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14 Nacional PRIMER ANIVERSARIO DEL REPLIEGUE DE LAS TROPAS ESPAÑOLAS SÁBADO 21 5 2005 ABC UNA OPERACIÓN DE ALTO RIESGO No fue una salida fácil, el peligro era extremo y mientras aquí se discutía sobre la retirada de Irak, los militares españoles luchaban cuerpo a cuerpo con los insurgentes. Esta es la historia de la operación militar más complicada de la reciente historia de nuestro Ejército El acoso iraquí amenazó el repliegue español hasta el último momento LAURA L. CARO MADRID. Dice el teniente coronel José Luis Puig: Fue una operación militar complicadísima, de alto riesgo y que se hizo bajo hostigamiento... un hostigamiento mayor del que trascendió. En la Base España de Diwaniya el Ejército de Mahdi nos atacaba la mitad de los días, pero en Nayaf nos tiraban granadas de mortero el 90 por ciento de los días, hasta desde el hospital que estaba al lado... A las cuatro y tres minutos de la tarde hora local, una hora menos en la Península, el último vehículo del último convoy que sacó a los soldados españoles de Irak cruzaba hoy hace un año la frontera de Kuwait por el paso de Al Abdaly. Se ejecutaba así la orden dada por el presidente del Gobierno 38 días antes: replegarse de Irak en el menor tiempo posible y siempre con las máximas garantías de seguridad para el contingente. La orden se cumplió con disciplina militar, seis días antes de la fecha prevista, y sin ninguna baja. Pero también en medio de una pesadilla de agresiones que en una ocasión obligó incluso a reclamar un avión de combate de Estados Unidos. El avión salió de Bagdad para ayudar a las tropas españolas a repeler una ataque insurgente contra el cuartel de Diwaniya, aunque su participación al final no fue necesaria y pudo darse la vuelta antes de llegar. Hubo mucha suerte dentro de Base España. Lo cuenta con la perspectiva del tiempo y el permiso del Ministerio de Defensa para decir lo que entonces era absoluto secreto, el oficial de infor- mación de la unidad que desarrolló el repliegue, el teniente coronel José Luis Puig. Advierte que si España salió del avispero con éxito fue gracias al acierto de elegir para la tarea a una unidad que ya había trabajado en Bosnia y en Kosovo, donde se hizo cargo de la difícil misión de dar seguridad al primer reasentamiento serbio. Y siempre bajo el mando del mismo general que dirigió la operación en Irak, José Muñoz. Sólo la experiencia común acumulada en otras zonas de conflicto, y la cohesión, hicieron posible la retirada. Así, En una ocasión se pidió la ayuda de la aviación de EE. UU. para repeler un ataque contra el cuartel de Diwaniya La misión fue un éxito porque se eligió una unidad que ya había trabajado en Bosnia y en Kosovo Durante las semanas previas al repliegue cayeron más de 300 proyectiles en las bases españolas los casi 1.200 hombres y mujeres de esa unidad entraron en la zona, custodiaron la salida de otro millar de soldados pertencientes a la Brigada Plus Ultra II que habían cumplido su misión, y salieron del territorio. Todos pudieron abandonar Irak con toneladas de material sin que hubiera una víctima. Y manteniendo entretanto, casi hasta el último momento, la misma misión de seguridad para la población. Es decir, siguieron las patrullas diurnas y nocturas que los soldados habían realizado en su área de responsabilidad durante nueve meses y veintiún días. Sólo la cohesión, insiste Puig, valió a la hora de hacer frente al ataque más crítico que sufrió la operación, el 20 de mayo. Ese ataque estuvo a punto de comprometer la salida por carretera del convoy final de 110 vehículos, que consumaría el repliegue. Eran en torno a las diez de la mañana cuando una compañía de BMR del Grupo Táctico de la X Bandera de la Legión, que escoltaba una unidad logística que volvía de Kuwait, se enfrentó a una emboscada guerrillera a la altura de la aldea de Hamza Al Sharqi, 30 kilómetros al sur de Diwaniya. Se trata de la misma aldea donde en enero fue