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ABC DOMINGO 22 5 2005 Opinión 7 ESCENAS POLÍTICAS PIRUETEA EL BUFÓN P EL SEGUNDO BANQUILLO DE LOLA E RA una María Guerrero entre zarzamoras. Margarita Xirgu con lerele. De actriz, échenle un galgo o los galgos de Manuel Torre, que sólo comían jamón. Con la fuerza de un ciclón. Y de baile, la Paulova con zambra y con los siete colchones de La Sebastiana, que no puede dormir porque dice que los ratones, que se le meten por la nariz. Y en cante, ay, en cante: la Callas con bata de cola. El Apolo de la Piquer hecho Dionisos. Los que no la conocieron ni tuvieron que pedir bocas prestadas para abrirlas ante su inteligencia, dicen esa chorrada de un periódico americano, fíjate tú, americano, lo que entenderán los americanos: no sabe cantar, no sabe bailar, pero no se la pierdan. Los que se la perdieron fueron ellos, que no conocieron a Lola. Lola a secas, porque todas las flores son pocas para mentarla. Tuve la dicha de estar con Lola en las mil y una noches. Concretamente ANTONIO en la noche 847, la mítica del cumpleaBURGOS ños de Kasogui en La Baraka. Sentado en su misma mesa. Trajeron trescientas bailarinas de París y Las Vegas para llevar a mano las velas del cumpleaños en torno a una tarta- rascacielos que portaban unos cocineros en andas gestatorias. Y sobre la tarta, posada en una alcándara, una misteriosa cacatúa. Lola quedó impresionada por el chorreo de dinero, que a saber usted de dónde venía, pero sobre todo por la dichosa cacatúa que coronaba la tarta. Y me dijo desde la oceánica, mágica inmensidad de sus ojos negros: -Fíjate tú, Burgos, la que tiene aquí liá este gachó, con cacatúa y tó en la tarta. Y ni yo con mi arte, ni tú con tu pluma, eslomaítos de trabajar los dos tóa nuestra vida, hemos tenío ni pá comprarnos una cacatúa... Lola entonces no estaba ciertamente para cacatúas. Acababa de pasar la crujía de Hacienda. Estaba para reventar de guapa y de genial, pero tocada en el alma y en el cuerpo por el banquillo de la Audiencia, en aquella reedición del juicio de Morena Clara en la que el jamón acabaron llevándoselo los del pelotazo felipista. De Lola de España había pasado a ser Banquillo de España. Querían que se comiera el tigre de Hacienda sus carnes morenas para meternos a todos los españoles el miedo fiscal en el cuerpo. Con Lola hicieron terrorismo fiscal de Estado los mismos que, por no salir de Jerez, dejaron a Ruiz Mateos con una mano detrás y otra delante y le metieron la abeja de Rumasa por donde amarga el pepino. Lola, que era una señora, que estaba tocada por el dedo de los dioses de Tartesos, se comió su pena, penita, pena y siguió haciendo lo único que sabía: trabajar. Aunque no tuviera ni para comprarse una cacatúa. Ahora han sentado nuevamente a Lola en el banquillo. El Cid ganaba batallas después de muerto y Lola es tan genial que pasa las duquelas negras hasta difunta. Las diez velas del cumpleaños de la muerte de Lola han sido diez ignominias. No los tres puñales de Rafael de León, sino diez puñalás. Hay quien quiere comprarse una cacatúa a costa de la memoria de Lola. Lo que me deja sin sueño, como a la Sebastiana, es la suprema contradicción. Esta sociedad que alardea de manga ancha y de libertad sexual, que ha borrado toda idea de pecado, que ha derogado la ley de Dios, ha sacado del armario el viejo puritarismo de naftalina. Contra Lola, su memoria, su familia, sus hijas. Lo que el Cardenal Segura no condenó cuando Lola, Niña de Fuego y Zambra, vivía con Manolo Caracol, lo señalan con el dedo los que se proclaman permisivos y tolerantes de la modernidad. ¿Qué azul de vena o mapa la condena al látigo cruel del castigo mediático? Aquí rascas los caliches y te sale la Inquisición, que le ha puesto a Lola el sayo del mardito parné. Pero cómo será Lola de grande, que aguantó el banquillo de Borrell y, muerta, resiste este segundo banquillo. Cuando Carod y la ETA hayan cubierto sus últimos objetivos, quizá sea Lola lo único que nos quede de España. ARA definir con cierta exactitud a este irrisorio, grotesco y pintoresco personaje Carod- Rovira es necesario recurrir al insulto. Como yo no voy a utilizar ese recurso, me limitaré a afirmar que es un sujeto de difícil presentación. Vamos que resulta impresentable. Hay quien le llama payaso pero ese nombre no se compadece con su forma de hacer reír. El payaso es un ser tierno, entrañable, conmovedor y emocionante, que hace felices a los niños con bromas blancas e inocentes, bromas que no muestran crueldad, ni inquina ni falta de respeto, sino ingenuidad y humor inofensivo. Que más quisiera CarodRovira que ser un payaso. No. A payaso no llega, y ni siquiera se acerca a JAIME gracioso de comedia maCAMPMANY la de chistes gruesos. En todo caso, Carod- Rovira sería un hazmerreír bufonesco y ridículo, y encima, un bufón republicano en corte monárquica. En este punto podríamos dejar al personaje si no fuera porque sus bromas y sus veras tocan y hieren los más respetables sentimientos y las más sagradas creencias de los hombres. Como diría Rubén Darío, piruetea el bufón y sus piruetas de gilimursi son desdenes o chacotas de la bandera y de la patria, de la religión y hasta de la pasión de Jesús, como ha hecho ahora en Jerusalén choteándose de la corona de espinas, con Maragall asomado a la máquina de fotos pare perpetuar la gracia. Piruetea el bufón y desde su primera pirueta después de su elevación al taburete socialista del tripartito, aquella de la visita a Perpiñán llevando a cuestas la presidencia de la Generalitat, no ha dejado pasar tres días seguidos sin cachondearse de ideas o símbolos que los españoles tenemos conservados en lugares de amor o de respeto profundos. O sea, para decirlo con la voz del pueblo, el bufón no ha cesado de tocarnos las narices, que igual podría decir los cataplines, los bemoles, los compañones o las arracadas. Seguramente, en esa actitud hay un componente de torpeza y alocamiento, pero también hay una parte de provocación adrede, un deseo de desdeñar y zaherir aquello que otros respetan o adoran. Las bufonadas que ha montado en su viaje a Israel no merecerían el comentario de una sola línea si no supusieran desprecio y burla, por un lado a la bandera de España, y por otro a un símbolo de la pasión de Cristo. El bufón ha logrado asombrar a sus anfitriones al abandonar un acto porque no estaba allí la bandera catalana y sí la española. Para este pelagatos, la bandera catalana no es una bandera española. Más adelante consiguió que el embajador de España retirara la bandera española de otro acto para que este mamacallos permaneciera allí. Joder, con el embajador. Y todo ello bajo las carcajadas de Maragall, que ya estaría con la trompa jerosimilitana. Y bajo las risotadas del séquito con viaje pagado con la contribución de los laboriosos catalanes. Y toda esta desgracia la compensa el bufón con media docena de votos indignos, que manchan y envilecen a quien de ellos se aprovecha.