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ABC DOMINGO 22 5 2005 Nacional ESPAÑA, PAÍS DE INMIGRACIÓN 25 dura tres meses. Con el fenómeno de la inmigración cada día surge un flanco débil y hay que buscar soluciones sobre la marcha. Regreso a casa María Boncheva es una de las currantes búlgaras más solicitadas de Torre del Burgo. En el campo, en el bar, en la casa rural... Por eso reside aquí todo el año desde hace dos. Vino con su marido (transportista) y su hijo, Boncho, que tiene seis años, va al colegio a Humanes y habla español muy bien dice, orgullosa. Estuvimos en nuestra ciudad, Dimitrovgrad, la pasada Navidad, visitando a la familia. No queremos quedarnos en España para siempre. En cuanto tengamos un dinerillo, regresaremos a Bulgaria Daniel, polaco, lleva aquí 7 años (tres de forma permanente) pero no ha dejado de mirar hacia el norte, donde le espera una chica, donde ya ha invertido sus ahorros en varias propiedades. Muchos compran fincas en sus respectivos países afirma Alberto López, el patrón de Daniel. Su verdadero sueño no está aquí, esto es una estación de paso En su empresa trabajan 24 inmigrantes- -búlgaros, polacos, marroquíes y un argelino- con los que aplica una fórmula sencilla: No quiero peleas ni broncas, sólo gente honrada que venga a ganarse la vida. Con los años he ido seleccionando poco a poco a mis empleados. En el caso de los polacos, utilizo la fórmula del contrato en origen: vienen utilizando un periodo de permiso y, cuando acaba la campaña, se van hasta el año próximo. Si no fuera por los inmigrantes, adiós al negocio. En 11 años sólo he tenido cuatro trabajadores nacionales Alberto recalca que no se puede tener a nadie de forma ilegal. Estamos teniendo muchas inspecciones Cae la tarde y el cargamento de espárragos ya está en los enormes tráilers que maniobran con dificultad por las estrechas calles de Torre del Burgo. El pueblo parece otro de unos años a esta parte, es una alegría, y no hay ningún robo dice el alcalde. Los tiempos, que antes se remansaban, discurren más rápidos. Hay proyectos: construir una aldea medieval al lado del remozado monasterio. Un par de urbanizaciones. Aunque esas cuestiones parecen importar poco a un grupo de búlgaros que descansa al fresco en la puerta de su casa. Mañana, más comentan. Pues eso. Yordan y su familia se afanan en hacer manojos de espárragos. Torre del Burgo es su lanzadera hacia una vida mejor que así no tendrían que moverse en busca de otras oportunidades. Pero casi todos vuelven. Están empadronados en el pueblo, y saben que en primavera no falta el trabajo Jaime emplea a 22 inmigrantes, todos búlgaros; algunas familias enteras, como la de Yordan. Les proporciona alojamiento, luz y agua gratis. Cada uno de ellos percibe 5,10 euros por hora de trabajo. Ha aprovechado el proceso de normalización del Gobierno para regularizar a cinco extranjeros, pero se queja de la trastienda de la norma, el detalle en que no reparan los titulares de prensa: para renovar el año próximo, estos trabajadores necesitan acreditar 6 meses de alta en la Seguridad Social... pero en la misma provincia, y la temporada del espárrago sólo Somos buenos en esto dijeron los primeros búlgaros, y se quedaron Todo empezó hace un cuarto de siglo. El padre de Jaime Urbina plantó unos espárragos porque le gustaban Luego, decidió plantar algunos más. Veníamos a recogerlos con una carretilla. Los atábamos con juncos, y vendíamos los que nos sobraban recuerda Jaime. A partir de 1990 empezaron a comercializar el producto, y otros jóvenes del pueblo se animaron a seguir la estela. Ahora hay un centenar de hectáreas dedicadas a este cultivo, que producen 700.000 kilos al año. Son muy apreciados por los consumidores, pero tienen que competir con los espárragos andaluces y- -sobre todo- -peruanos. En 2000, vinieron unos búlgaros ofreciéndose a trabajar. No entendían una palabra de español, pero al menos acertaron a decir: Somos buenos en esto Les pusieron a prueba... y se quedaron. Fueron trayendo poco a poco a sus familias y regularizando su situación. Ahora están perfectamente integrados en el paisaje y el paisanaje.