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66 Espectáculos VIERNES 20 5 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Llega a las pantallas españolas Omagh dirigida por Pete Travis, que aborda el dolor y la lucha de las familias de las víctimas fallecidas en el atentado, perpetrado durante las negociaciones del proceso de paz en Irlanda, y pone en evidencia a las instituciones He querido incomodar a los políticos TEXTO: SUSANA GAVIÑA MADRID. Para rodar Omagh premiada en el último Festival de Cine de San Sebastián por su guión, realizado por Guy Hibbert y Paul Greengrass (creador de Domingo sangriento fueron necesarios dos años y medio de exhaustiva investigación para reunir todas las informaciones referentes al atentado que tuvo lugar en hora punta y en una calle muy concurrida de esta localidad fronteriza entre las dos Irlandas, el 15 de agosto de 1998, cuando se preparaba un referendum sobre el Acuerdo de Paz de Viernes Santo. Una escisión del Ira (denominada Ira Auténtico) contraria a abandonar la lucha armada, quiso provocar el distanciamiento entre Londres y Dublín con una masacre, que se saldó con 31 víctimas mortales (entre ellas dos españoles) y 350 heridos. En su debut en el campo del largometraje, Pete Travis- -con una notable carrera en el mundo de la televisión- se acercó a esta historia sabiendo que se trataba de un tema, el terrorismo, que toca nervios muy sensibles y que han vivido de manera muy intensa tanto Irlanda como España Y confiesa: Para mí siempre es muy duro hacer una película a partir de una historia que aborda una atrocidad reciente, porque hay heridas abiertas que están al rojo vivo Travis afirma que su primer objetivo era contar, sin demora, la historia de esas familias que mostraron tanta valentía y que estuvieron encabezadas por Michael Gallagher (interpretado por un soberbio Gerard McSorley) que perdió un hijo de 21 años. Rodada con cámara al hombro, lo que sitúa al filme entre la ficción y la realidad- -con el sello del cine de compromiso político filmado por otros directores como Pontocorvo, Costa Gavras o Ken Loach- su relato dio a conocer muchos aspectos que se desconocían: La gente sabía la atrocidad pero no lo que habían hecho el Gobierno y las instituciones. De la manipulación del Gobierno se enteraron por la película afirma Trevis. Otro de los objetivos del director al filmar Omagh que fue rodada en un pequeño pueblo a 25 kilómetros de Dublín- hubiera sido muy insensible hacerlo en el mismo lugar era que sirviera para hacer pensar a los políticos sobre lo que estaban haciendo, e incomodarlos un poco Y es que en la película se arrojan ciertas sombras sobre el compromiso del Gobierno con las víctimas, que piden el procesamiento de los culpables, lo que supondría un obstáculo para la paz. La cuestión de las negociaciones de paz con terroristas es muy complicado- -afirma Trevis- porque los que hace 20 años eran terroristas ahora son políticos La película- -continúa- -quiere demostrar que existe esa zona gris, complicada e indefinida Gerard McSorley interpreta el personaje de Michael Gallagher, y Michèle Fobres, a su mujer Patsy El director no puede precisar cuál ha sido la incidencia de esta película en conseguir resultados, pero sí tiene claro que gracias a la presión de las familias se mantuvo abierta la polémica; si no se hubiera muerto, y muchas personas hubieran preferido eso Res- Las negociaciones de paz son complicadas porque los que hace 20 años eran terroristas son hoy políticos pecto a las indemnizaciones que recibieron las familias de las víctimas, Travis las califica de insultantes Pero lo que ellas querían- -apunta- -era el procesamiento de los culpables, y creo que eso no es mucho pedir Al día de hoy sólo ha habido un procesamiento. Omagh Asociación de víctimas del olvido JAVIER CORTIJO Hay películas que te asaltan y atenazan como un rottweiler en ayunas y, si con suerte consigues liberarte descoyuntándoles la mandíbula, las marcas de las dentelladas permanecen durante semanas en tu carne. Por supuesto, es más sencillo cuando ya hay una bestia de serie enjaulada en las bobinas, como es el caso de esta brutal, áspera y naturalista crónica de una indignación: la que padecieron hace siete años y siguen sufriendo los familiares de las víctimas del IRA por culpa de una maquiavélica y casi diabólica burocracia de la paz que trata a los terroristas como carteristas. Pete Travis, veterano en lides televisivas (se nota su debilidad por los primeros y primerísimos planos, aunque de qué magistral forma los guisa y saltea) evita apostarse en una trinchera- -ni siquiera ideológica, y ya es difícil ante tanto zarandeo territorial y religioso en el Director: Pete Travis Intérpretes: Gerard McSorley, Michele Forbes, Stuart Graham Nacionalidad: Gran Bretaña, 2004 Duración: 95 minutos Calificación: polvorín donde vive- sino que salta al ruedo desde el mismo arranque del filme, una primera media hora prodigiosamente rodada en la que sentimos un nudo de espinas y perdigones en la garganta. Sin embargo, al disiparse la niebla del bombazo es cuando comienza la verdadera historia, con un agónico y doliente Gerard McSorley abanderando una cruzada casi imposible para que no se ahogue en olvido la voz de los muertos. Travis, y su guionista Paul Greengrass (premiado en San Sebastián por su esfuerzo) consiguen entonces que el espectador se sienta co- mo un mutilado cuyo subconsciente se niega a aceptar el miembro cercenado. No es sólo recuerdo, sino presencia, algo muy difícil de explicar pero muy fácil de experimentar cuando hay corte limpio y no ortopedias de por medio, aunque sean tan vistosas como las piernas pinchadas a Darth Vader aquí al ladito. Únicamente chirría la intervención de un postizo Gerry Adams (quizá porque nos trae a la memoria el grimoso síndrome de Pedro Ruiz imitando al Rey en Volver a empezar que actúa de sacacorchos emocional en un conjunto brutalmente intachable. Tanto que no merece la pena compararlo con otras epopeyas nacionales y de cartón piedra con criminales impunes y padres o madres coraje asociados, que posiblemente se exhiban en el minicine contiguo a éste. Y ya sabemos por dónde vamos...