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ABC DOMINGO 22 5 2005 Nacional 19 ÁLVARO DELGADO- GAL PERPLEJIDAD INVENCIBLE a situación vasca se complica cada vez más. Hace sólo tres días, Alonso declaró que ETA sigue operativa y con capacidad de atentar. La aseveración del titular de Interior resume las opacidades, incluso cabría decir paradojas, de la política del Gobierno en materia terrorista. Me explico. En contra de lo que suele decirse, los hechos nunca hablan por sí mismos. Las que hablan, son las interpretaciones, y las interpretaciones son necesariamente complejas. El intérprete recoge los hechos basándose en hipótesis, hipótesis que autorizan otras hipótesis y nuevas interpretaciones selectivas de los hechos. Un observador inclinado a mirar las evoluciones del Gobierno con benignidad máxima, invocaría la advertencia de Alonso para reafirmarse en la tesis de que el Ejecutivo no ha iniciado contactos con la banda. ¿Cómo puede haberlas iniciado, si el que lo representa en la línea de combate anuncia que ETA podría matar mañana o pasado mañana? El observador benévolo deberá admitir, no obstante, que su posición es problemática, por tres razones sencillas. En primer lugar, el PSOE se contradice. La tesis de Alonso es incompatible con la de Blanco, quien asegura que la banda está exhausta y ha decretado una tregua tácita. En segundo lugar, no se comprende que el Gobierno haya movilizado al Congreso para iniciar un proceso de paz si Alonso está en lo cierto y ETA continúa afilando las armas. En tercer lugar, se multiplican por desgracia los indicios de que sí se han producido contactos con la banda. Anteayer, yo recomendaba en una tercera abordar la estrategia de Zapatero haciendo abstracción de este punto. Se trataba de una propuesta de mínimos metodológicos, saludable por varios conceptos. Ahora bien, estirar las cosas más allá de lo que éstas dan de sí, es artificial. Este mismo diario ha suministrado datos que conducen a la idea de que han existido conversaciones o esbozos de conversaciones. Y no se pueden ignorar, o ignorar del todo, las manifestaciones abertzales sobre un diálogo encarrilado hacia un proceso integral de paz. La aproximación acríticamente benevolente queda, pues, para los incondicionales. Restan dos alternativas: la de la crítica severa, o la de la crítica teñida de comprensión. Intentaré ejercer la comprensión. Cabría quizá entender al Gobierno a partir del supuesto de que Alonso está insuficientemente informado y de que consta donde debe constar que ETA quiere rendirse. La resolución aprobada en el Congreso tendría por objeto ofrecer coartadas al que quiere rendirse para que se rinda ya. Podría adornarse esta composición de lugar con consideraciones de tipo humanitario: la rendición rápida evitará algunos asesinatos, originados por los movimientos estertorosos de la banda. ¿Salen las cuentas? No. En esencia, no era preciso solemnizar la buena disposición del Gobierno para convencer a una ETA que estaba casi convencida por una política de rigor, que no de condescendencia. El cambio de medicina, en vista de que L la anterior ha funcionado bien, exige más explicaciones de las que nos han dado. Permanece además una incógnita dolorosa: ¿hasta donde han llegado unas conversaciones cada vez más difíciles de negar? Si bastante lejos, se ha mentido a la opinión de modo grave. Esta conjetura es para mí intolerable, de donde deduzco que los intercambios han sido poco sistemáticos y siempre indirectos. Y que, por lo tanto, la línea de actuación del Gobierno ha obedecido, ante todo, a impresiones. Ello nos coloca ante el diagnóstico siguiente: el Gobierno, impulsado por impresiones, ha hecho cuanto estaba en su mano por comprometer al Parlamento en un proceso de paz de éxito azaroso. El diagnóstico es estupefaciente, aunque difícil de evitar. Y obliga a hacer un balance provisional de costes. Uno, clarísimo, es la ruptura con el PP. Podrá objetarse que es el PP el que ha roto. Da igual. Dadas las circunstancias, no es raro que el PP rompiera. Lo importante es que este dato no haya pesado en las decisiones de Zapatero. Otro, es que se concede a ETA un protagonismo inédito. Todos estamos pendientes de lo que ETA vaya a decir ahora. Puesto que una taras- cada de ETA lesionaría enormemente al Gobierno, ETA acumula motivos para poner precio a su rendición. O sea, para mudar su rendición en negociación. Tercera consideración: se ha introducido un equívoco categorial. Si la cuestión es que una banda criminal entregue las armas, no se debe tratar a una banda criminal como si no fuera una banda criminal. La entrega de las armas implica, cómo no, tratos, precisiones topográficas, temporales, y penales. Pero no exige en absoluto que los partidos voten resoluciones que comprometen al Estado. Y menos aún que se busque apoyo en partidos cuya prioridad máxima es que se comprometa y altere el Estado. La suma da menos de cero. Las piezas no encajan.