asesinado de un tiro en la frente la última víctima española en Irak, el comandante de la Guardia Civil Gonzalo Pérez. Y tras los fusiles de asalto y los lanzagranadas iraquíes, estaban los mismos pistoleros que los días 25 y 26 de abril asaltaron a balazos al escuadrón de caballería español al mando del teniente Roberto, dando lu- EL ESTIGMA ALFONSO ROJO l 30 de julio de 2003, siendo Aznar presidente del Gobierno, el general Alfredo Cardona y otros 143 militares llegaron a Diwaniya a la caída del sol y establecieron en una destartalada guarnición del derrotado Ejército de Sadam Husein el cuartel general de la Brigada Plus Ultra. El 21 de mayo de 2004, al amanecer, con viento de poniente y cumpliendo órdenes del presidente Zapatero, los últimos 600 militares españoles abandonaron Diwaniya rumbo al sur. Esa misma noche cruzaron sin alharacas la frontera que separa Irak de Kuwait y pocas horas después emprendieron vuelo hacia España. Así E concluyó, la misión más ambiciosa y arriesgada emprendida por las Fuerzas Armadas españolas en las últimas décadas. Una operación que se prolongó durante 295 días y en la que participaron más de 2.600 soldados. Los militares españoles dejaron detrás muchos recuerdos, toneladas de munición, decenas de miles de horas de trabajo con la población local y varios muertos. Entre ellos, el comandante de la Guardia Civil Gonzalo Pérez García, tiroteado durante una operación policial en la peligrosa Hamza, el sargento del Ejército de Tierra Luis Puga Gandar, víctima de un disparo fortuito efectuado por un compañero y siete agentes del Centro Nacional de Inteligencia (CNI) que suministraban información vital a las unidades y perdieron la vida en una abominable emboscada, tendida por partidarios de Sadam en La- tifiya, a 30 kilómetros en Bagdad. Estaba en aquellos días en Irak y no fui testigo de las burlas que, al parecer, hicieron a los militares españoles en retirada, algunos de los miembros de los destacamentos internacionales con los que durante casi diez meses compartieron todo, hasta el peligro de muerte. Tampoco escuché de labios de los militares españoles queja alguna. Los hombres de armas hablan mucho entre ellos. Pero no son proclives a hacer confidencias a los periodistas. A pesar de eso, justo cuando se cumple un año de la retirada y aplacados los ánimos que encrespó la guerra, tengo la firme convición de que la orden de retirada fue una decisión precipitada. Da igual lo que digan las encuestas. La realidad es que se estigmatizó a nuestras tropas con el sello de no fiable Y por muchos años. gar a una serie de combates en los que fueron abatidos una docena de insurgentes. Aquel 20 de mayo en que el sargento primero de la Legión Francisco Javier Cubero resultó herido de metralla en una pierna, se libró batalla con las armas de los blindados hasta desarticular la célula. No hubo muertos, pero sí prisioneros, y el hallazgo de un zulo hasta los topes de artillería de guerra, y con explosivos suficientes como para volar un tren. O un convoy. Si ese ataque se hubiera producido el día de la salida, la hubiera desbaratado confiesa el teniente coronel. Puig aprovecha para dar por demostrado con este episodio lo que él mismo invocó mil veces a la hora de dosificar cada información sobre los planes del repliegue: que el enemigo siempre estuvo al acecho, pendiente de cada movimiento. Que cada indicio, cada mínimo dato sobre plazos, sobre procedimiento, sobre planes que se publicaban en España, podía llegar a manos de los terroristas y marcar un calendario de emboscadas para no fallar. Estuvieron muy cerca, a menos de 24 horas, de acertar. Primeros ataques Las acciones de acoso que amenazaron la retirada se habían desatado antes de la orden de Zapatero, el 3 de abril, cuando en la ciudad de Nayaf fue capturado un estrecho colaborador del líder radical Moqtada Al- Sadr. Esa captura fue insistentemente atribuida por los rebeldes a las tropas españolas, a pesar de los desmentidos. Entre esa fecha y