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ABC DOMINGO 22 5 2005 Deportes 93 ANECDOTARIO LUIS GARDE Torres sigue sin marcarle un gol al eterno rival A pesar de ser el máximo goleador del equipo rojiblanco, a Fernando Torres se le encoge la pierna cuando se enfrenta al eterno rival. El niño disputó ayer su quinto derbi en la Liga y sigue sin haber sido capaz de perforar ni una vez la portería del Real Madrid (sólo con el Zaragoza le ha sucedido lo mismo) Tampoco ha conseguido ganarle, ya que además del empate de ayer tiene otro (2- 2) y tres derrotas (0- 4, 2- 0 y 0- 3) en sus partidos contra los blancos. Raúl, experto en derbis. El capitán del Real Madrid es el jugador en activo que más encuentros ha disputado frente al Atlético. Con el de ayer llegó a los 17 (hay que recordar que los rojiblancos estuvieron dos temporadas en Segunda) Además su balance es muy positivo en estos duelos, pues ha ganado 10, empató cinco y sólo perdió dos. Y en ellos ha marcado ocho goles, en las antípodas de Fernando Torres. Ronaldo cortó su racha de goles. Al brasileño se le daba bien el Atlético. Hasta ayer. En cinco partido contra el equipo rojiblanco desde que juega en España le había marcado nada menos que ocho tantos, el del año pasado en el Bernabéu el más rápido de la historia de los derbis. Pero ayer se quedó en blanco, justo cuando pretendía inquietar a Eto o en la disputa del Pichichi. Roberto Carlos, tumbado sobre el césped del Bernabéu en un momento del partido REUTERS Hierro cerró entre lágrimas su vieja herida con el Madrid Emotivo homenaje de la afición al ex capitán del equipo, que estuvo arropado en todo momento por Raúl, heredero de su brazalete JULIÁN ÁVILA MADRID. Fernando Hierro cerró ayer una vieja herida. Por fin pudo despedirse de la afición del Real Madrid después de su salida forzosa por la puerta de atrás hace dos temporadas. Y lo hizo a lo grande. Con la grada puesta en pie y coreando al unísono ¡Hierro, Hierro, Hierro! El anterior capitán blanco hizo su último paseíllo por el túnel de vestuarios que tantas veces había pisado con un cosquilleo en el estómago, como en los grandes partidos. Saltó al terreno cuando ambos equipos estaban ya correteando sobre el césped y después del sorteo de campos. Dudó en elegir el momento. Mientras tanto una nube de fotógrafos le fusilaba. Por fin se decidió. El árbitro del partido se fue hasta la banda para recibirle y darle permiso para entrar en el campo. El público dibujó una ovación que inundó el Bernabéu y apagó la sensación de soledad de Hierro. Rápidamente acudió su íntimo amigo Raúl para acompañarle hasta el centro del campo. Un abrazo del siete Y otro más. Hierro se desplazaba como un juvenil que va a debutar. Otro abrazo de Raúl. Ronaldo le tiró un balón, pero Fernando ya no está para algunos menesteres. Dejó pasar el esférico mientras la emoción iba minando su fortaleza. Los labios, apretados; la mirada, perdida; tragándose las lágrimas como un niño. Otro abrazo de Raúl. Y un aplauso de sus compañeros. Por fin llegó al centro del escenario hecho un manojo de nervios. El siete le regaló una camiseta del Madrid con el número 4 a la espalda. Otro achuchón de Raúl. Y Hierro giró desacompasadamente los brazos para corresponder al cariño de la grada. Ahí no pudo más y se le escapó una lágrima furtiva. Hizo el saque de honor. Y dio el balón a su equipo, al Real Madrid. Subió de tono la ovación cuando se retiró camino del palco. Fernando es ya ex jugador y tiene el corazón restañado. EL TRAUMA DEL FRACASO PESA MUCHO ENRIQUE ORTEGO N ada peor para el fútbol que un partido donde los equipos no se juegan nada. Y más si ambos arrastran el trauma del fracaso y están más pendientes de lo que pasará en un futuro inmediato que del presente real. El tópico de la honrilla y de la eterna rivalidad de vecinos hace mucho tiempo que pasó a la historia. Madrid y Atlético están tan desengañados, tan hastiados de sí mismos, que no tuvieron ni ánimo para forzar la sonrisa de su gente. Fernando Hierro se merecía otro homenaje. Sólo su íntimo Raúl, desde esa nueva faceta de organizador, parecía tener ganas de complacer al hombre del que heredó el brazalete. Que cumpla en esa posición no debería confundir a nadie y menos al entrenador. Alejarle tanto del área contraria es un pecado y el Madrid del futuro no debería pasar por un Raúl- organizador, sino por un Raúl- delantero, donde se aproveche su sentido del gol. Como tampoco el futuro del equipo puede mantener una fórmula de juego en la que el primer objetivo sea no recibir goles. Como coartada o solución para salvar el final de temporada puede haber resultado útil, pero alguien debería señalarle a Luxa que lo proclamó como un parche y no debe tener visos de continuidad. El Bernabéu sería el primero que le recordaría en septiembre que el Madrid está pensado para atacar, no para defender. Y del Atlético, poco se puede decir. De donde no hay no se puede sacar. Sin el portero, los dos centrales y Fernando Torres- -hizo ayer cosas de gran jugador, aunque no vea puerta- -sería candidato al descenso. Dice Cerezo que el equipo sólo necesita tres refuerzos importantes. Si multiplicara por tres a lo mejor acertaba. Pero, claro, eso sería de nuevo comenzar de cero, otra plantilla nueva, además del técnico. Y ni hay dinero ni tampoco es plan.