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ABC SÁBADO 21 5 2005 Madrid 39 MADRID, UNA CIUDAD DESMEMORIADA CARLOS SECO SERRANO de la Real Academia de la Historia IEMPRE que paso por la céntrica calle de Blanca de Navarra- -vecina a la antigua Presidencia del Gobierno y a la que en tiempos fue Dirección General de Marruecos y Colonias- detengo la mirada en su número 4, un sólido edificio ochocentista, en cuyo piso principal tuvo su hogar durante muchos años- -aunque no lo registre lápida ni inscripción alguna- don Segismundo Moret Prendergast, destacada personalidad en la política española de entresiglos (del XIX al XX) Don Segismundo, -uno de los delfines de Sagasta cuando éste alternaba en el Poder con Cánovas según los civilizados términos del llamado Pacto de El Pardo -heredó luego, a la muerte de don Práxedes y en rivalidad con Montero Ríos, la jefatura del Partido liberal. En este edificio- -Blanca de Navarra, 4- -y en jornadas agobiantes de trabajo, Moret, que asumía el Ministerio de Ultramar en el penúltimo Gobierno Sagasta, redactó el generoso Estatuto de Autonomía para Cuba y Puerto Rico, en el que don Práxedes y él cifraban la solución pacífica del problema abierto por la secesión antillana, problema que venía debatiéndose en una guerra asoladora desde 1895. Moret- -dada su filiación y formación inglesas- -tenía por modelo y punto de referencia la Comommwealth británica, que había permitido la perduración del Imperio en términos de igualdad solidaria, con un éxito evidenciado en Canadá. Pero el estatuto de Moret, si bien asumido por Puerto Rico, fracasó en Cuba, en la que tenía puestos sus objetivos el imperialismo norteamericano, bajo la célebre consigna: América para los americanos (del Norte) para qué recordar la trampa del Maine y todo lo que vino después. Salvo que, precisamente porque, concedida la autonomía por España, los Estados Unidos no tenían más alternativa- -dejando atrás sus fracasados intentos de S compra- -que apelar a la libertad (la independencia) de la isla, ésta logró, en efecto, su emancipación: -pronto condicionada, eso sí, por la enmienda Platt Como es sabido, el Partido liberal, tras la firma del tratado de París, estuvo alejado del Poder algunos años: volvería a él en 1902, y en ese mismo año- -tras proclamar la mayoría de edad de Alfonso XIII- -falleció el viejo pastor como sus fieles llamaban a Sagasta. Moret se convirtió entonces, en rivalidad con Montero Ríos, como hemos advertido, en jefe del Partido liberal. Fue entonces cuando su morada- -ésta de la calle Blanca de Navarra- vino a ser uno de los centros decisivos en torno a los que giraba la política regeneracionista A ella acudía (estuviese Moret al frente del Gobierno o en la oposición) diariamente, en una visita matutina y otra vespertina, el historiador Natalio Rivas, el más ferviente admirador de don Segismundo, y al que se miraba entonces como el futuro cronista de aquel tiempo- -en la Real Academia de la Historia, se conservan sus interesantísimas memorias (diarios, en realidad) que la ilustre corporación se propone publicar, ya que constituyen una de las fuentes directas más valiosas del reinado de Alfonso XIII. Pues bien, ese edificio de la calle Blanca de Navarra está ya condenado a muerte. Desde hace algún tiempo, un cartel fijado en la balconada central nos anuncia que en breve se construirá en un solar un edificio- Histórico edificio en la calle de Blanca de Navarra, 4 hospedaje de apartamentos turísticos. Una vez más, se cumplirá en este caso la lamentable tradición madrileña de eliminar todos los recuerdos- -o testimonios- -que, como capital del Estado, ha ido dejando en la coronada villa la historia de los últimos siglos. Pienso en Cánovas, que vivió en diversos edificios de Madrid- -y por último en la famosa huerta donde hoy se eleva la embajada norteamericana- no queda en pie ninguno; pienso las moradas de Maura, de Santiago Alba, de Alcalá Zamora... Y me pregunto: ¿por qué, en lugar de destruir, no se restaura y conserva lo que de hecho forma parte de nuestro patrimonio histórico? No demasiado lejos de la calle Blanca de Navarra, se alza una de las iglesias más bellas de Madrid: la de la Visitación- -o Santa Bárbara- anexa a lo que fue monasterio de las Salesas Reales- -hoy Tribunal Supremo- -espléndida fundación de la Reina Bárbara de Braganza: de ella ha podido decirse que parece fijar un compromiso estético, mediante una fórmula equilibrada de sello muy francés, que anuncia ya el estilo de Ventura Rodríguez. Pues bien, la iglesia de las Salesas necesita una restauración- -o al menos, una limpieza urgente, que la preserve de las injurias del tiempo. JULIÁN DE DOMINGO Y me pregunto: ¿por qué, en lugar de destruir, no se restaura y conserva lo que de hecho forma parte de nuestro patrimonio histórico? En el espléndido mausoleo de Fernando VI, que es una de sus joyas, se han ido cayendo ya algunas letras de la conmovedora dedicatoria- -en términos latinos- -del hermano y sucesor de aquel bondadoso monarca Hic iacet huius coenobii Conditor Ferdinandus VI. Hispaniarum Rex, optimus principis qui sine liberis at numerosa virtutum sobole pater patriae obiit IV id. aug. anno Pronto ni siquiera constará a quién está consagrado este espléndido monumento, porque se habrán caído todas las letras. Señor Alcalde: ¿no podría dejar para mejor ocasión su proyecto de alzar una extraña columna cristalina en la plaza de Felipe II ¿o es en la de Castilla? y dedicar al menos parte del dineral que sin duda, va a costar, a la restauración de este maravilloso legado de nuestro siglo XVIII? ¿No podría anular, de paso, la sentencia de muerte de la casa número 4 de la calle Blanca de Navarra, y exornarla con una lápida que recuerde lo que la hace monumento histórico? Se lo agradeceríamos los pocos que en este país- -o en esta ciudad- -conservamos aún sensibilidad y conciencia abiertas a nuestro pasado, próximo o lejano.