras tienen algo que ver con el desamor de su esposa. Los dedos, como suele decirse, se le antojan huéspedes. Se siente, obviamente, muy deprimido, pero no creo que acaben divorciándose antes de que acabe el año. Aguantarán un poco más. ba que el amor es un beso, dos besos, tres besos, cuatro besos, cinco besos, cuatro besos, tres besos, dos besos, un beso Albert Camus optaba por decir que los que aman de verdad la justicia no tienen derecho al amor Noel Clarasó, muy drástico, decía cuando se habla de estar enamorado como un loco se exagera; en general se está enamorado como un tonto Y Jardiel Poncela, con el escepticismo que caracterizaba todos sus actos, se manifestaba así: En amor, lo de menos son los insultos, lo grave es cuando empiezan los bostezos El amor tiene una importancia tal en la constitución de la familia que es el que la mantiene y el sexo, que es el otro componente para llegar al matrimonio, tiene un valor muy limitado y su mantenimiento no es necesario para colaborar a la felicidad de la vida conyugal. Por esta razón, no se detentan frases en la historia de nivel análogo a las dedicadas al amor. Muchas de ellas son soeces o carecen de la ternura y elevación de miras y moralidad que impregna a la mayor parte dedicadas al sentimiento amoroso. Marilyn Monroe argumentaba el sexo forma parte de la naturaleza y yo me llevo de maravilla con la naturaleza y Raquel Welch generalizaba aún más al decir la mente también puede ser una zona erógena Cierto es que, aseveró Aristóteles, el sexo es el más vil de los sentidos Con el cristianismo nació el verdadero amor impulsado por la Biblia con el afecto de Abraham por Sara y el ejemplo de Jacob hasta poseer a Raquel. Cuando la sexualidad predomina sobre el amor (griegos y romanos con sus orgías sexuales) los Imperios se desintegraron. No entremos en este camino en el que la sexualidad predomina y no amparemos leyes que al tergiversar lo único que puede considerarse matrimonio, la unión hombre- mujer, derribemos las barreras que caracterizan al ser humano y las abramos a todo aquello que le similariza a otras especies zoológicas. Den otro nombre a estas uniones; compañeros, amigos, asociados, parejas de hecho, etcétera, con los beneficios legislativos que bajo este nombre se puedan conceder. Mas... solamente eso. Lo contrario es propio de un Gobierno ineficaz y de contenido espiritual y humano absolutamente impropio de un país civilizado. Finalmente, en lo relativo a la adopción, abstracción hecha de lo ya anotado, aludir a que la valoración positiva de la misma que por algunos se quiere mantener basada en que, con ello, se contribuiría a mejorar las condiciones de vida de tantos niños desamparados que existen en el mundo, el argumento carece de toda lógica, ya que tal misión corresponde a los gobiernos de países de economías acomodadas que emplean grandes sumas de sus recursos en crear organizaciones de mucho menor rango humano, destinadas a difundir sus fines políticos o la obtención de elevados salarios dentro de sus dirigentes y representantes totalmente injustificados. Ambrose Bierre dijo que: La política es la conducción de los asuntos públicos para el provecho de los particulares y no hay duda que, en gran número de casos, la frase es cierta en el más amplio sentido de la palabra.