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54 Cultura LUNES 16 5 2005 ABC Javier Tusell, en una imagen de archivo Gonzalo Pontón, editor de Crítica, recuerda el último encargo cumplido por Javier Tusell- -a quien hoy la UNED le rendirá un homenaje- -antes de fallecer el 8 de febrero: el tomo XIV de la Historia de España dedicado a El franquismo y la democracia, 1939- 2004 y que ya está en las librerías Javier Tusell y los cantamañanas TEXTO: T. D. FOTO: JAIME GARCÍA MADRID. Gonzalo Pontón ha sido el último editor de Tusell y cuenta que el historiador había dicho: Yo me morí el 28 de febrero de 2002 para hacernos comprender, con esa ucronía, el terrible alcance de su enfermedad. Pero, tras su muerte literaria, no paró de vivir. En realidad no había parado nunca. Tenía, ¿cómo lo diría? un chip siempre en on ¿Cómo era el trato con Tusell? -El ritmo de su conversación era impagable y, como sabía tanto y tenía la asombrosa capacidad de recordarlo todo, sus amigos solíamos echar mano de él cuando queríamos deslumbrar a alguien por poderes. -Algo que no dejó de pasar en esos últimos años de su vida. -Recuerdo la última vez que le traje como gancho a una cena de amigos en la que el invitado de honor era el historiador inglés Antony Beevor, que estaba en Madrid para el lanzamiento de su libro sobre Stalingrado. Encantado. Pero no sé yo si con mi inglés... me dijo Javier. No habríamos llegado al segundo plato cuando ya estaban enzarzados Javier y Antony- -aquél en un inglés sorprendentemente fluido, aunque retrechero y un punto cheli, y éste en su inmisericorde cockney más kensingtoniano que el de Mary Le Bow- -en los recuerdos de su experiencia de Roma, una ciudad en la que habíamos vivido los tres prácticamente en la misma época. ¿De qué más hablaron en la cena? -El dueño del restaurante había comba- tido en la división motorizada Llamas negras a las órdenes del general Coppi, en la batalla de Guadalajara. Querrás decir de Brihuega me interrumpió Beevor y, como buen oficial de Caballería, se lanzó a explicarnos los pormenores de la guerra celere y del schwerpunkt que tan poco le habían gustado a Franco. Alguien improvisó, en un bisbiseo, los primeros compases de Faccetta nera con la letra republicana: Guadalajara no es Abisinia Aquí los rojos tiran bombas explosivas... Casi sin darnos cuenta, todos nos metimos en el frangollete de la guerra civil. -Tusell era un buen conocedor de la historiografía de la guerra y de los grandes personajes del franquismo, como Carrero. -De entre todos los libros de Javier a mí me gusta mucho uno de sus menores una síntesis sobre la guerra que escribió para acompañar un libro de ilustraciones. Lo saqué a colación porque Antony también estaba trabajando en un libro sobre la guerra. -La guerra ha vuelto a tener gran protagonismo entre los historiadores, que no siempre se ponen de acuerdo, e incluso alguno contradice las visiones más moderadas y moderadoras del conflicto. -Beevor estaba perfectamente al día y mencionó un nombre. Javier saltó, divertido: ¡Pero si ese tío es un singing- in- the- morning! Ante el pasmo del británico traduje a un inglés menos castizo lo que Javier quería decir con aquello del cantamañanas Nos reímos a gusto. -Tusell más bien compartía puntos de vista como los de Preston o Moradiellos, ¿verdad? -Recuerdo con bastante precisión lo que dijo: Lo que hay que tener en cuenta, sobre todo por lo que a responsabilidades se refiere, es que la guerra no era inevitable ni, mucho menos, necesaria. La sociedad española de los años treinta tenía graves problemas políticos, económicos, sociales y culturales, pero ninguno de ellos, ni tampoco su adición, superposición o exacerbación exigían, como única salida, un conflicto armado. El lenguaje, por muy desabrido que sea, no mata, ni tampoco lo hace, necesariamente, una situación de enfrentamiento, por muy insoportable que la juzgaran las derechas. La amenaza de una revolución no es la revolución misma ¿Volvieron a tener algún otro encuentro como ése? -Aquélla fue la última vez que pude disfrutar de la lucidez y de la honestidad intelectual de Javier Tusell. Nunca hubo otra cena con él. Cuando, hace unos días, me vi con Antony Beevor en Londres me dijo tristemente cuánto le había sorprendido leer en los periódicos que Javier había muerto, y cómo recordaba, fascinado, aquella cena madrileña. Ante su sorpresa, le alargué un ejemplar de Dictadura franquista y democracia, 1939- 2004 y le dije que Javier había muerto, en realidad, el 28 de febrero de 2002. Echó una ojeada al libro y me dijo: Gonzalo: You r not a singing- in- the- morning, are you? Tusell había dicho: Yo me morí el 28 de febrero de 2002 para hacernos comprender, con esa ucronía, el terrible alcance de su enfermedad El autor de El franquismo y la democracia, 1939- 2004 pensaba que la guerra no era inevitable ni, mucho menos, necesaria