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ABC LUNES 23 5 2005 Sociedad 47 Medio Ambiente PROTOCOLO DE KIOTO Y DESAFÍO TECNOLÓGICO CRISTINA NARBONA Y LENA SOMMESTAD. Ministras de Medio Ambiente de España y Suecia a lucha contra el cambio climático ocupa un lugar prioritario en la agenda política de los ministros de Medio Ambiente de Suecia y de España, reunidos la pasada semana en Madrid para inaugurar el Seminario de Tecnologías Ambientales. Sabemos con total certeza, que si en España, Suecia y el resto del mundo continúa el elevado nivel de emisión de gases de efecto invernadero peligra el sistema climático del mundo y con ello los fundamentos para que podamos vivir en la tierra. El cambio climático se debe al incremento del nivel de emisiones de gases de efecto invernadero, que provienen de actividades humanas. Las pruebas de la influencia del cambio climático sobre el medio ambiente son evidentes ya en nuestros países y no cabe duda alguna sobre la envergadura del desafío que tenemos por delante. Sabemos que será necesario reducir las emisiones de gases de efectos invernadero de forma radical, tan solo para poder estabilizar la concentración de gases en la atmósfera en un nivel seguro. También sabemos que, aunque lo logremos, ya hay determinados efectos inevitables del cambio climático. Las actuaciones para la adaptación tienen que contemplarse desde una doble vertiente: por una parte, la aplicación de medidas para minimizar los efectos en los sectores socioeconómicos y los ecosistemas más susceptibles de ser afectados por el cambio climático; por otra, la prevención del riesgo de los fenómenos climáticos extremos y sus efectos. L pea se pronunciaron en la misma línea. Para lograrlo será necesario un importante cambio cultural y tecnológico, en el contexto de una política encaminada a un uso más eficaz de la energía y al impulso de las energías renovables. Las actividades industriales y energéticas cuentan desde el principio de enero de este año con un importante incentivo para la innovación tecnológica: el sistema europeo de comercio de emisiones de dióxido de carbono. La atribución de un coste económico a cada tonelada emitida impulsará, sin ninguna duda, la sustitución de combustibles y el desarrollo de nuevos equipos y procesos que reducirán la intensidad en carbono de nuestro sistema productivo. Obviamente es preciso proporcionar el apoyo necesario desde los poderes públicos, y en particular a nivel europeo, a este nuevo esfuerzo tecnológico. Alternativas prometedoras para el futuro como la captura y el secuestro de CO 2 en formaciones geológicas requieren aunar esfuerzos a escala europea e incluso mundial. Narbona y Sommestad, durante la inauguración de la casa solar Magix Box cos necesarios. Pero hay un elemento adicional necesario para alcanzar el éxito: la participación de los ciudadanos en cuanto que usuarios y consumidores de bienes y servicios. Estamos convencidos de que es posible un modelo energético que no produzca prácticamente ninguna emisión de dióxido de carbono, si ponemos énfasis en un uso y una producción más eficaz de la energía. Desde ahora debemos, a largo plazo, construir un modelo energético sin combustibles fósiles que irán agotándose a lo largo de este siglo. Las fuentes de energía renovable cubren en la actualidad únicamente una mínima parte del suministro mundial de energía, a pesar de que tecnologías como las células solares, la energía eólica marina, la biomasa y la energía geotérmica son alternativas cada vez más prometedoras. EFE E or ello, es urgente tomar medidas. El conocimiento actual nos permite afirmar que cuanto más tardemos en adoptar políticas de adaptación más difícil y costoso será minimizar los efectos causados por el cambio climático. La principal medida de adaptación a los efectos negativos del cambio climático es una eficaz política de mitigación consistente en la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero a la atmósfera. El desafío climático tiene alta prioridad para España y para Suecia. El punto de partida es el compromiso de ambos países para el cumplimiento del Protocolo ratificado por más de 120 países. Este es el más importante acuerdo político ecológico alcanzado nunca. Los Gobiernos de Suecia y España- -partiendo de condiciones sin duda diferentes- -están firmemente decididos a enfrentar este desafío conscientes de que el conjunto de los países