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ABC VIERNES 20 5 2005 Espectáculos 67 Wim Wenders y Sam Shepard se olvidan de París y se concentran en Texas El reencuentro se titula Don t come knocking y se presenta a concurso en Cannes a Shepard, y éste escribe un buen papel para él y otro mejor para su mujer, Jessica Lange. Y todos hacen esta nostálgica película E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. Veintitantos años después de sentarse juntos en la hoguera de Paris, Texas Wim Wenders y Sam Shepard vuelven a hacer una película, y un poco antes, el guión de ella, Don t come knocking (No vuelvas golpeando o noqueando o atropellando) en el que insisten en compartir terrenos emocionales y geográficos, desiertos y estados de animo, moteles y cruces en el camino, pasado hastiado y futuro oscuro... Película con tendencia a la depresión, pero con música y espíritu country al fondo y cervezas frías. Tal vez sea una casualidad, pero tiene tanto que ver con la que hace unos días presentaba aquí Jim Jarmusch, la excelente Broken flowers protagonizada por Bill Murray... En ésta de Wenders es Sam Shepard quien busca a su hijo desconocido, con otro humor que Murray pero con el mismo yunque colgado del cuello. Y más casualidad aún: Jessica Lange era una de las que esperaba a Bill Murray en un recodo de su viaje al pasado, y es también Jessica Lange quien b Wenders le encarga el guión aguarda al personaje que interpreta Shepard (bueno, en realidad, Jessica Lange también esperaría al actor que interpreta al personaje, ese intelectual de asfalto y poeta de granja llamado Sam Shepard con el que se casó) La pretensión nostálgica de esta pareja (Wenders y Shepard) consiste en lograr ese magnífico contraluz de algo muy importante y muy pequeño que se recorta en la línea del horizonte de un enorme paisaje, tan enorme como el Monument Valley... Cuando el desastroso Howard Spence, el personaje que interpreta Shepard, emprende la huida de si mismo, de su presente de actor envejecido y vieja gloria del western, empieza la película a surcar los diversos mares de la melancolía. Y tal vez sea en esa evidente pretensión de navegar donde hace algo de agua la película: Wenders no acaba de compaginar con naturalidad esos líquidos tan difíciles de juntar que son la tristeza y el sentido del humor (algo que por ejemplo Jarmusch y Bill Murray sí bordaban) Hay al menos tres o cuatro escenas que intentan desbaratar la seriedad con algo de chispa, y resultan desesperadamente anodinas, incluso molestas, en varias de ellas aparece el personaje de Tim Roth y en otras, alguno que pasaba por allí, un loco con una pistola o unas cuantas chicas de hotel vestidas de conejito Hay de todos modos grandes pedazos de cine bien horneado, como los dos o Wim Wenders, ayer durante la presentación de su película en Cannes tres muy intensos en los que Jessica Lange coge el mando de la escena, o los destellos de tranquilidad que consiguen las apariciones de la veterana Eva Marie Saint y la joven Sarah Polley. En cualquier caso es una de las mejores muestras del cine que puede hacer ese témpano candente que es Wim Wenders. La otra película a competición era la israelí Free Zone hecha por el director Amos Gitai y protagonizada otra vez por Natalie Portman (que se sale de la guerra de las galaxias para meterse en el avispero árabe- israelí) por Hanna Laslo y Hiam Abbas, además de una fugaz y confusa aparición de Carmen Maura, a la que sin duda han sacado de la película a tijeretazos. Hay que supo- AFP ner que Gitai utiliza un macguffin para aglutinar su verdadera intención: mostrar los lugares de los hechos, que los personajes recorran y nos muestren esos terrenos estériles donde raramente nacerá algo, y menos una paz... Hacen un viaje desde Jerusalén por toda Jordania hasta esa zona que se llama libre que frisa con Irak, con Siria y Arabia Saudí. El macguffin es una confusa historia de un dinero, y que sólo servirá para transportarnos a todos y para meter en un mismo coche a una palestina, una israelí y una estadounidense, y que podría ser algo así como la botella que se les rompe en la bodega a Cary Grant e Ingrid Bergman en Encadenados aunque de otro modo y otros suspenses. No sé si me explico. Almodóvar estrena el diario de rodaje de su nueva película, Volver ABC MADRID. Pedro Almodóvar estrenó ayer en su página web (www. pedroalmodovar. es) el diario de rodaje de su nueva película, Volver que contará, entre sus protagonistas, con Carmen Maura, Penélope Cruz, Lola Dueñas, Blanca Portillo y Chus Lampreave. El rodaje comenzará el próximo mes de julio, pero los ensayos previos ya han empezado, y el director recoge sus impresiones sobre estos primeros días de trabajo en este diario. No es la primera vez que Almodóvar cuenta a través de un diario el día a día del desarrollo de sus proyectos; ya lo hizo con Hable con ella y La mala educación Al otro lado de mi mesa- -escribe el cineasta- en El Deseo, sentadas frente a mí, tengo a tres de las actrices que protagonizarán Volver Cada una de ellas significa una importante vuelta: la Más Esperada, Carmen Maura. Y dos vueltas más, llenas de sentido y sensibilidad: Penélope Cruz, con la que he trabajado en dos ocasiones, ac- Penélope Cruz y Carmen Maura, retratadas por Almodóvar durante un ensayo triz y mujer a la que adoro dentro y fuera de los platós. Y Lola Dueñas. Con Lola trabajé en Hable con ella (una enfermera, compañera de Javier Cámara) y me quedé con ganas de más. El encuentro me produce gran excitación. A pesar de que en este circo me ha tocado el papel de domador, eso no significa que no me cueste trabajo romper el hielo. Pero en eso consiste, entre otras cosas, ser director (en un país europeo, al menos) Soy el rompedor de hielos, la chimenea que caldea el ambiente, la madre- padre- psiquiatraamante- amigo que con una sencilla palabra te hace recuperar la seguridad Y sigue Almodóvar: Yo no soy consciente en el momento, pero cuando miro a Carmen, Penélope y Lola inevitablemente me pregunto, si este trío de fisicazos funcionará como familia (el personaje de Carmen es la madre de las otras dos) Este tipo de pregunta no exige respuesta. Hay que hacer la película para averiguarlo, pero yo las miro y las siento ya como madre e hijas. Las tres tienen en común que deben hacer de manchegas sin serlo y las tres tienen unas ganas locas de ponerse las pilas. Esas ganas son en sí mismas un espectáculo del cual soy el primer y a veces único espectador. Las miro y nada me chirría. Con esto basta. En este trabajo la intuición es la que manda