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ABC SÁBADO 21 5 2005 Sociedad 55 Religión Los dos fieles secretarios de Juan Pablo II continuarán al servicio de Benedicto XVI Don Stanislao será arzobispo de Cracovia pero Mietek se quedará con Ratzinger en Roma b El principal colaborador de Juan Pablo II deposita ahora en Benedicto XVI la experiencia adquirida durante sus 26 años junto al anterior Pontífice JUAN VICENTE BOO. CORRESPONSAL ROMA. La familia de Juan Pablo II continúa en Roma y unida. Ya no viven en el Vaticano sino en la Casa de los Peregrinos Polacos, pero siguen realizando el mismo trabajo que antes: servir al Papa. Los dos secretarios, don Stanislao y Mietek trabajan con Benedicto XVI, ayudándole en la transición. Las cinco religiosas, dirigidas por sor Tobiana, siguen al servicio de Juan Pablo II, ocupándose de su correspondencia y de su legado en el Centro de Documentación del Pontificado. Llevan todavía en el rostro las cicatrices de la agonía y muerte de Karol Wojtyla. El sentimiento de orfandad es muy fuerte, y aunque el trabajo ayuda a superar el trauma, el vacío que deja Juan Pablo II es tan gigantesco como su figura. El golpe ha sido especialmente duro para don Stanislao, que llevaba 40 años viviendo hora a hora con Karol Wojtyla, y también para sor Tobiana, que le acompañaba desde hace más de treinta como su gobernanta, su enfermera y casi como su hermana. El rumor de la brisa en los pinos es la principal novedad en la vida del arzobispo Stanislaw Dziwisz, conocido en el Vaticano como don Stanislao y a quien Juan Pablo II llamaba por su diminutivo Staszek Don Stanislao sigue trabajando como prefecto adjunto de la Casa Pontificia, y vive en la Casa de los Peregrinos Polacos. La Dom Polski Jana Pawla II es un oasis de tranquilidad, lleno de recuerdos del Papa en los miles de regalos recibidos de Polonia durante un cuarto de siglo y que constituyen su patrimonio. Se conserva desde la imagen de la Virgen de Chestokowa que estaba en la Plaza de San Pedro el 13 de mayo de 1981 y se convirtió en improvisado altar después del atentado, hasta el casco de bombero de Stanley Trojanowski, capellán del Departamento de Bomberos de Nueva York, fallecido el 11 de septiembre de 2001 por el desplome de las Torres Gemelas cuando administraba la unción de enfermos. Benedicto XVI en una imagen junto a Stanislaw Dziwisz, más conocido como don Stanislao mo secretario de Karol Wojtyla, don Stanislao está realizando un trabajo de extraordinario valor para Benedicto XVI: informarle de cada asunto delicado y poner en manos del nuevo Papa la experiencia adquirida en los 26 años del largo Pontificado de Juan Pablo II. En los últimos años, don Stanislao era su principal colaborador, un auténtico guardia de circulación de los asuntos y las personas que llegaban al Pontífice, y un consejero tan discreto como valioso. Durante un cuarto de siglo, ha asistido a las reuniones y ha sido quien llevaba la voz cantante en los almuerzos: quien dirigía con mano experta las preguntas a los obispos, intelectuales o políticos invitados a la mesa del Papa, permitiendo a Juan Pablo II concentrarse en escuchar y en hacer los comentarios precisos para encauzar los asuntos sin tener que interrogar a sus invitados. Su memoria de hierro está ahora al servicio de Benedicto XVI quien, después de Staszek era la persona que llevaba más tiempo trabajando mano a mano con Juan Pablo II: nada menos que 23 años como prefecto de la Congregación para EPA Nuevos aires para la familia huérfana de Wojtyla El aire puro y la tranquilidad de la Dom Polski ayudarán a las cinco religiosas Siervas del Sagrado Corazón de Jesús a rehacerse del fallecimiento de la persona a la que dedicaban toda su jornada. La hermana Tobiana, una mujer de mirada dulce, licenciada en medicina, ha sido la enfermera de Juan Pablo II durante toda una vida hasta las últimas horas. Germana se encargaba de la cocina: en el Vaticano, en Castelgandolfo o en el policlínico Gemelli, que era también para ellas una segunda casa a lo largo de siete hospitalizaciones del Pontífice. Fernanda era responsable de la despensa- -para un río continuo de invitados- -y Matylda de la ropa, mientras Eufrosyna se encargaba de la correspondencia privada del Papa. Las cinco religiosas se dedican ahora a poner en orden millares de prendas y objetos personales trasladados del Vaticano. Algunas reliquias de Juan Pablo II, como sotanas blancas y ornamentos litúrgicos, están ya en catedrales que las han pedido o en la sede de instituciones de la Iglesia que las conservarán como tesoros. Hay también mucha correspondencia pendiente de contestar, por lo que el trabajo de la familia de Karol Wojtyla se prolongará durante varios meses. Reliquia viviente de Juan Pablo II Don Stanislao tiene que recuperar fuerzas para la misión que le espera en otoño: sustituir al cardenal Franciszek Macharski, de 78 años, como arzobispo de Cracovia, y convertirse en la reliquia viviente de Juan Pablo II para sus compatriotas polacos. Antes de regresar a aquella residencia episcopal en la que entró por primera vez en 1966 co- la Doctrina de la Fe. Estas circunstancias aseguran una transición perfecta. A diferencia de don Stanislao, que carecía de experiencia de la Curia romana cuando Wojtyla fue elegido Papa en 1978, el secretario personal de Benedicto XVI tiene la ventaja de conocer la maquinaria vaticana desde dentro, pues lleva siete años en puestos claves. Georg Gaenswein es un teólogo con aspecto deportivo (fue instructor de esquí y se mantiene en perfecta forma jugando al tenis) Tiene madera para jugar un papel muy importante en la Iglesia, y don Stanislao le está enseñando el oficio de alter ego del Papa. En los últimos años de su vida, Juan Pablo II incorporó un segundo secretario, el joven sacerdote Mieczyslaw Mokrzycki, conocido por su diminutivo Mietek que estaba siempre a un paso de distancia para ayudarle en todo momento. Con el cambio de Papa, Mietek se trasladó a la iglesia de los polacos en Roma, pensando en volver a Lviv, donde era ayudante del cardenal Marian Jaworski antes de venir prestado a la Casa Pontificia. Sin embargo, Mietek acaba de volver al Vaticano, justo al mismo puesto que ocupaba hasta el pasado 2 de abril. Benedicto XVI, que le ha visto entregarse sin medida al servicio de Karol Wojtyla, le ha pedido que continúe en esa tarea. El nuevo Pontificado está alcanzando la velocidad de crucero en menos tiempo del que nadie podía imaginarse. Joseph Ratzinger sabe perfectamente quién es cada uno en el Vaticano, y está reteniendo a los mejores.