Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 22 5 2005 91 Deportes Alonso, segundo en Mónaco después de la primera sesión cronometrada, que dominó Raikkonen Ronaldo intenta controlar el balón ante el marcaje de Pablo REUTERS Un derbi que debieron perder los dos El duelo madrileño fue una mentira en la que el Madrid y el Atlético rivalizaron en desaciertos JOSÉ MIGUEL MATA MADRID. Nada de gloria en el último partido de la temporada en el Bernabéu. El derbi que no existió ni siquiera podrá ser recordado por el regreso de Hierro o el adiós de Figo. Porque el primero no vuelve y el segundo quizá no se vaya. El colofón de la Liga en el coliseo blanco demostró que el Real Madrid ya había hecho lo que tenía que hacer en este campeonato y que el Atlético no podía hacer más de lo que hizo. Fue una castaña, un pestiño, un rollo, un plomo, un tostón, un... Sobre todo el primer tiempo fue un canto a la moda de lo light Algo así como el café sin cafeína, el chocolate sin cacao, la mermelada sin fruta... Vamos, que no fue nada. Porque si al paladar uno es capaz de engañarlo, al corazón es imposible. Y un derbi sin pasión futbolística ni es derbi, ni es fútbol ni es nada. Los dos equipos salieron enganchados a objetivos menores. El Real Madrid, a los que le ha condenado el Barcelona. Que si el Pichichi imposible de Ronaldo (por cierto, nefasto ayer) que si acabar como el mejor de la segunda vuelta. Y el Atlético, que si al primer gol de Torres al eterno rival, que si a amargar la despedida blanca del Bernabéu... Filfa. Especialmente durante los primeros veinte minutos el encuentro fue una mentira. Indignos de un Real Madrid- Atlético. Por no haber ni siquiera hubo faltas, lo que da una idea de la frialdad del ambiente. En un partido de solteros contra casados seguro que hubiera existido más intensidad, mayor pique. Pero ayer ninguno parecía tener interés en no pagar las cañas. Menos aún el Atlético, al que el Madrid entregó el balón en una repetición del guión blanco de este final de Liga- tómalo que yo te mato a la contra -y le puso en evidencia. REAL MADRID ATLÉTICO DE MADRID 0 0 Real Madrid (4- 4- 2) Casillas; Míchel Salgado, Pavón, Samuel, Roberto Carlos; Beckham (Guti, m. 75) Gravesen, Raúl, Zidane; Owen y Ronaldo (Figo, m. 75) Atlético de Madrid (4- 4- 2) Leo Franco; Velasco, Pablo, Perea, Sergi; Ibagaza, Luccin, Colsa (Raúl Medina, m. 70) Antonio López (Nano, m. 77) Richard Núñez (Jorge, m. 51) y Torres. Árbitro Muñiz Fernández. Amarilla a Perea, Colsa, Beckham y Raúl Medina. Ni juego, ni ocasiones ni nada Hasta el balón se aburría de estar en los pies de unos y otros. El concierto de pases sin profundidad, sin sentido, sin intención hizo del duelo un bostezo. Colsa y Luccin se convirtieron en protagonistas, casi en acaparadores. Y poco puede hacer el Atlético si ellos son el faro e Ibagaza se pierde en una banda, Torres tiene que venir a recibir siempre de espaldas a la portería y si Núñez, ¿Núñez? Bueno, si siempre se le va el balón en el último, y excesivo, toque. Como el Atlético ni podía ni sabía, el Madrid dio un par de pasos adelante. No es un equipo que destaque por su presión, pero ante un rival tan impreciso y pusilánime casi se vio obligado. Y pasó a dominar. Tampoco tuvo mucho peligro y la prueba es que Zidane hizo el primer remate del choque a los 21 minutos. Pero al menos fue capaz de poner en apuros a Leo Franco, que tuvo que sacar una buena mano en una llegada de Ronaldo en solitario tras la inteligente pared de Raúl. A la vuelta del descanso más de lo mismo. Bueno, al menos hubo algo de emoción aunque sólo fuera porque Luccin obligó a Casillas a demostrar que estaba en el césped. Fue el primer remate rojiblanco, en una falta lanzada con más potencia que colocación. El Madrid tomó definitivamente el mando de la mano de un Raúl que no conoce los partidos intrascendentes y que intentaba tirar del equipo. Pero no era la noche de nadie y ni Owen, que al menos cuando las toca la mete, estuvo listo en sus oportunidades. Sí lo estuvo Gravesen, que desafió a Torres en carrera en un mano a mano provocado por una contra rojiblanca y le limpió el balón con presteza. Y también Casillas en otra galopada del niño que después de romper a Pavón quiso adornarse con una vaselina. Pero el portero no picó. Owen tuvo la última, y quizá la más clara, ocasión del partido. Pero no hubiera sido justo que ninguno ganase. Si acaso, que hubieran perdido los dos.