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6 Opinión JUEVES 19 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA LIBRE RICHARD N. HAASS PRESIDENTE DEL CONSEJO DE RELACIONES EXTERIORES DE EE. UU. EL PEDESTAL DE LA DIGNIDAD D ECÍAMOS ayer que el PP se ha quedado solo en el Congreso; pero tampoco es cosa de rasgarse las vestiduras y, como leo en muy notables análisis políticos, hacer doblar las campanas del entendimiento. La política es confrontación y resulta saludable y democrático, especialmente frente a los asuntos más delicados, que las grandes formaciones enseñen y mantengan sus diferencias. En un bipartidismo fáctico, como el fabricado en la Transición, debe inquietarnos más la unanimidad entre los grandes que sus divergencias. Con aquélla caducan los balsámicos efectos de la alternancia, mientras que con éstas siempre cabe intentarlo de nuevo y M. MARTÍN de un modo diferente. FERRAND José Luis Rodríguez Zapatero, de quien no se sabe adónde va, cree que puede y debe hablar y entenderse con ETA, y, si ése es su pensamiento, es su derecho, y hasta su obligación, intentar acuerdos con quienes, según pensamos otros, no hay ninguno posible, y no sólo por razones éticas. Una minoría terrorista es la jibarización de un proceso febril nacionalista, y eso no tiene cura por los caminos de la inteligencia. Sin bombas y sin pistolas, sin sangre y amenazas, una banda terrorista entra en una fatal y demoledora anorexia porque su forma es su único fondo. Introducir en el debate político las razones que pueden justificar, aunque sea en tiempo pasado, un asesinato es un disparate procedimental y algo parecido a la negación de la conciencia. La soledad, no siempre trágica, suele acompañar a quienes anteponen sus principios a sus intereses, y por eso se produce en todas las familias. Ahí tenemos, en el otro de los dos grandes bandos de la política nacional española, a Rosa Díez, que, instalada en el confortable destierro europarlamentario, no quiere renunciar a su cuota de opinión. En carta conjunta con otros notables, unos militantes socialistas y los otros sencillamente próximos, le afeó a Patxi López su desdén frente a María San Gil en vivo contraste con su jocosa y amable recepción a las matronas representantes de EHAK. Olvidó la valerosa Díez que, contra lo que dicen los eslóganes, socialismo no es libertad, y para recordárselo, a vuelta de correo, el secretario general de los socialistas vascos, que mucho les debe a quienes le escribieron, les invita a ella y a Nicolás Gutiérrez a dejar el partido y pasarse al PP. Con los demás firmantes de la razonable carta que motiva los hechos, no se ha atrevido López. Su energía llega hasta la frontera de las víctimas. Ni Díez ni Rajoy ni nadie deben dolerse por la soledad con que les envuelven las circunstancias. Cuando llega así, como consecuencia de una postura gallarda y difícil, esa soledad tiene el valor de un premio inmenso y constituye, en el paisaje de la Historia, el pedestal del monumento a la dignidad individual. Algo previo y más importante que cualquier color de militancia. DE LA OPORTUNIDAD A LA REALIDAD EN EL ORIENTE MEDIO El autor, ex director de Planificación de Políticas en el Departamento de Estado con George W. Bush, analiza los pasos que han de dar tanto israelíes y palestinos como la comunidad internacional para aprovechar la alternativa de paz que se atisba tras medio siglo de conflicto H ACE mucho tiempo que las palabras oportunidad y Oriente Medio no aparecían en una misma frase, pero ahora sí. Mejor aún: ese optimismo puede tener algún fundamento real. Un importante factor para ese cambio de actitud es, naturalmente, la desaparición de Yaser Arafat de la escena. Como el Thane de Cawdor en Macbeth de Shakespeare, nada en su vida fue tan oportuno como su salida de ella Arafat nunca dejó de ser el hombre que apareció en las Naciones Unidas hace decenios con una rama de olivo y una pistola. Su renuencia a abandonar el terrorismo y optar por la diplomacia resultó ser su perdición, pues malogró su legitimidad ante Israel y los Estados Unidos. El resultado fue la imposibilidad de crear un Estado palestino. Pero la defunción de Arafat no es lo único que constituye un motivo de optimismo. Ahora tenemos una dirección palestina legitimada por las elecciones y que parece opuesta a utilizar el terrorismo para lograr fines políticos. Mahmud Abbas (Abu Mazen) tiene una buena ejecutoria, por haber puestoen entredichola idoneidadde la intifada, que hasacrificadodemasiadas vidasy sólo ha causado sufrimientoy destrucción en todos los bandos de ese conflicto tan duradero. Los cambios en Israel están contribuyendo también a la aparición de un nuevo talante. En Israel hay cada vez mayor conciencia de que la situación actual- -de ocupación israelí indefinida de tierras en las que la mayoría de la po- blación es palestina- -es contradictoria con la determinación de Israel de seguir siendo un Estado judío democrático, seguro y próspero. La formación de un nuevo Gobierno israelí, más centrista en su composición y en sus apoyos, es otro acontecimiento positivo. Ahora Israel está dirigido por un primer ministro que tiene capacidad para adoptar decisiones históricas y un Gobierno dispuesto a apoyarlo. Pero una oportunidad es sólo eso. La historia del Oriente Medio está llena de ejemplos de oportunidades desaprovechadas y perdidas de hacer la paz. Ahora el imperativo es el de acabar con esa tónica y hacer realidad la oportunidad de hoy. Para ello, es necesario que la prometida retirada de Israel de Gaza y de ciertas zonas de la Ribera Occidental tenga éxito. Pero el éxito no depende sólo de que se retiren los israelíes. También requiere que los palestinos demuestren que pueden gobernar responsablemente y poner fin a la violencia terrorista procedente de territorio palestino. Lo que suceda en Gaza después de que Israel se retire tendrá profundas repercusiones en la política israelí. Si Gaza se convierte en un Estado fracasado y sin ley, que sea una base de ataques a los israelíes, resultará extraordinariamente difícil convencer a Israel para que abandone otras zonas que ahora ocupa, pero, si los palestinos demuestran en Gaza que pueden gobernarse y ser buenos vecinos, perde- -Creen que buscábamos la división entre el PP y el PSOE, cuando lo que nosotros ansiábamos era esto: cargarnos la unidad de los socialistas vascos.