Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC VIERNES 20 5 2005 Opinión 7 Plan Museográfico de 1997, y de él, el consiguiente proyecto de ampliación. La coherencia estética e histórica de las colecciones del Prado constituye, junto con la altísima calidad, su principal característica. Por ello debemos rechazar como extremadamente perniciosas las ideas que ahora se proponen de incorporar a sus colecciones la pintura de vanguardia de inicios del siglo XX (con el nombre de Picasso por bandera) Ello hace necesaria la presencia de la pintura del siglo XIX en el edificio de Villanueva, sin tener en cuenta no sólo las obvias diferencias de calidad con respecto a la colección histórica, sino su distinto sentido, y aun su cantidad. ¿Cuántas de las cerca de 3.500 obras del XIX propiedad del Prado se expondrán en el edificio Villanueva? ¿A costa de qué parte de la colección histórica? El problema se agrava si se abandona la idea de la ampliación en el antiguo Salón de Reinos. ¿Aumentaremos aún más, y a costa de la ampliación los fondos no expuestos, alimentando, otra vez, el fantasma del Prado oculto LA ESPUMA DE LOS DÍAS LA CAPA DE DARTH VADER AS mitologías entran como aguas sobresaltadas en las páginas de la literatura anémica o en los fotogramas del cine sin sustancia. La última oleada, después de la conclusión de El señor de los anillos es la última parte de La guerra de las galaxias versión estratosférica de los dramas de capa y espada que oponían la inocencia al mal. Ayer The New York Times buscaba las claves políticas de la película de George Lucas como si fuese una simple alegoría en la que una frase identifica a Bush hijo y otra preludia un mundo sin tanto tejano de mente obtusa. Mal favor se le hace a algo que pertenece a la vida de VALENTÍ lo simbólico y por tanto PUIG es irreducible a la fórmula representativa. En un cruce de sables láser hay algo más que una venganza de Hollywood contra Washington. Como siempre, el mal está en Darth Vader, esa voz al filo del aliento, un voltear de capas negras a la espera de saltarse las lindes del Mal Oscuro. Gran poderío gestual de la capa de Darth Vader. Incluso los robots toman parte en la reyerta, son parte de uno u otro ejército, creen o no en la supremacía del despotismo. Ese es un estreno galáctico, fruto de imaginaciones portentosas, inscrito en las tensiones del arte del hoy, tal vez mucho más que algunas novelas rimbombantes y no pocos ensayos que pretenden esclarecer la vieja magia de la vida. Tres décadas después, La guerra de las estrellas recapitula sus Jedis, la Fuerza, los Skywalker y el senador Palpatine. Darth Vader va respirando como puede. Convertir la ciencia ficción en épica no fue del todo fácil. Cada uno sabe cómo fue el comienzo de todo en una tarde de cine cuando el Big bang cinematográfico de George Lucas rompió para el espectador inocente la barrera de los símbolos del planeta. Reducirlo a política es absurdo. Cualquier despliegue hostil de seres clónicos echa a perder la versión ideológica de lo que comienza y nunca acaba. El cine logra desplegar un terror primigenio, como si la venganza fuese la última palabra antes de que estallen los astros. Para los humanoides, la bomba de relojería astral es la paranoia. Banales serán las claves políticamente inmediatas: sin duda, serán las habituales. En realidad, como decían las sibilas estructuralistas, el mito es una palabra despolitizada, una forma de convertir la contingencia en eternidad. Consta que Tolkien escribió El señor de los anillos esa ficción del remoto pasado, pensando en la amenaza presente de los totalitarismos. Las grandes ficciones superan sus referentes inmediatos y, como ocurre en La guerra de las galaxias lo que queda es la vieja lucha entre el bien y el mal. L CARLOS KILLIAN vos edificios como el Casón, para terminar finalmente con la ampliación (que incluye el antiguo Salón de Reinos como parte capital) ahora paralizada. De un estudio muy detallado de las nuevas necesidades, de los edificios disponibles (Villanueva, Casón, Salón de Reinos del Buen Retiro y ampliación en torno al claustro de los Jerónimos) pero también de una meditada reflexión acerca del sentido profundo histórico que posee la colección (iniciada, en lo que a la real se refiere, nada