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ABC LUNES 16 5 2005 61 FIRMAS EN ABC MIGUEL TORRES PERIODISTA MEMORIA PERIODÍSTICA Jacqueline d Etchevers era, en los años cincuenta, la corresponsal de la agencia France Press en Madrid. Era como la encarnación viva del existencialismo, alta, delgada, morena, siempre vestida de negro... OS caminos de la memoria vagabunda nos traen los recuerdos que nos devuelven a aquellos momentos de la vida que nos parecieron, cuando los vivimos, hitos importantes de nuestra existencia. Esa memoria vagabunda nos reconstruye un pasado que en su día vivimos como presente y que, como presente, nos lo tomábamos muy en serio, en la creencia de que se trataba de un proyecto definitivo de vida, inamovible y para siempre, antes de que aprendiéramos lo efímero de las cosas. La memoria vagabunda inunda después los años de reflexión, cuando nos encontramos lejos ya del implacable ejercicio diario de la profesión periodística, en la que cada minuto del día obliga a dar cauce informativo y de interpretación al torrente desbordado de la actualidad. Es una profesión que desgasta mucho porque cada jornada es una etapa contra reloj cuyo producto muere, inservible, al día siguiente. Jacqueline d Etchevers era, en los años cincuenta, la corresponsal de la L agencia France Press en Madrid. Era como la encarnación viva del existencialismo, alta, delgada, morena, siempre vestida de negro, con pantalones y un permanente cigarrillo gitanes entre los dedos. Poseía una voz fuerte y ronca con la que proclamaba sus postulados de libertad. En aquellos años oscuros era un personaje absolutamente singular aún en los ambientes intelectuales, diplomáticos y periodísticos. Muy amiga y discípula de Albert Camus tenía frecuentes problemas con las autoridades españolas, obsesionadas con la versión que de la vida nacional se daba en la prensa francesa. Años atrás había sido expulsada de España, pero volvió al mismo puesto con renovado vigor. Para mí, un adolescente que gozaba de su amistad, era un icono deslumbrante del periodismo. Recuerdo la redacción de la agencia, en el piso último de un edificio del paseo de Recoletos en el que, años después, se abriría un teatro del mismo nombre. Jacqueline galvanizaba toda la información procedente de un mundo que había sido declarado clandestino por el régimen y a su puerta llamaba todo el caudal de la protesta política. La palabra confidencial en la portada de un documento me ha producido siempre un molesto escepticismo, quizá debido a mi primera experiencia periodística. En los últimos años de la década de los cincuenta realicé en la Agencia Efe mis primeras prácticas profesionales. El primer día reparé en una gruesa carpeta archivador, situada sobre una mesa alargada junto a la pared de cristal que corría paralela al pasillo que daba acceso a las dos grandes salas peceras donde estaban las redacciones de extranjero y de nacional. Sobre la portada de la carpeta se había pegado en gruesos caracteres la palabra confidencial Dentro de la carpeta, abierta con el lógico morbo por un aprendiz de periodista, encontré el texto íntegro de una Encíclica de Pío XII. Detrás había una serie de noticias sobre la detención de agitadores varios, explosión de un artefacto en alguna zona conflictiva, persecución de representantes sindicales ilegales y todo un muestrario de actividades de grupos clandestinos. De la Encíclica papal se había dado un resumen, ocultando aquellos párrafos que el Gobierno consideraba que pudieran ser interpretados como críticos, sobre todo cuanto condenaba a los regímenes totalitarios. Del resto de las noticias, nada había sido transmitido a los medios informativos. Confieso la conmoción que me produjo contemplar la forma en que se sometían a la censura los textos oficiales de un Papa tan conservador como Pío XII, y de qué manera, bajo el epígrafe de confidencial se le unía a las actividades de los grupos hostiles al régimen. Además de censura había consignas, unas órdenes sutiles destinadas a orquestar y rentabilizar los hechos que el régimen consideraba positivos, o para silenciar o condenar lo que entendía como adverso. Ángel Herrera Oria, fundador y primer director de El Debate a partir de 1911, sintió la vocación religiosa durante la guerra civil y se hizo sacerdote. Años después, tras haber sido consagrado obispo de Málaga, fue a visitar a Franco al que recomendó la necesidad de que fuera pensando en construir un estado de derecho. Franco le contestó