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ABC SÁBADO 21 5 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS EL ESCUDO DE LA BERNARDA Q GAMBERRADAS ICONOCLASTAS IGUIENDO el ejemplo de aquel Eróstrato de la Antigüedad, que prendió fuego al templo de Artemisa para alcanzar la celebridad, los surrealistas incluyeron en su programa artístico la quema de museos. Pero el destino del surrealismo, como el de tantas vanguardias iconoclastas, no fue otro, a la postre, que amueblar mansurronamente los mismos museos que había proyectado arrasar. De entonces a esta parte, la iconoclasia museística ha adoptado expresiones más irónicas, o siquiera menos tremebundas, que aquélla propugnada por los surrealistas; también más eficaces, por cierto. El último grito en iconoclasia consiste en intervenir los museos, colgando de sus paredes mamarrachos o falsificaciones burdas que pongan a prueba la credulidad del visitante y, de paso, el prestigio de la institución intervenida El artista grafitero Bansky ha logrado exhibir en JUAN MANUEL las paredes del circunspecto British DE PRADA Museum una pintura rupestre apócrifa en la que un hombre de las cavernas empuja un carrito de supermercado. Antes de que su pieza fuera retirada por los responsables del museo, Bansky tuvo tiempo de fotografiarla y mostrarla al mundo; este rasgo de exhibicionismo quizá reste valor a su gamberrada (pues demuestra que al iconoclasta lo guiaba el mismo afán de celebridad que a Eróstrato) pero al menos contribuye a desacralizar el arte, que es la premisa necesaria para remover esa especie de beatería laica que entroniza como obras valiosas tantas maulas y pacotillas. Estas gamberradas iconoclastas, amén de combatir el papanatismo circundante, ejercen sobre quien las perpetra un muy benéfico efecto catártico: siempre es preferible desahogarse interviniendo museos que pegando tiros por las calles, como reclamaba Breton a quienes desearan adherirse al ideario surrealista. Las represiones de la correc- S ción política nos tienen asediados; y un modo muy saludable de infringirlas consiste en burlarse de esos bodriazos que se exponen en galerías exquisitas y museos de ultimísima generación, convertidos ya en timotecas para entretenimiento del rebaño. A fin de cuentas, si el arte contemporáneo ha renunciado a provocar en el espectador las emociones que asociamos a la contemplación de la belleza, sustituyéndolas por un conglomerado de confusas perplejidades y suspicacias (pues uno siempre sospecha, en efecto, que le están tomando el pelo) ¿por qué el espectador no ha de poder entrar en el juego, pagando con el escarnio la burla del artista? Pegar subrepticiamente un moco en alguna de estas pacotillas, utilizarla a guisa de escupidera o felpudo aprovechando la distracción de los vigilantes del museo, pueden ser formas de intervención iconoclasta al alcance de cualquiera, para las que sólo se requiere un poco de morro, mucho menos desde luego que el empleado por el autor de la pacotilla al urdirla. En una visita reciente al Museo Guggenheim de Nueva York- -hay que predicar con el ejemplo- -no logré contener el impulso iconoclasta. Me acometió ante la contemplación de una presunta escultura de poliuretano rosa; desde lejos la confundí con un obelisco, pero la proximidad me reveló que se trataba de una polla erecta, con su entramado de venas a punto de estallar y su glande reventón como un tulipán en plena florescencia. Aprovechando que los vigilantes estaban muy ocupados pastoreando una recua de japoneses despistadillos, abandoné sobre la peana de la presunta escultura una hamburguesa mordisqueada que guardaba en la mariconera; la intervención añadía al conjunto un toque como de felación carnívora. Les juro que, hasta ese momento, nadie había prestado atención a la polla de poliuretano; pero, tras mi intervención los visitantes se detenían curiosos y se hacían los entendidos, buscando en la escultura recónditos y sublimes significados. UIZÁ algún lector despabilado ya se habrá percatado de que he escrito el escudo de la Bernarda por no escribir el coño de la Bernarda que es expresión popular muy famosa, pero ordinaria y grosera, y podría desagradar a alguien hallarla en el título de una columna tan elegante y refinada como la que yo escribo todos los días del Señor. He elegido el sucedáneo más inocente que conozco y que ni siquiera figura en el Diccionario secreto de Cela, donde a coño le salen sinónimos a manta de Dios, ni en el Tocho cheli de Ramoncín, donde se hallan otros muchos, entre ellos almeja, chiribiqui y fandango. Ysin embargo es unsucedáneo culto y poético, con las bendiciones de don Luis de Góngora, el poeta JAIME preferido por Mario VarCAMPMANY gas Llosa y por un servidor, que lo desmenuzaba casi niño de la mano de Dámaso Alonso. El poema donde aparece es corto y pícaro, así que lo copiaré, y va dedicado a un caballero que estando con su dama no pudo cumplir sus deseos, que es cosa que por nadie pase. Con Marfisaen la estacada entraste tan mal guarnido, que aunque fue su escudo hendido, no le traspasó tu espada. ¡Qué mucho, si levantadano se vioen trance tan crudo! ni vuestra inocencia pudo cuatro lágrimas llorar, tan sólo para dejar de orín tomado el escudo Recuerdo que le indiqué a Cela haber echado en falta este eufemismo gongorino en su Diccionario secreto y me respondió con un gesto que yo interpreté inmediatamente como si nos invitara a tomar por retambufa a mí y al mismísimo Góngora. Doy todos estos ambages y circunloquios (repalandorias los llaman en mi tierra) para venir a decir que los desmadrados socios del tripartito, algunos sociatas de su propio partido, otros de la oposición, el respetable en general y hasta los interlocutores etarras están tomando a Rodríguez Zapatero por el escudo de la Bernarda. Los socios del tripartito se le han subido a las barbas y exigen que haga esto y lo otro bajo la amenaza de descabalgarle del Gobierno. Por levante y por poniente, algunas jais y algunos maromos socialistas se desmarcan, le hacen la higa y le dicen tararí que te vi. Rajoy le llama mentiroso y confiesa que no se fía de él. El respetable, en buen número, huye de él en las encuestas de opinión. Y los etarras le dictan lo que tiene que hacer antes de sentarse a hablar, anuncian que lo harán con la pistola encima de la mesa y además le exigen que calle a determinados ministros porque dicen cosas que no son de su agrado. Bueno, pues lo que digo: el escudo de la Bernarda. La última chilindrina del tripartido contra España la ha tirado en Israel el ingenioso Carod al abandonar un acto porque no estaba la bandera catalana y al lograr que retiren de otro la bandera española. Por otra parte, ha sido el tripartito quien ha propuesto en el Senado que se declare obligatoria la presencia de la banderade la Unión Europea en los edificios y actos oficiales. Se conoce que quieren sustituir en Cataluña la bandera española porlaeuropea. Y niPasqual Maragallni Zapatero son capaces de mandarle con sus votos al lugar donde Cela nos envió a Góngora y a mí.