menos que en el siglo XVI y terminada como tal en 1819, precisamente con la fundación del Museo) surgió el Lo que se anuncia del Plan no puede ser más inquietante: la escultura de los Leoni en el patio del Claustro, el siglo XIX en el edificio Villanueva, las esculturas de las Musas en el zaguán de recepción, Luca Giordano en el Casón... ¿dónde Picasso? ¿Qué función y sentido le queda al Reina Sofía despojado de algunas de sus obras capitales? ¿Qué orden lógico guarda este batiburrillo? En estos tiempos en que incluso la centenaria disciplina de la Historia del Arte peligra como materia universitaria específica, el desdén por la historia que este Plan demuestra no puede ser mayor. Justificado en la pretendida modernidad de la mirada del artista con respecto a la más cargada de prejuicios del historiador, se ignora que fue el punto de vista de los historiadores el decisivo para definir la identidad del museo contemporáneo a fines del siglo XVIII. El radical cambio de sentido que se propone para nuestra primera institución cultural debe ser objeto de conocimiento (sería necesario conocer el Plan al menos con el mismo detalle como se conoció el proyecto de 1997) y de debate por parte de la comunidad científica de historiadores del arte. El Ministerio de Cultura, el Real Patronato y la Dirección del Museo han de ser conscientes de las opiniones de los profesionales de la materia y no ampararse en un fantasmagórico año Picasso para desviar radicalmente la trayectoria histórica del Museo. PALABRAS CRUZADAS ¿Deben las autonomías tener impuestos propios? Y CON TODOS SUS EFECTOS ELLAS SÍ, NOSOTROS NO E L modelo territorial español es peculiar, también en materia de impuestos. Se conllevan cuatro sistemas forales, poco homogéneos, con otro para el llamado territorio común y con algunas singularidades para las zonas extrapeninsulares. El modelo no está ni maduro ni experimentado ni cerrado, ni camina hacia la eficiencia. Durante el último cuarto de siglo se han transferido competencias plenas a los entes autonómicos que superan el 40 por ciento del gasto público; entes que son responsables del gasto, pero no en grado semejante al de los ingresos. Tiran con pólvora del rey. Gestionan impuestos cedidos, comparten otros con el Estado, del que reciben transferencias para financiar FERNANDO G. las transferencias recibidas. URBANEJA No estoy convencido de que este modelo haya sido un acierto, y mucho menos un éxito. Es redundante, de eficacia decreciente y amenazador para el contribuyente. Pero nadie quiere dar marcha atrás. El mal menor será la responsabilidad fiscal de cada Gobierno autonómico, que sea actor de los impuestos que financian sus gastos. Pero sin que el Gobierno central ceda la plena soberanía de impuestos estatales ni la capacidad de gestión de la Agencia Tributaria central. Además, la competencia fiscal entre autonomías puede empujar la presión fiscal a la baja. E L debate fiscal se ha convertido en una nueva estratagema merced a la cual la política vuelve a esparcir tupidas cortinas de humo para tapar la única verdad tributaria incuestionable: los ciudadanos somos los que pagamos los impuestos, nosotros, no las empresas ni los barrios ni los pueblos ni las ciudades ni las autonomías. Y, sin embargo, no es el hecho en sí, sino la forma en que los pagamos, lo que se alza ante nuestros ojos como si fuera la única cuestión en liza y el único debate posible. Y yo pregunto, por ejemplo, a los catalanes, de venerable tradición comercial: ¿os satisfaría si Rodríguez Zapatero os cobrase menos pero Maragall CARLOS R. más? ¿A que no? Pues entonces ignoreBRAUN mos los fuegos de artificio y, en vez de caer en la trampa, hagamos cuentas. Sólo una osada y políticamente incorrecta actitud de recelo fiscal impedirá la artera maniobra que se está gestando tras solidarias consignas, lacrimosas balanzas fiscales y patrióticos estandartes. La descentralización de los impuestos y la corresponsabilidad fiscal son plausibles. Pero no nos vayan a distraer con un lío espectacular para que al final, aquietadas las aguas y sumados los impuestos de las tres administraciones, acabemos pagando lo mismo o más. ¿Y usted qué opina? Déjenos su mensaje o su voto en la página web www. abc. es eldebate vpuig abc. es