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ABC MARTES 17 5 2005 53 Cultura y espectáculos FESTIVAL DE CINE DE CANNES El cine de Lars von Trier y de Cronenberg sube la competición hasta el ático Manderley y Una historia de violencia dos claras opciones para los premios b Lars von Trier presentó la continuación lógica de Dogville un alegato titulado Manderley y el mejor Cronenberg de los últimos años trajo Una historia de violencia E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. Éste es el Festival de Cannes y en su competición, más pronto que tarde, siempre aparecen las mejores películas que uno podrá ver durante el año. Ayer entraron como un tornado las de dos directores decisivos en los últimos caminos del cine, Lars von Trier y David Cronenberg, acostumbrados ambos a abrir ellos las crónicas y a sustentar los titulares. El danés traía Manderley una continuación al pie de la letra de Dogville y precedente de lo que será Wasington (sin h que cerrará su trilogía americana sin pisar el país; y el canadiense se presentó con Una historia de violencia lo mejor en mucho tiempo de este cineasta con ojos punzantes y cerebro tenso. Manderley recoge al mismo personaje, Grace (que, lamentablemente ya no interpreta Nicole Kidman, sino Bryce Dallas Howard, lo cual supone un evidente tirón de la manga de la película hacia abajo) en su itinerario por Estados Unidos tras la decepción de Dogville se para en un lugar de Alabama llamado Manderley, en el que aún existe la esclavitud y el racismo. Utiliza la misma puesta en escena, es decir un plato gigantesco, un enorme loft sin paredes ni obstáculos visuales, para levantar de nuevo su historia del mundo, pletórica de intenciones y de sutiles reflexiones en esta ocasión sobre la libertad, la democracia y la justicia. No produce ya Lars von Trier en esta película, como es lógico, la perplejidad que en la primera con su sorprendente puesta en escena y estructura narrativa (se divide igualmente en capítulos y se ventila con una voz en off pero resulta tan brillante, didáctico y elocuente en la diagnosis del ser humano y su versión y perversión colectiva como en aquélla. Cada cruce de sentimientos y cada avance entre Grace y la colectividad es un fogonazo de lucidez y erudición; cada giro ideológico de la acción o de los personajes es la respuesta a un análisis finísimo y producido por algo así como el sudor de nuestra civiliza- ción; cada paso es una apuesta intelectual, incluso un órdago a lo que pensamos, o a lo que pensamos que pensamos... Lo normal es que le lluevan bofetadas a Von Trier desde todos los sitios por su osadía al hacerle un chequeo tan íntimo y lúcido a un mundo que ni siquiera se ha dignado a pisar, además de por su enorme impudor al lanzar sus diagnosis en bloques: a la américa blanca a la américa negra y lo que es más osado o impúdico, por la brutal receta o tratamiento que propone, tras esos chequeos, como desenlace para cada una de ellas (recuérdese cómo terminaba con el pueblo de Dogville) La violencia, pegadiza como un virus Falta más de medio año para que se estrene en salas comerciales Manderley pero seguro que se hablará mucho de ella hasta entonces. Una historia de violencia es una inteligente (y jugosa y divertida) forma de ver y demostrar cómo la violencia es tan pegadiza como un virus. Lo hace mediante una historia típica de cine negro: el padre de una familia normalísima que vive en un pueblo perdido se ve, tras una serie de azares y de cadáveres, rodeado de gángster que lo confunden con un tal Joel Cusack, un tipo que mataba más que el tabaco. Cronenberg le obliga al espectador y a la propia familia del personaje a creer la confusión, pues el sencillo padre de familia le hace frente a sus situaciones violentas con una eficacia como para que intervenga el fiscal del distrito: cada vez hay mas gángster apilados... Bien, el caso es que Cronenberg hace malabares con el género negro y cada uno de los actores borda su cometido, desde Viggo Mortensen, genial como el papá paleto con ciertas dotes para defenderse; genial Ed Harris como gángster vengador y más aún William Hurt, que les pasa a ambos velozmente en un momento en el que se juega el tipo en una rara combinación de dureza y chispa cómica. Lo que no es fácil es que una película tan inteligente, sugerente y que dialoga tan bien con el público, tenga ya mayores reconocimientos. Cronenberg fotografía a Viggo Mortensen, Maria Bello y Ashton Holmes REUTERS Una película mexicana y un plato de callos La programación oficial tenía tapada la película mexicana Batalla en el cielo pues se proyectaba casi al tiempo que la última de La Guerra de las Galaxias y hubo que cogerla después en marcha de cualquier manera, como uno de esos trenes indios rebosantes. El director, Carlos Reygadas, ya presentó aquí hace dos o tres años una cosa titulada Japón que, hasta ayer, podría haberse considerado una película extrema. Después de ver Batalla en el cielo cuyas ganas de provocar (provocar varias sensaciones, desde asco a vergüenza y desde aburrimiento a irritación) eran tan grandes como su impotencia narrativa y su halo pretencioso, convierten a la anterior en un capítulo de Heidi Pero Reygadas es un director de culto aquí en Francia, y en los próximos años, Dios mediante, nos lo iremos encontrando con películas cada vez mas pretenciosas y huecas. Esta Batalla... arranca con un minucioso número de sexo oral entre una jovencita y un señor lo suficientemente gordo y mayor como para que no lo inviten a posar para los almanaques; y es el protagonista, al que tendremos también que soportarlo en un fascinante juego erótico con su mujer, mucho más mayor y gruesa que él. Son todos actores no profesionales a los que no se sabe qué milonga les habrá contado el director hasta convencerlos para embarcarse en semejante barcaza. Todas estas y otras imposiciones visuales del provocador Reygadas al espectador sólo pueden entenderse como mala leche porque ni vienen a cuento con la historia que no cuenta, ni tienen más valor artístico o narrativo que un plato de callos con garbanzos. Se entiende que los esnob de Cahier o de Liberation quieran justificar un prestigio que hace mucho tiempo dejaron de tener, y lo pongan por las nubes. Pero, ¿y los demás... los que no podemos usar el francés para decir chorradas? ¿Qué decimos de semejante nadería? Nicole Kidman ya no interpreta a Grace, lo cual supone un evidente tirón de la manga de la película hacia abajo