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ABC MARTES 17 5 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC PERDIENDO EL TREN POR FRANCISCO RODRÍGUEZ ADRADOS DE LAS REALES ACADEMIAS ESPAÑOLA Y DE LA HISTORIA ¿Y España? Está mirando a un pasado falseado; y no a su ombligo, sino a múltiples ombligos. Poniendo en el centro las causas marginales, proponiendo primero pluralismo y luego federalismo, olvidando aquello que sobre la unidad, la lengua, la igualdad decía la Constitución... ODO reino dividido será destruido, recordaba Cortés, ante México, citando el Evangelio de San Lucas. Pienso a veces en ello. Hoy, el mundo se unifica y avanza a pasos agigantados. Siguiendo el modelo occidental y hasta americano, digan lo que digan. Es un tren en marcha. Y no hay buenas perspectivas para que demos un salto y entremos en alguno de los vagones. Miren en torno. Verán los dos gigantes, China e India, que aumentan su integración, crecen a paso acelerado, se occidentalizan. Aunque quede, también, una capa tradicional. Igual Japón, Taiwán, Vietnam... Crece Europa, progresan en ella los bálticos y los orientales. Inglaterra se reafirma: va hacia adelante sin arrepentimientos. Hasta los países árabes, pese a estallidos antioccidentales espasmódicos, se acomodan poco a poco al mundo moderno: Egipto y Marruecos, ahora Siria, Afganistán e Irak pese a todo, creo que Irán (mirado por dentro, no la costra) hasta Palestina después de Arafat. ¿Y España? Está mirando a un pasado falseado; y no a su ombligo, sino a múltiples ombligos. Poniendo en el centro las causas marginales, proponiendo primero pluralismo y luego federalismo, olvidando aquello que sobre la unidad, la lengua, la igualdad decía la Constitución ¡que además quieren enterrar! guiñando el ojo a los separatistas. Vivimos el espectáculo impresentable que nos traen a casa ciertas oligarquías autonómicas (mucho ojo, hay que pactar con ellas) T ¿Cómo empezó ese gallinero? Bueno, un poco es connatural a la especie humana, la democracia es un sistema para lograr racionalizarlo. Con éxitos alternativos, ahora estamos, otra vez, en lo bajo de la curva. El cáncer empezó en Cataluña, hacia el 1900. Insolidaridad en lo de Cuba, poesía y aranceles que decía Jesús Pabón. En realidad, el compromiso (que no conquista) de las coronas de Aragón y de Castilla, a comienzos del XV, fue excelente para todos. ¿Por qué los políticos catalanes, que no los ciudadanos catalanes, crearon, continúan creando un conflicto artificial, contrario al interés de todos? Ofrecen una imagen de Cataluña falsa, desprestigiante: la del rico llorón y pedigüeño. Quieren más dinero, más poder. De igualdad, de solidaridad, de intereses comunes: nada. La Segunda República quiso curar el cáncer con un Estatuto, luego vino otro, ahora quieren el tercero. Ningún arreglo, nada otra vez. Lo peor es que el cáncer se extendió. Con Sabino Arana llegó al País Vasco, cargado de mitos absurdos. Y los mitos llevaron hasta las pistolas y a las alianzas contra natura y... Me detengo otra vez hasta ante el precipicio. Ya veremos. orador, lo recuerda- -antes de que cayeran, también ellos, en el puro egoísmo. Este nuevo (y tan viejo) curso, recuerden las taifas, pide un mito. Un mito siempre es bueno. Están los malos que obstaculizan el progreso (todos lo habíamos creado) y los buenos que quieren renovar el viejo paraíso. El suyo es la Segunda República. Para mí (y para muchos socialistas, tras la guerra civil) es exactamente lo que habría que evitar. Y todo se fracciona, también el socialismo. Tabiques nuevos cada día (duplicidades, derroches, enfrentamientos) Se contagian. Carod logra de ETA paz para Cataluña, Fraga pide a Castro que suelte de prisión a los gallegos, yo voy a pedirlo para los de Salamanca (pero mal asunto, el del Archivo) En tanto, vivimos bien, mejor que en ningún sitio, que yo sepa. Y nos entretenemos con el fútbol, la telebasura, las revistas del corazón, que dicen. En otros sitios crecen la seriedad, la moral de trabajo, el sano orgullo nacional, hasta la religión. Aquí, la ciudad alegre y confiada (angustiada por