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ABC MIÉRCOLES 18 5 2005 Internacional 31 El Senado de EE. UU. se embarca en un explosivo pulso político sobre el derecho de veto de la minoría demócrata, que amenaza con paralizar la vida parlamentaria Primavera nuclear en Washington PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. Si usted cree que las cosas andan muy mal entre los dos grandes partidos políticos de España, el panorama en Estados Unidos no resulta mucho más alentador. En las próximas horas- -una vez terminado el debate que a todos interesa sobre inversiones en nuevas carreteras y transporte terrestre- republicanos y demócratas se preparan en el Senado federal para librar una batalla parlamentaria de tal calibre y consecuencias que ha sido bautizada como la opción nuclear Conflicto no convencional que en la práctica se centra en los planes de la mayoría conservadora para alterar significativamente las normas de procedimiento de la Cámara Alta, que hasta ahora han permitido a la minoría demócrata bloquear una parte de las nominaciones presentadas por la Casa Blanca para ocupar vacantes en la jurisdicción federal. De no llegarse a un improbable consenso, los republicanos tienen previsto desencadenar este pulso político que amenaza con paralizar el Poder Legislativo de Estados Unidos remitiendo otra vez a consideración del Senado dos candidaturas bloqueadas con anterioridad: Janice Rogers Brown, magistrada del Tribunal Supremo de California, nominada para servir en la Corte de Apelaciones del Distrito de Colum- bia, y Priscilla Owen, magistrada del Tribunal Supremo de Texas, nominada para servir en la Corte de Apelaciones del sureño Quinto Circuito. Bajo la peliculera tradición de debate sin interrupciones en el Senado de EE. UU. los senadores pueden bloquear acciones legislativas a través de una maniobra conocida como filibusterismo. Procedimiento efectivo que impide al pleno votar sobre la materia disputada y que durante la intensa historia parlamentaria del gigante americano se ha utilizado en debates trascendentales, como la esclavitud en el siglo XIX o la lucha por los derechos civiles en el siglo XX. Desde la reforma impulsada por Woodrow Wilson, las maniobras de filibusterismo pueden ser anuladas con el respaldo de sesenta de los cien miembros de la Cámara Alta. La explosiva alternativa impulsada por los republicanos aspira a que el filibusterismo senatorial contra nominaciones judiciales puede superarse con una mayoría simple de 51 votos. Planteamiento que, además de encajar perfectamente con los 55 escaños que los conservadores controlan ahora en la Cámara Alta, sólo requiere de una mayoría simple para convertirse en realidad. Pero siguiendo con la retórica hiperbólica inspirada por esta controversia de gran calado institucional, los demócratas insisten en que si los republi- El Congreso, durante una intervención de George Bush en enero de 2003 canos cambian las reglas del juego habrá destrucción mutua asegurada y la vida parlamentaria quedará sometida a los rigores de un paralizante invierno nuclear. REUTERS Nombramientos vetados Desde su llegada a la Casa Blanca, el presidente Bush ha visto cómo una decena de sus nominados para vacantes en la jurisdicción federal han sido vetados a través de maniobras de filibusterismo en el Senado al ser percibidos por los demócratas como extremistas. Para ambas partes, estas escaramuzas no han sido más que un preludio de la conflagración a corto plazo por los puestos libres que se anticipan dentro de la envejecida plantilla del decisivo Tribunal Supremo de Estados Unidos. Toda esta trifulca está sirviendo para dejar en evidencia las frustraciones del Partido Demócrata que, tras una serie de descalabros electorales- -incluida la reelección del presidente Bush- cada vez aparece más relegado a un papel minoritario en la política estadounidense. Y en el bando republicano, expone el dominio de los sectores más conservadores en la dirección del partido y las ambiciones presidenciales para el año 2008 de figuras como el líder de la mayoría en la Cámara Alta, el senador Bill Frist. Un médico de Tennessee que parece no tener mucho miedo al material radioactivo.