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6 Opinión LUNES 23 5 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA ANDRÉS OLLERO TASSARA CATEDRÁTICO DE FILOSOFÍA DEL DERECHO UNA ASAMBLEA DE ATEOS ¿U STEDES se imaginan una Asamblea General de Ateos empeñados en la redacción de un Manifiesto por el ateísmo ¿A que no adivinan dónde se celebró y a quién se le pudo ocurrir organizar algo tan grotesco? ¿Recuerdan esa localidad catalana, gobernada, como no podía ser de otro modo, por la Esquerra Republicana de Catalunya, que fomentaba desde su Ayuntamiento la celebración de primeras comuniones civiles? Pues si quieren enterarse a qué responden esos impulsos nerviosos de laicismo militante lean el libro del profesor Andrés Ollero España: ¿un estado laico? (Civitas) donde se analiza con rigor el fundamento constitucional de la libertad religiosa, JORGE TRIAS así como la especial protecSAGNIER ción que debería tener la Iglesia Católica a la luz del artículo 16 de la Constitución, o el asunto, tan de actualidad, dela objeción de conciencia. España, concluye Ollero, es un Estado laico, pero no laicista. O, al menos, no debería serlo. Ferrer i Guàrdia, un masón vinculado al Gran Oriente de Francia, fundó las denominadas escuelas modernas que no tenían nada de escuela pues ninguna enseñanza se impartía en sus inexistentes aulas. En realidad eran un centro de reclutamiento terrorista, una editorial dedicada a la difusión de literatura de iniciación anarquista y culturaloide según el admirado historiador Ricardo de la Cierva. De sus aulas salió Mateo Morral, el asesino anarquista que atentó contra Alfonso XIII el día de su boda. Los seguidores de Ferrer, que ahora militan en la Esquerra junto a Carod- Rovira, sostienen que este personaje, al que Unamuno calificó de mamarracho, mezcla de loco, tonto y criminal cobarde era un insigne pedagogo Estos ateos, como los nuevos asambleístas a los que se refiere Ollero, por un lado no creen en Dios y, por otro, no hacen otra cosa que hablar o mofarse de Él, con elmismo estilo que ahora gastan Carod o Maragall. Raymond Carr, que conocía poco la capacidadde Cataluña por dar individuosinsólitos como Ferrer i Guardia, se sorprende de que una región industrial tan avanzada, pudiera convertirse en la casa solariega del anarquismo europeo Claro que, si viviese hoy, se asombraría de la deriva histórica y locura política del nuevo nacional socialismo libertario que gobierna Cataluña. Las propuestas del movimiento ateo, un grupúsculo cuyo anfitrión, como no podía ser menos, fue la Fundació Ferrer i Guàrdia y que recoge el libro de Ollero, son cinco puntos premonitorios ya que luego aparecieron en el programa del tripartito catalán, y ahora intentan que también los asuma el Gobierno de Zapatero: 1 Ruptura de los acuerdos con la Santa Sede. 2 Cese de la financiación estatal. 3 Eliminaciónde la enseñanza de religión. 4 Prohibición a los cargos públicos de encabezar manifestaciones religiosas, procesiones por ejemplo. Y 5 Eliminación del adoctrinamiento religioso en la infancia. ¡Una asamblea de ateos! Si no fueseporque en Cataluña hay muchoaventado sugeriría que estos individuos fuesen declarados especie protegida OBJECION DE CONCIENCIA Y DESOBEDIENCIA CIVIL El autor reflexiona sobre si a la obediencia a una ley emanada de los poderes legítimos cabe oponer algún imperativo de conciencia, asunto que ha saltado a la opinión pública tras el llamamiento de la Iglesia a sus fieles para no coadyuvar al matrimonio homosexual L A teoría del derecho parece haberse puesto de moda. De repente el debate de viejos colegas políticos gira en torno al programa de mi asignatura. Toda una buena noticia; claro que nunca faltan aspectosque invitan a la cautela. Por lo visto, para más de uno la objeción de conciencia es una práctica antidemocrática y la desobediencia civil un invento de Torquemada. Preguntado sobre si cabe oponer a la obediencia a una ley emanada de los poderes legítimos algún imperativo de conciencia, el teórico del derecho encontrará oportunidad de oro para remitirse a una de las lecciones de la asignatura: depende de si se es iusnaturalista o positivista. Y estos políticos que se han abalanzado inmisericordes ante un amago de objeción ¿qué son? Si son iusnaturalistas pueden tenerlo fácil, porque tanto Aristóteles como el mismísimo Santo Tomás eran bastante mirados a la hora de dispensar de la obediencia a las leyes. Aunque se tratara de una ley injusta, habría que tener en cuenta que la estabilidad del sistema legal es ya un elemento positivo del bien común, que se vería comprometido si condicionamos nuestra obediencia a escrúpulos personales. Sólo estando muy seguros de hallarnos ante una norma corrupta la desobediencia sería disculpable. El problema es que estos drásticos colegas son sin duda positivistas; se trata de progres de vieja estirpe, que circulan por la izquierda, como los ingleses, y se mueven sin agobios dentro de lo que Benedicto XVI ha descrito como dictadura del relativismo Si al arrojo de optar por la progresía unen la audacia de ser coherentes, el asunto se les complica bastante. Los alumnos de primero de Derecho saben bien que el positivismo jurídico suscribe una tajante separación entre derecho y moral. Ello supone no sólo que ningún contenido moral tenga por tal motivo derecho a ser jurídico (valga el juego de palabras) sino también que no deriva obligación moral alguna de que la ley diga o deje de decir algo. Resultaría ridículo asumir con embeleso lo primero y negar lo segundo. Me temo que alguno de mis viejos colegas se adentra por tan intrincado jardín. Nuestro más prestigioso positivista, Felipe González Vicén, dedicó uno de sus más enjundiosos estudios a La obediencia al derecho En él deja bien claro que, a su juicio, no hay razón alguna para sentirse obligado moralmente a obedecer la ley, por el mero hecho de serla; aunque sí pronosticaba no pocos motivos para sentirse moralmente obligado a desobedecerla. Por si alguien no muy leído- -haberlos entre los políticos habíalos y haylos- -se escandalizaba, no dejó de aclarar el alcance de su afirmación: La limitación de la obediencia al derecho por la decisión ética individual significa el intento de salvar, siquiera negativamente y de modo esporádico, una mínima parcela de sentido humano en un orden social destinado en sí al mantenimiento y aseguración de relaciones de poder. Este es el sentido que tiene en las modernas constituciones la inviolabilidad de la libertad de conciencia No seré tan cruel como para preguntar a cuántos de losque, -Buen temporizador, ¿qué marca es?