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ABC JUEVES 19 5 2005 53 Cultura y espectáculos Teresa Berganza y la Orquesta y Coros de la Comunidad de Madrid abrirán el Festival de Músicas Sacras de Fez Richard Serra pasea en el Guggenheim de Bilbao entre sus esculturas, cuyo montaje está concluyendo BERNARDO CORRAL Richard Serra retuerce aún más el Guggenheim Estas piezas no las movería ni un tanque dice el escultor, que ultima la instalación del proyecto el mayor desafío de su carrera con siete mastodónticas esculturas, que acompañan a su célebre Serpiente en la sala Arcelor del museo bilbaíno J. A. GONZÁLEZ CARRERA BILBAO. ¿Y todo esto aguantará? ¿La estabilidad de estas obras de acero está garantizada? ¿Tiene la seguridad de que no se caerán sobre la gente? Absoluta seguridad, no las movería ni un tanque contesta rotundo el escultor norteamericano Richard Serra, quien, a sus 65 años, acomete en Bilbao el mayor desafío de su carrera: la colocación de un conjunto de siete esculturas de enormes planchas de acero curvadas, buena parte de las cuales sólo se sostienen en pie por su propio peso, las unas apoyadas contra las otras. Serra supervisa en persona, durante todo este mes, la instalación, en la mayor sala del Guggenheim de Bilbao, de las nuevas esculturas de tamaño colosal que harán de este museo la principal referencia de Serra en el mundo: el ara b El artista acomete máxima de un semidiós de la escultura moderna. El tenaz escultor trabaja en un tipo de obra contextual, a base de grandes planchas de acero, desde finales de los años 60, pero su trabajo más sofisticado e impresionante se inicia con Snake (Serpiente, 1994- 97) la primera obra de Serra que adquirieron la Diputación de Vizcaya y el Gobierno Vasco para la colección propia del Guggenheim de Bilbao. Como las Torsiones elípticas que desarrolló fijándose en el ovalado espacio central de San Carlo alle Quatro Fontane, de Roma, y que presentó en este mismo museo en 1999, las obras que ahora instala junto a Snake en la inmensa galería abundan en lo que él mismo considera un nuevo lenguaje en escultura: se basa en forzar, mediante giros y torsiones con uno o varios ejes, formas geométricas conocidas en busca de lo inédito: la interacción del espacio y el tiempo. El artista promete una experiencia única a los visitantes, que podrán experimentar con su propia capacidad de percepción las misteriosas magnitudes que rigen la vida del ser humano y el universo entero. Serra sueña con el momento en que las personas pasen a ser protagonistas de tan poco convencionales obras de arte, con las que se podrán relacionar tanto en la intimidad de su interior como en el diáfano espacio público de la gran sala, ahora llamada Arcelor, el grupo metalúrgigo que patrocina la instalación encargada al artista hace tres años. Todo según lo previsto De momento, los únicos que pululan entre ellas son dos decenas de trabajadores que, ayudados de distintas grúas y de un sistema neumático y deslizante, introducen y colocan con gran parsimonia y detalle las planchas de acero cortén de cinco centímetros de espesor, cuatro metros de alto y hasta más de 30 de longitud. Cada una de las obras está El suelo de la galería se ha reforzado para soportar las 1.030 toneladas de acero empleadas en las obras compuesta por un mínimo de dos planchas y un máximo de ocho. El peso medio de las planchas es de 27 toneladas, aunque las hay de 12 y de hasta 40. En total, se han empleado 1.030 toneladas de acero. Antes, el suelo de la gran sala ha sido convenientemente reforzado, según indica Daniel Vega, responsable de instalaciones del museo. Todo va según lo previsto. Hasta el momento se han colocado tres de las nuevas obras. Serra, al que todavía quedan quince días de trabajo, se mostraba muy seguro de las obras. Está asistido por Carmen Giménez, que trabaja para el Guggenheim de Nueva York. He creado con un lenguaje plástico exclusivo para esta sala y me parece imposible que en ella se pueda introducir otro tipo de obras advierte. Serra justifica de esta manera el hecho de que durante los próximos 25 años, al menos, la sala sólo estará ocupada por su mastodóntica instalación: A Rodin o a Giacometti se les comprende y aprecia mucho mejor si se va a sus estudios en París. Para conocer bien a Goya, no hay nada como ir a verlo al Museo del Prado