dentro) Estamos, tontamente, perdiendo el tren. Con Aznar, sí, me atrevo a decirlo, vivíamos mejor. Cometió errores de arrogancia, de falta de persuasión, de timidez coste político otros como los que sufrimos todos. No es cuestión de recordarlos. Pero creció la nación, vivimos de ello todavía. Hablaba con la oposición, mantenía a los nacionalistas en términos medio razonables. Acorralaba a ETA y Batasuna. Luego... Huimos de la alianza que nos ponía en el centro del mundo o junto a él (ahora van los ministros a besar la bandera de las barras y las estrellas, a ver si les perdonan) No por eso ganamos aliados. Y puesta ya bajo el ala la cabeza, gracias a olvidos de la Constitución y una Ley Electoral nefasta, volvemos al cada vez más revuelto gallinero. A los culpables de esto se les da trato de VIP. Pero, perdón, me extraviaba: no pensaba escribir hoy del País Vasco, me comería el artículo, lo que sucede es demasiado horrible, todos lo saben: ojalá nos equivoquemos todos. Y luego vino el contagio a Galicia, y el intento de cura con un autonomismo general. Trajo algunos beneficios, siempre desde cerca se ve más. Pero también generalizó y ahondó el problema. Ahora todos somos parte de él. El mirar al propio ombligo más que al de la nación se hizo lo habitual; hay, ciertamente, quienes se resisten. Pero el aldeanismo, el encerrarse en compartimentos, crece y crece. Así no se construye una nación. Como si España fuera una tarta a repartir y no un país a hacer crecer entre todos. Como lo dijo Kennedy: se trata de hacer algo por el país, más que de que el país lo haga por nosotros. Así habían hablado antes los viejos atenienses- -Isócrates, el El otro día encendí excepcionalmente la TV (cada vez menos, y a ciertos personajes les quito la voz) creo que era La 2, había una especie de historia de España, con hagiografía y todo. Cinco años de paz decía uno. ¡Me hacéis reír, don Gonzalo! Yo era un chico de nueve años, mi portera bailaba de contenta, íbamos a vivir tan bien sin Rey. En tanto ardían los conventos. Y luego los socialistas organizaban una o más revoluciones, los separatistas catalanes proclamaban el estat catalá luego Largo Caballero y los comunistas... ¿Qué decir? En esa pequeña ciudad castellana de derechas en que yo vivía, hijo de padres liberales, los chicos andaban a cantazos con los curas, los obreros del barrio vecino celebraban el primero de Mayo diciendo que iban a jugar al billar ¿sabían lo que era? con la cabeza de Gil Robles. Contra cierto socialismo y cierto independentismo yo quedé vacunado para siempre. Por favor, entierren ese mito. Por supuesto que la República contaba con gente liberal espléndida, que elevó la cultura. Pero quedaron atrapados por una máquina horrible. Y cuando Azaña y Prieto y otros escribieron cosas admirables, era ya tarde en demasía. ¿Qué dirían hoy al ver la sacralización del mito que fue su ruina? Aquella Segunda República ¡y no hablemos de la República Federal, en la Primera) es un mal sueño. Terminó como no podía ser menos, pero la salida fue peor todavía. Por favor, no mitifiquen esos paraísos. No hay paraíso sin serpiente, ya ven lo que pasó con Adán y Eva. ¡Y antes Luzbel se había rebelado contra Dios! No seamos tan ambiciosos, busquemos un régimen civil en el que todos convivamos. Vivamos en una nación una, aunque sea redundante: no opresora, pero no oprimida, como ahora. Las pequeñas ambiciones de los hombres pequeños y la cobardía en hacerles frente, no otra cosa, son nuestros problemas. ¿Por qué no mirar adelante? Ahí están los desafíos: una unidad de la nación, sin tabiques ni disputas estériles ni nuevas constituciones. Un progreso económico, un entramado internacional en que los EE. UU. son esenciales. Una educación seria, sin tontunas pedagógicas. Una demografía protegida. Un sitio para los licenciados universitarios, que vegetan con bequillas bastante inútilmente y vuelven sin saber dónde meterse. Un apoyo a la cultura de verdad, menos culturilla, menos desmoralización de todos. Menos tópicos falsos difundidos por la TV, más ética. Menos bandazos. Sería mejor para no perder el tren.