Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
64 Espectáculos VIERNES 20 5 2005 ABC VIERNES DE ESTRENO Nathalie X Los sexoadictos El matrimonio y sus incógnitas FEDERICO MARÍN BELLÓN Waters hace aguas ANTONIO WEINRICHTER Dirección: Anne Fontaine Intérpretes: Fanny Ardant, Emmanuelle Béart, Gérard Depardieu Nacionalidad: Francia, 2003 Duración: 100 minutos Calificación: Una mujer madura que se sabe engañada introduce en la ecuación siempre compleja del matrimonio la X de Nathalie, una prostituta a la que contrata para tentar a su marido y que le permite redescubrir los caminos del deseo, semiocultos bajo la hojarasca. Por muy espléndidos que sean los 56 años de Fanny Ardant, empujar a un hombre a los brazos de Emmanuelle Béart para recibir sus pormenorizados partes venéreos parece un suicidio conyugal. Pero nadie conoce a nadie, que diría Gil (Mateo) y lo que descubre la sufrida esposa le causa más sorpresas que disgustos. Se nota que Nathalie X más generosa con el oído que con la vista, está dirigida por una mujer, y es su facilidad para incendiar la pantalla sin prender más que un par de fósforos su mejor virtud (vieja enseñanza, la de sugerir antes que mostrar, pero poco aplicada) La otra lección del filme, más general, corrobora que el teléfono móvil es un arma de doble filo, tan útil para el pecado como para la penitencia. En fin, un pesimista pensaría que Anne Fontaine- -de la que en España solo se ha estrenado Limpieza en seco- -ofrece poco, con un reparto femenino que no es sino un cuarto del de 8 mujeres pero da más de lo que sugiere un simple cálculo proporcional, aparte de contener a Depardieu y multiplicar su eficacia. No poco ayuda el guión de Philippe Blasband, quien escribió un filme que entre nosotros no se llamó Una relación pornográfica por el pudor del distribuidor. Aquí nos reserva alguna sorpresa jugosa, más gráfica que porno. Dirección: John Waters Intérpretes: Tracey Ullman, Johnny Knoxville, Selma Blair, Chris Isaak Nacionalidad: EE. UU. 2004 Duración: 89 minutos Calificación: John Waters fue un abanderado del mal gusto como categoría, digamos, estética frente a la hipocresía que a veces enmascaraba el limpio consenso de clase media de la cultura norteamericana. Aquellos tiempos pasaron: la basura y el camp deliberado (que diría Susan Sontag) tienen un valor oposicional relativo y hay que decir que hacen muy poco ruido en esta época post- hermanos Farrelly, Todd Solondz, Carrey, Sandler y compañía. Quizá por eso Waters se había moderado en sus últimos títulos y, quizá por lo mismo, ahora que ha hecho su pieza más guarri en mucho tiempo... El balance es más bien patético que transgresor. La película plantea una América dividida entre reprimidos y ultrajados ciudadanos de bien y los sexoadictos del título español. Con similar premisa- -el sexo como infección- -hizo Cronenberg uno de sus primeros films de terror; pero lo que hace Waters da mucho más miedo: una farsa que roza la patochada y el humor del tetaculocacapis hasta extremos que avergonzarían al propio Divine, el muso del cineasta. Waters siempre se ha distinguido por tratar a sus personajes friquis con algo parecido al cariño y sin juicios morales, pero aquí los convierte en caricaturas histéricas cuya hipersexualidad resulta más grotesca que liberadora. Sólo alguna escena- -como ésa que acaba con Tracey Ullman agarrando una botella sin manos- -tiene algo de la antigua gracia rompedora de Waters. Si lo que ha querido es protestar contra la ola conservadora que vive su país, el torpedo que les ha lanzado hace aguas por todas partes. El ocaso del samurai Pasiones y sosiegos orientales E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Alrededor de la figura del samurai hay tantos kilómetros de celuloide como desde aquí hasta el Japon, por eso es inusual que una película centrada en uno de esos curiosos personajes consiga llevar al espectador por otros trayectos de los habituales. Esta que ha dirigido Yoji Yamada mira al samurai desde otro lugar, probablemente el mismo desde el que miro el western al ultimo de sus cawboys y desde alli nos lo muestra en toda su incongruencia y con toda su epica y trascendental humanidad. El protagonista es un samurai humilde, que apura con discreción el papel en el que venia envuelta su vida; aunque tambien es protagonista el ambiente y la epoca, la opresión feudal, las finas capas que separaban las clases y clanes, la descripción pasmada de sus modos de ser, y de estar... El ocaso del samurai es, incluso antes que una descripción de una epoca y lugar o el trazo de un personaje curioso, una apacible y flematica historia de amor, mezclada Dirección: Yoyi Yamada Intérpretes: Hiroyuki Sanada, Rie Miyazawa, Nenjin Kobayashi, Ren Osugi Nacionalidad: Japón, 2002 Duración: 129 minutos Calificación: con un arrebatado y pasional crepúsculo guerrero. Yamada cuenta su historia mediante planos asombrosamente ricos y bien respirados, dejandose entre ellos el aire necesario para que el espectador se oxigene tambien; y emplea la misma energia y sosiego para las escenas violentas que para las delicadas y familiares: en la pantalla se muestra con la misma serenidad como se toma el te o como se lucha a muerte. En cuanto a la planta de complementos, por decirlo de algun modo, es tan completa que no le falta ni un detalle, ni el roce del almidon de las sedas ni el tañido de los aceros. No es como viajar al Japon feudal, pero se esta mas cerca de alli que de la hamburguesería de enfrente.