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6 Opinión SÁBADO 21 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA ÍÑIGO MORENO DE ARTEAGA MARQUÉS DE LAULA ROBERT BANKS Y CAROD- ROVIRA N tal Banksy, al que la Prensa del Reino Unido identifica como Robert Banks, de treinta años de edad y residente en Bristol, se ha convertido, tras encaramarse en un pedestal de audacia, en uno de los grandes críticos de arte de nuestro tiempo. Es un intruso que, por contraste, pone en evidencia la pedantería oficial con que tiende a envolverse la cultura establecida y pastoreada. Después de actuar en el Metropolitan y en el MoMA, donde ya había colgado subrepticiamente otras provocaciones para escándalo de sus mantenedores y regocijo del público, el joven inglés ha mantenido durante días, en las paredes del Museo Británico, una caricatura sarcástica de M. MARTÍN los descubrimientos arFERRAND queológicos: una piedra en la que un troglodita se mostraba en actitud de empujar un carrito de supermercado. Ha sido el propio Banksy quien ha descubierto la superchería y ahí, principalmente, reside la gracia del asunto. El creador cavernícola además de burlar los sistemas de seguridad de los mejores museos del mundo, pone en evidencia a sus conservadores y a los millares de visitantes que recorren las salas mirando, pero sin ver. Josep Lluís Carod- Rovira es, a juzgar por su conducta, la versión política de lo que, en la plástica, significa Robert Banks: una pieza excéntrica que sirve para demostrar los defectos e imperfecciones del sistema, al tiempo que sus propios excesos nos llevan de la diversión a la inquietud. En razón de las imperfecciones y la peculiaridad de nuestra norma electoral, el líder de ERC, tercer partido en el Parlament y mínimamente representativo en el Congreso de los Diputados, se convierte en figura central y decisiva de la vida política catalana en particular y española en general. Sin ERC ni Pasqual Maragall ni José Luis Rodríguez Zapatero serían lo que son. Así, crecido con los frutos de su propia anormalidad, el pintoresco Carod lo mismo se va a Perpiñán a hablar con ETA, como cuando Banksy expone un escarabajo en el Metropolitan, que rompe el protocolo y desluce el homenaje que la Generalitat pretendía, en Israel, en alegórica memoria del asesinado premio Nobel de la Paz, Yitzhak Rabin. El socio de Maragall, naturalmente presente en el acto, se lo deslució del todo enrabietado por la ausencia de una senyera, de una bandera catalana, que a falta de ideas, buenos son los símbolos y los gestos. Las sociedades avanzadas podemos, y debemos, permitirnos el lujo de la existencia de personajes como Banks y Carod. Aquí, concretamente, con cargo al Presupuesto. Son la expresión cabal de nuestra propia frustración colectiva. El inglés se lleva el descubrimiento del carrito de la compra, un artilugio inventado en los EE. UU. hace setenta años, a las cavernas y el catalán sale de las del separatismo para instalarse en un patriotismo tan falso como mal educado. Mucho más divertido que los monos en el zoo. ¿REY O U REINA? El autor cuestiona la pertinencia de modificar el precepto constitucional que establece las normas sucesorias a la Corona y se pregunta por qué hay que eliminar la prevalencia de un sexo sobre otro y no la del primogénito sobre sus hermanos ÚN no se han apagado los ecos de las celebraciones por los 25 años de la Constitución española y ya se habla de mudarla, apenas se han recogido las vajillas del ágape para las Bodas de Plata y empieza a no gustarnos la novia. Si no respetamos más a los contrayentes, difícil será llegar a las de Oro. Parecía que ésta del 78 llenaba todas las esperanzas hasta erigirse en paradigma de ley suprema, de tal modo que era constante, en el lenguaje de políticos y periodistas, la referencia preconstitucional al tiempo anterior a ella, como si no hubiera existido ninguna otra desde 1812 hasta la fecha. Sic transit gloria mundi. Entre los varios afeites y retoques que se proponen hay uno en el que se producen raras coincidencias y una aceptación general. Este hecho, en un país en el que cada ciudadano es un senador dentro de su círculo de amigos y un seleccionador deportivo en la barra de su bar, resulta notable por la uniformidad en el asentimiento y la falta de discrepancia. Se trata de la Jefatura del Estado, ni más ni menos que de la figura del Rey. Se habla de modificar la sucesión en la Corona y nadie chista. En el artículo 57 se establece que La sucesión en el trono seguirá el orden regular de primogenitura y representación, siendo preferida siempre la línea anterior a las posteriores; en la misma línea, el grado más próximo al más remoto; en el mismo grado, el varón a la mujer, y en el mismo sexo, la persona de más edad a la de menos A Pues bien, al parecer resulta insoportable la preferencia en el mismo grado del varón sobre la mujer. ¡Es discriminatoria! Y sin mayor análisis se rechaza a caballo del vocablo de moda. Así que ante el intocable dogma de la igualdad, hay que acabar con discriminaciones vejatorias. Pero antes de entrar como elefantes en cacharrería sería oportuno un poco de sosiego y otro tanto de reflexión. Conviene recordar que la institución monárquica, como toda Jefatura del Estado es, de por sí, discriminatoria y en mayor medida que la de la mujer frente al varón... exactamente en la proporción de 1 contra 40 millones, que en cifras resulta todavía más espectacular 1 por 40.000.000. La ventaja del sistema monárquico a la cabeza del Estado se basa, en la época y Constitución actual en la que se ha despojado al Rey de toda competencia, en su independencia frente a todos los poderes y grupos de presión que existen en la sociedad. Al menos existe una institución que es inmune a poderes mediáticos, fácticos, económicos, políticos e incluso gubernamentales. Además, en un país como el nuestro, tan variado, con tal diversidad de historia y hasta pluralidad de lenguas, es especialmente beneficioso que exista en la cúpula de la nación un elemento unificador y constante, y al mismo tiempo independiente. Esa independencia nace del hecho de que su designación es automática en función de dos factores, la herencia y la historia. Facto- -Dos años sin que ETA haya matado nos confirman nuestra acertada política de firmeza en el mantenimiento de los dedos cruzados.