extrañado que qué era eso del estado de derecho. Herrera Oria le respondió que era un estado en el que él pudiera volver a sacar a la calle El Debate aunque Su Excelencia no quisiera. Son retazos de la primera memoria periodística. ANÍBAL SABATER MARTÍN ESCRITOR LOS POLÍTICOS Y EL LENGUAJE ISRAELI y Gladstone, los dos primeros ministros más famosos de la Inglaterra victoriana, se profesaban una enorme antipatía. Gladstone era circunspecto, trabajador y profundamente religioso; Disraeli, brillante, irreverente y vacuo. Se cuenta que, en las elecciones generales de 1874, Gladstone era el favorito y que Disraeli tenía pocos argumentos de peso que oponerle. Una tarde, durante un debate, Disraeli dijo que el desempleo y la crisis económica eran una desgracia, pero no una calamidad. Alguien del público le pidió que explicara cuál era la diferencia entre ambos conceptos. Disraeli respondió con un ejemplo: una desgracia es que Gladstone tropiece y se caiga al Támesis; una calamidad es que alguien lo saque de allí La frase hizo fortuna y se convirtió en una especie de eslogan político que, tras ser repetido una y otra vez, ayudó a Disraeli a recuperar su popularidad y ganar las elecciones. D Podría pensarse que anécdotas como la de Disraeli han hecho a los políticos conscientes de la importancia del lenguaje y de la utilidad que tiene utilizarlo hábil y correctamente. Pero no es así. La carta sobre la lucha antiterrorista que el presidente del Gobierno español ha enviado recientemente al líder de la oposición es un ejemplo de uso deplorable del castellano y de desconocimiento de la gramática. En ella hay graves faltas de ortografía cómo (sic) explicó el Ministero de Justicia no se han encontrado elementos... y salidas de tono (a Ángel Acebes se lo llama el señor Acebes y a José María Aznar simplemente Aznar También se recurre a expresiones inanes el pasado día... o pomposas (se dice en el orden jurisdiccional en lugar de en los juzgados y abundan los pleonasmos ayudar, apoyar y cooperar y los giros impropios en un texto de esta categoría ni siquiera Pero lo peor es que se demuestra una gran incapacidad para expresar con rigor el pensamiento propio. Al hablar del pacto por las libertades y contra el terrorismo, dice el presidente que dos ideas inspiraron mi propuesta que aparecen literalmente recogidas en el contenido del Pacto Aparte de la atormentada construcción de la frase, ¿cómo puede recogerse literalmente una idea? Según la Real Academia, literalmente quiere decir conforme a la letra pero es evidente que las ideas (por su propia naturaleza y por oposición al pensamiento escrito) no están exteriorizadas ni puestas con letras Además, ¿por qué hablar del contenido del Pacto y no del Pacto a secas? Este uso descuidado o malicioso del lenguaje es mucho más grave cuando se produce en el campo jurídico, porque entonces se pueden crear derechos y deberes que, o bien no lo son en realidad, o bien tienen un contenido distinto del que parece que se les atribuye. El 27 de abril de este año el Parlamento de Cataluña debatió una propuesta de Estatuto autonómico formulada por el Partido Socialista de esa comunidad. De acuerdo con la propuesta, el estatuto debe contener un precepto que disponga que todas las personas en Cataluña tienen el dere- cho a utilizar y el deber de conocer las dos lenguas oficiales Es difícil hacer un ridículo legislativo mayor. ¿Qué se quiere decir con la expresión todas las personas en Cataluña ¿Se supone que los turistas finlandeses que están en Sitges deben conocer y utilizar el catalán? La situación se agrava con el uso confuso e indistinto de las expresiones derecho y deber Un concepto no puede significar al mismo tiempo una cosa y su contrario. Aunque hay algunas excepciones (como, por ejemplo, el ejercicio de la patria potestad) existen muy pocas nociones jurídicas que constituyan al mismo tiempo un derecho y un deber. Y el conocimiento de una lengua probablemente no sea ni lo uno ni lo otro. Para poder existir como deber o como derecho, el conocimiento del castellano y del catalán debe poder exigirse e imponerse coactivamente. Es decir: tiene que haber una sanción para cualquier persona en Cataluña que desconozca esas lenguas (lo cual es, sin duda excesivo) y, al mismo tiempo, cualquier persona en Cataluña tiene que poder exigir que se le enseñen completa y gratuitamente esas lenguas (otro exceso) En la medida en que tales requisitos no se dan, la propuesta de estatuto carece de valor jurídico.