desarrollados deberemos reducir las emisiones de dióxido de carbono en torno a un sesenta por ciento el año 2050 y entre el 15 y 30 por ciento el año 2020. Esto lo decidieron por unanimidad los ministros de Medio Ambiente de la Unión Europea en la reunión del Consejo del mes de marzo de este año. Un mes más tarde los jefes de Estado y de Gobierno de la Unión Euro- P n cuanto a los sectores llamados difusos, muchas son las acciones que desde el punto de vista de las mejores tecnologías pueden contribuir a alcanzar los objetivos de cumplimiento que nos hemos impuesto: en el transporte, la mejora de la eficiencia mediante el desarrollo de nuevos vehículos (como los de motor híbrido y los de pila de combustible) y uso de combustibles alternativos. A este respecto, es absolutamente clave que la Unión Europea se sitúe en la vanguardia mundial en lo que ya se califica como la economía de hidrógeno que puede revolucionar el sector del transporte y la calidad de vida en las ciudades. Otro sector en el que resulta acuciante la necesidad de incentivar el ahorro y la eficiencia energética es en el denominado sector residencial, comercial e institucional. La tecnología debe proporcionar en este ámbito nuevos equipos electrodomésticos y de calefacción de alta eficiencia, materiales de aislamiento y criterios bioclimáticos y opciones más avanzadas de integración de energías renovables en la edificación. Es claro que en los sectores difusos, junto a la iniciativa privada, las políticas públicas tendrán un papel decisivo para impulsar los cambios tecnológi- Plan de Acción de Tecnologías Ambientales. El plan constituye un marco político cuya finalidad es incitar a una incorporación mayor y más rápida de las tecnologías menos contaminantes y más eficientes para que nuestras economías sean más competitivas. La definición del plan es un primer paso de gran importancia y ahora nos corresponde a nosotros llegar a las metas fijadas. N E Alternativas prometedoras para el futuro como la captura y el secuestro de CO 2 en formaciones geológicas requieren aunar esfuerzos en la UE n la actualidad están en marcha varios proyectos muy interesantes. La Asociación para la Energía Renovable y la Eficiencia Energética (REEEP) es una iniciativa de la Cumbre de Desarrollo Sostenible de Johannesburgo, que incentivará las tecnologías limpias y competitivas. La Agencia Internacional de Energía, AIE, también ha exhortado para que se tomen medidas tempranas para desarrollar tecnologías energéticas con bajas emisiones de dióxido de carbono. En conclusión, es importante resaltar que la lucha contra el cambio climático y el cumplimiento del protocolo de Kioto representa un enorme desafío, pero también una oportunidad de impulsar el desarrollo tecnológico necesario para hacer posible en nuestros países un sistema de producción y consumo menos intensivo en energía, con los consiguientes efectos positivos tanto sobre el medio ambiente como sobre la economía. En la Unión Europea, los Estados miembros están implementado un ecesitamos que los resultados de las investigaciones realizadas en materia de tecnologías ambientales sean introducidos en el mercado como productos absolutamente cotidianos. Un ejemplo de esto lo constituye el programa marco para investigaciones de la Unión Europea que respalda el desarrollo de la energía fotovoltaica y el biogas. Ahora necesitamos que se den facilidades que estimulen la demanda de los ciudadanos hacia esas nuevas respuestas tecnológicas. El transporte es un buen ejemplo. Si reforzamos los acuerdos existentes con los fabricantes de automóviles podremos contribuir a que se reduzcan las emisiones de dióxido de carbono, crecientes en el sector del transporte. Este tipo de acuerdos con el sector del automóvil ya está impulsando innovaciones en la producción de nuevos modelos de coches. Ahora hay que darle máxima prioridad a la investigación y al desarrollo de combustibles más limpios. Hoy es más necesario que nunca una Unión Europea ampliada que comparta las mejores prácticas y haga presión para estimular el cambio y la innovación a nivel mundial. Nuestros Gobiernos están de acuerdo en ponerse a la vanguardia en el sector de las tecnologías ambientales. Por eso nuestra reunión en Madrid supone una nueva ocasión para sumar esfuerzos; exhortamos al resto de Europa que se adhieran en esta tarea abriendo caminos posibles también para el resto del mundo.