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26 VIERNES 20 5 2005 ABC Internacional Schröder, Kwasniewski y Chirac saludan desde la balconada del Ayuntamiento de Nancy tras la reunión trilateral de ayer AFP Alemania y Francia exigen congelar el gasto de la UE y renegociar el cheque británico Schröder afirma que no está dispuesto a aumentar la contribución alemana al presupuesto común b El gobierno presidido por Tony Blair califica de inaceptable la propuesta de revisar las compensaciones presupuestarias de la Unión Europea a Gran Bretaña JUAN PEDRO QUIÑONERO CORRESPONSAL PARÍS. El canciller alemán, Gerhard Schröder; el presidente de Polonia, Aleksander Kwasniewski, y el presidente francés, Jacques Chirac, sumaron ayer sus voces en Nancy, en la VI cumbre del Triángulo de Weimar, para pedir el sí en Francia al proyecto de Tratado constitucional europeo y plantear la eliminación del cheque británico ya que Berlín y París desean frenar el gasto público de la UE y congelar sus contribuciones financieras al presupuesto común. A diez días del referéndum, cuando los sondeos insisten en la victoria del no la cumbre trilateral franco- germano- polaca estuvo consagrada a apoyar a un presidente Chirac muy mal cotizado en los sondeos nacionales, y consagrado como dinosaurio de Euro- pa por el semanario Newsweek. Chirac amenazó a sus renuentes electores con un largo rosario de catástrofes nacionales si Francia rechaza el proyecto constitucional el próximo día 29: Nadie querría volver a negociar nada con nosotros la amistad franco- alemana quedaría por los suelos Francia se encontraría aislada y Europa bloqueada Francia no puede faltar a la cita Schröder, por su parte, lanzó una llamada emotiva emotiva: Francia está en el origen de la idea europea y no puede faltar a esa cita Kwasniewski avanzó un argumento: Europa no puede funcionar sin Francia Tras los llamamientos emocionales, Schröder y Chirac se sirvieron de la presencia del presidente polaco para relanzar una ofensiva común en varios terrenos estratégicos que afectan a intereses españoles: poner coto al gasto público europeo; congelar o recortar las aportaciones de Alemania y Francia al presupuesto común; exigir la renegociación del cheque británico conseguido por Margaret Thatcher en la cumbre europea de Fontai- nebleau, en 1984, como compensación o retorno a las arcas británicas de parte de las aportaciones del Reino Unido al presupuesto europeo. Un portavoz de Downing Street se apresuró ayer a responder que Londres considera plenamente justificado el cheque británico que permite al Reino Unido ahorrarse cada año más de 4.300 millones de euros, y que considera inaceptable la propuesta de congelarlo o renegociarlo. Chirac tiró con bala contra este privilegio: Ha llegado el momento de renegociarlo en el marco de las perspectivas financieras de la Unión Dicho de otro modo: Francia exige que se recorte esta compensación, que reduce desde hace veinte años la contribución británica al presupuesto europeo. Schröder utilizó un tono muy peda- gógico y comprensible para recordar cosas de una sencillez brutal: Alemania no desea seguir pagando indefinidamente la parte del león de todas las políticas europeas, y exige poner un techo y negociar un nuevo reparto de los fondos que pagan muy mayoritariamente los contribuyentes alemanes. Yo no tengo ese dinero En términos prácticos, el canciller advirtió: Alemania abona actualmente unos 22.000 millones de euros al presupuesto común. Si se aumentase ese presupuesto, según las reglas actuales, Alemania tendría que pagar unos 42.000 millones de euros entre los años 2013 y 2020. Yo no tengo ese dinero. Si lo tuviese, lo daría gustoso para financiar Europa. Pero no lo tengo. Y ninguno de mis posibles sucesores lo tendrá tampoco. De ahí mis decisiones en materia presupuestaria alemana De un plumazo, Schröder entierra el proyecto de la Comisión europea de incrementar el gasto público del 1 al 1,2 por ciento del PIB de la UE. Exigiendo, al mismo tiempo, negociaciones muy duras para recortar los gastos. Conforme a las tesis mantenidas ayer en Nan- Schröder entierra el proyecto de la Comisión de incrementar el gasto público del 1 al 1,2 por ciento del PIB europeo