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102 Los sábados de ABC SÁBADO 21 5 2005 ABC ARTE Y NATURALEZA EL GUINDO MÓNICA F. ACEYTUNO GIOVANNI MACARRA o puedo ni quiero dejar de escribir de lo que vi anoche o anteanoche, quiero decir, del estreno el jueves en La Coruña de Don Giovanni con escenografía y vestuario de Ágatha Ruiz de la Prada. Al tratarse de una diseñadora tan singular, ya sabía el público a qué atenerse, así que nadie se sorprendió cuando apareció Leporello con un mono rojo, o doña Elvira con un vestido verde y un corazón en el pecho, o don Giovanni con una camisa naranja y una corbata verde y un calzoncillo morado, porque este don Giovanni, que ya salió en calzoncillos, resultó no sólo un poco macarra, sino algo obsceno y exhibicionista, con el que la inocencia de Ágatha Ruiz de la Prada, con sus corazones y sus margaritas y sus nubes, no pudo. Una vez que los ojos se acostumbraron, todo resultó consuetudinario, el color y los diseños, como si hubiéramos estado viviendo hasta entonces en una cueva, que incluso los de protección civil resultaban sosos y poco llamativos, sentados en el pasillo, con sus chalecos reflectantes. Todo tenía un cierto aire festivo, alegre, desenfadado y divertido, que son adjetivos que la moda utiliza tal vez con exceso, pero se puso a cantar doña Ana, Elisaveta Martirosyan, con una voz que apagó las luces y los tonos estridentes mientras juraba, dulcemente, venganza... proteja el justo cielo el celo de mi corazón, proteja el justo cielo mi traicionado amor Y la sala, al fin, aplaudió. No estoy segura de si además de su corazón, tendría que proteger el justo cielo a la ópera de la moda. Por un momento, me recordó la ocasión a aquella mala costumbre de cerrrar los museos de ciencias para los desfiles. De alguna forma, ésta ha sido una oportunidad desaprovechada porque no se vio una escenografía creada para Don Giovanni, sino un Don Giovanni presentando una colección, unos diseños. Se podría asegurar que hubo más sentido comercial que arte. Pero, bueno, ya lo dice mi hijo pequeño, mamá, desengáñate, todo gira alrededor del dinero Al final, aplausos, muchos aplausos, merecidos desde luego. Fue una pena que Ágatha Ruiz de la Prada, capaz sin duda de ofrecernos algo mejor, no se quedara en su asiento porque, al salir, continuaron los aplausos, algunos muy calurosos, pero también sonaron pitos, más chillones que los colores del escenario, mientras una cierta distancia, fría y provincial, recorría la sala. N (Viene de página anterior) pétalos de 30 centímetros de espesor para seducirle, aunque también eran famosos los baños de pétalos, con que se regalaba la reina egipcia para recibir a sus amantes lo que, según añaden, le proporcionaba las mejores energías. En otro sentido, Anacreonte, el poeta griego, recomendaba las excelencias del bálsamo de rosas para las penas del corazón, mientras que los alquimistas del XVII utilizaban sus pétalos para dolores de muelas, de cabeza u ojos. Se definen como rosaledas- -sigue contando la paisajista- -los jardines de rosas que pueden ser más o menos ordenados o con más o menos elementos, según las modas. Aunque el ejemplo característico de rosaleda es la de Bagatelle en París, se deben de tener en cuenta las del Parque del Oeste, del Botánico, del Retiro, la de Alcalá, en Madrid, y Montjuitch en Barcelona La Rosaleda de Bagatelle en París, resultado de una apuesta entre María Antonieta y el conde de Artois, es un ejemplo de rosaleda formal, pero también por tener el mejor concurso de rosas El secreto de Felipe II El austero Rey Felipe II tenía en El Escorial un especialista francés para destilar el agua de rosas procedentes de los miles de rosales de los jardines del monasterio. El aceite es de lo más caro, pues hacen falta 60.000 rosas para hacer 30 gramos. de aceite esencial. Actualmente, la recolección de las rosas perfumadas se hace en Marruecos al amanecer, antes de que el sol caliente, ya que las esencias se evaporan con el calor. Un buen recolector recoge de 30 a 40 kilos de pétalos por día, lo que producirá unos 200 gramos de esencia. Direcciones de internet: www. infojardín. net (Hay un grupo de chat dedicado a rosas) www. botanical- online. com (Rosas medicinales... Libros de consulta: Los mejores son The Heritage of the Rose -David Austin, 1998- Classic Roses -Peter Beales, 1985- y The Roses -de P. J. Redouté (Ed. Taschen) un clásico, con las láminas pintadas para la emperatriz Josefina Opiniones de una rosalista Dice Blanca de Rueda, que, de la rosa, menos el sonido que de momento no conoce, le gusta todo. Se queja, como todas las jardineras, de este año tan malo, que si el frío, que si el viento, que si las palomas, los perros o ¡qué sé yo pero para los simples admiradores de las flores, el suyo es un jardín con mil rincones secretos, hasta con ranas cantando a pleno sol. Blanca tiene desde hace poco tiempo, -15 años para un jardín no son nada- una de las colecciones de rosas más atractivas de Madrid. Tengo unas 300 variedades en mi casa, pero cultivar un jardín es una cura de humildad, y, sobre todo, una oportunidad de aprender lo que no debes de hacer Ella dice que para iniciar una rosaleda se debe de empezar a lo grande pero introduciendo alguna variedad agradecida que estimule, como la Queen Elisabeth, por ejemplo. También es conveniente acordarse de que las plantas necesitan, como las personas, agua, comida y, a veces, medicinas. Si no les gusta su ubicación, son capaces de moverse de sitio. pero para que el rosal se dé bien, hay primero que Blanca de Rueda una gran jardinera y cultivadora de rosas comprar variedades resistentes y que den abundantes floraciones. Antes de plantarlos hay que tener en cuenta: -No plantar nunca un rosal donde haya estado plantado otro durante más de 6 ó 7 años, pues la tierra se cansa. -Se necesita mucho sol para que florezca y estar resguardado del viento- -Los rosales precisan un buen drenaje. Esto es: que el suelo no retenga agua en exceso, o que no se le riegue demasiado, pues el exceso de agua provoca que se mueran por asfixia y que se pudran. -El rosal no es exigente con el suelo, pero requiere un mínimo de nutrientes. Margaret Merryll (arriba) es una variedad de flor blanca muy olorosa, y la Rosa Celsiana, que aparece trepando por la fuente, es una de las preferidas de Blanca de Rueda