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ABC DOMINGO 22 5 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO LA PISCINA Nadie puede creerse la ecuación paz por presos ETA y su mundo no se van a conformar con una derrota honorable. Por eso han emitido señales de que hay agua en la piscina, porque saben que la hay para ellos. Hay un gobierno débil, apoyado sobre minorías que están dispuestas a pagar el precio Yo no sé muchas cosas, es verdad, pero me han dormido con todos los cuentos (León Felipe) var su capacidad coactiva, el cobro del impuesto, la amenaza soterrada y silenciosa. Amén de los incontrolados, de los disidentes, de los fraccionales, que en Irlanda provocaron la masacre de Omagh. Y tendríamos, por último, unas víctimas desamparadas, abandonadas, condenadas a un sentimiento de traición. Probablemente la sociedad española les diese la espalda de algún modo, obligándoles a pagar el segundo gran sacrificio: no molesten ustedes, sentimos su tragedia pero ahora se tienen que volver a sacrificar por el bien común. Recibirían homenajes, dinero, palmadas. Pero su papel de sostén moral de la dignidad democrática quedaría disuelto y relegado a una especie de excombatientes que poco a poco perderían- -si no lo están perdiendo ya- -su encaje en la sociedad civil de una España olvidadiza y pragmática. Éste es el horizonte más positivo del proceso que acaba de emprender el Gobierno, si no acaba, lo más probable, en un frustrante desengaño que dejaría a Zapatero tocado y, lo que es mucho peor, a ETA rediviva. Se dirá que no es poco, sobre todo para quienes sufren en sus carnes la presión del terror, de las bombas, de la falta de libertad. Y no lo es. Pero no vale engañarse: para llegar hasta ahí hay que pagar un precio político, con todo lo que eso significa, y significa nada menos que ofrecerle la negociación de igual a igual a un enemigo que iba perdiendo. Nadie puede creerse la ecuación paz por presos ETA y su mundo no se van a conformar con una derrota honorable. Por eso han emitido señales de que hay agua en la piscina, porque saben que la hay para ellos. Hay un gobierno débil, apoyado sobre minorías que están dispuestas a pagar el precio, como demostró Carod en su entrevista sinies- V ALE, pongamos que sale bien. Aceptemos para el análisis la hipótesis de que Zapatero saca adelante esa oportunidad de paz que no mencionó en su programa electoral. Que el diálogo con Batasuna y ETA lleva a alguna parte. Que hay agua en la piscina como dicen en el entorno de La Moncloa. Que al otro lado de ese muro de silencio y sangre que es el mundo del terrorismo existe voluntad real de encontrar una salida al conflicto Vamos a situarnos por un momento en el optimismo antropológico del presidente. Sale bien. ¿Y qué tendríamos al final del proceso que, con un aventurerismo casi suicida, acaba de emprender el Estado frente a toda la estrategia antiterrorista que venía practicando? Pues tendríamos, más o menos, lo siguiente. TendríamosaBatasunalegalizada denuevo, conése uotro nombre: autorizada para presentarse a las elecciones municipales, con acceso a los ayuntamientos, a las subvenciones, a los fondos públicos de los que se nutrió generosamente hasta su puesta fuera de la ley. Con posibilidad, incluso, de situar algún parlamentario en Madrid. Como Esquerra Republicana, sí, pero con una base social mucho más agresiva, hostigadora, coaccionante. Tendríamos a los presos de ETA en la calle en muchos casos (cabe esperar que no los de delitos de sangre) y en prisiones del País Vasco en los supuestos más graves. Disfrutando de tercer grado, beneficios penitenciarios y una relativa normalidad civil. Tendríamos un nuevo estatuto de autonomía de carácter casi confederal, con la Justicia, la Hacienda, las infraestructuras y todo el gasto en manos del Gobierno de Vitoria. Tendríamos una retirada casi completa de la Guardia Civil y un discreto repliegue de lo que queda de Ejército (ese cuartel de Araca del que gusta presumir el ministro Bono: En cuarenta minutos los tengo en San Sebastián Y tendríamos un escenario político con mayoría secesionista- -PNV, Eusko Alkartasuna, Aralar, Batasuna- -en clara progresión, siempre al borde de la vía checoslovaca, de la independencia de terciopelo. No tendríamos muertos, eso sí. No es poco, desde luego. Habría un alivio claro en la sociedad vasca. Ya lo hubo en la tregua del 98: se abrieron comercios, restaurantes, negocios nuevos, y la economía creció sensiblemente en todos los parámetros, como reflejan los anuarios de renta. Un alivio indudable, pero relativo: sabemos, por la experiencia irlandesa- -siete años desde Stormont, y el IRA sigue sin entregar las armas- -que el desarme terrorista es un proceso lento e incierto. ETA puede perDíez Usabiaga, Olarra y Otegi al frente de una manifestación en San Sebastián, en una imagen de archivo fectamente dejar de matar y conser- tra de Perpiñán, y que se sienten a cambio beneficiarias de un nuevo modelo de Estado. Y ETA y su mundo lo saben. Lo sabe Rafael Díez Usabiaga, el inteligente cerebro batasuno que diseñó la operación de Lizarra con el PNV, que urdió la estrategia de la segunda marca de EHAK, que alumbró la vía de la doble mesa de Anoeta y que ahora trata de firmar el Lizarra II con el Gobierno de España. Lo sabe Josu Ternera, que no en vano fue el interlocutor de Carod en Perpiñán y que ahora, enfermo y acorralado, quizá busque una salida que le proporcione beneficios cuando más cerca estaba de la derrota. Y lo sabe Otegi, el vocero que acaba de quedarse, al perder su aforamiento de diputado, a merced de cualquier juez de instrucción dispuesto a empapelarlo a la primera querella. Porque lo que de ninguna manera se puede obviar es cómo estaba de llena la otra piscina, la del Pacto Antiterrorista, antes de que Zapatero se dispusiera a escuchar los cantos de sirena que venían del fondo de ETA. El terrorismo estaba- -está aún- -infiltrado, agujereado, exhausto. Hoy por hoy, casi no queda un batasuno que pueda hablar por teléfono sin que se entere el Estado. En las cárceles, el tiempo se hacía largo para los presos, alejados de sus familias y de un horizonte de redención de penas que achicaron hasta el límite las reformas legales del Gobierno Aznar, con el apoyo del PSOE. Batasuna estabafuera de la ley, incapaz de resistir otras elecciones sin el oxígeno de los fondos institucionales. El entorno callejero se había casi disuelto, la kale borroka era un mal recuerdo y el Plan Ibarretxe había encallado ante la firmeza del Congreso. ETA podía, aún puede, matar. Sí. Pero sus propios dirigentes admiten que después del 11 de marzo, matar se ha puesto muy caro en costes políticos, y saben que hay ciertas cosas que la sociedad ya no entiende, ni siquiera su espesa y pervertida sociedad de apoyo. Hay agua en la piscina, es cierto. Pero también la había en la piscina del Pacto Antiterrorista, que estaba bastante más llena que ésta del diálogo, donde es evidente que los terroristas están en la parte con fondo más profundo mientras Zapatero se tiene que lanzar de cabeza allá donde, aunque el agua llegue al borde, existe riesgo de romperse la crisma. Y puede haber pirañas. Por eso no se acaba de entender este empeño arriesgado que podría dar por tierra con lo hecho sin levantar nada mejor. Quizá la confianza del presidente se deba a que atisba que lo que está llenando de veras la pileta es el pragmatismo de una sociedad acomodaticia, contemporizadora y moralmente erosionada. Y que, como en el verso inmortal de León Felipe, los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos... director abc. es TELEPRESS