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52 Cultura LUNES 16 5 2005 ABC HAROLD BLOOM Crítico literario y escritor Yo no soy un sabio, soy un estudiante de la sabiduría Amante a partes iguales de Cervantes y de Shakespeare y muy crítico con la situación cultural de EE. UU. publica ¿Dónde se encuentra la sabiduría? un canto a la lectura que hoy presenta en España mediante videoconferencia y en el que destila sus hallazgos de lector empedernido TEXTO: ALFONSO ARMADA CORRESPONSAL FOTO: CORINA ARRANZ NUEVA YORK. Cuando Harold Bloom se hallaba en mitad del río de su último libro, ¿Dónde se encuentra la sabiduría? el corazón le traicionó y estuvo a las puertas de la muerte. Impulsado por una nueva urgencia, en cuanto recuperó las fuerzas descartó el manuscrito y emprendió la escritura de la que acabaría siendo una de sus obras más intensas y conmovedoras. Es un canto a la lectura de este profesor de humanidades en Yale, prestigioso ensayista y polemista, enamorado a partes iguales de Shakespeare y Cervantes, que aquí destila sus hallazgos de lector empedernido, retomando bajo la sombra de Job la vieja aspiración socrática de conocerse a uno mismo, algo en lo que Don Quijote y Hamlet nos superan a cualquiera de nosotros: Don Quijote no es un loco. Es muy sabio dice. En su casa de Nueva York, todavía herido por el rayo, pero coqueto como un actor que se resiste a abandonar la escena a dos meses de cumplir 75 años, destila un diagnóstico de ironía y pesadumbre cuando considera el espantoso estado en que se encuentra la educación, la cultura y la política en Estados Unidos. El declive de la democracia en Occidente está ligado al constante declive del humanismo Cuando mira hacia atrás, reconoce: Ojalá hubiera sido una persona mejor -El comienzo del libro surge de una necesidad personal reflejada en una búsqueda de la sagacidad que pudiera proporcionar consuelo y claridad en medio de los pesares del envejecimiento, la recuperación de una grave enfermedad y el luto por la pérdida de amigos queridos A la hora leer y enseñar sigue tres criterios: esplendor estético, poder intelectual y sabiduría -Me gustaría advertir de que en esos tres criterios no hay ninguna inflexión bíblica. Había completado una versión diferente de este libro cuando descubrieron que mi corazón estaba en un estado terrible y tuvieron que hacerme un triple by- pass. Además, un puñado de buenos amigos, algunos más jóvenes que yo, se fueron repentinamente. Cuando me recuperé, volví a ver el libro bajo una óptica completamente diferente y lo reescribí por completo, tratando de averiguar cuáles podían ser considerados escritores verdaderamente sabios. Arranqué con una reflexión sobre el Eclesiastés y el Libro de Job para adentrarme después en lo que creo que es el capítulo más ambicioso: la gran disputa de Platón con Ho- De la Biblia al siglo XX Nacido en Nueva York en 1930, Harold Bloom es profesor de Humanidades en la Universidad de Nueva York, y una de las personalidades más influyentes de la crítica literaria. Es miembro de la American Academy of Arts and Letters y, entre otros prestigiosos galardones, ha obtenido el McArthur Prize Fellow (1985) el Premio Alfonso Reyes de México y el Premio Nacional de Cataluña (2002) Como autor, ha publicado más de veinticinco libros, entre los que sobresalen El canon occidental Presagios del milenio Shakespeare La invención de lo humano Cómo leer y por qué El libro de J. y El futuro de la imaginación En su nuevo libro, ¿Dónde se encuentra la sabiduría? (Taurus) Bloom nos lleva desde la Biblia hasta el siglo XX en busca de las claves que atesora la literatura en las que hallar sentido tanto a nuestra vida como a nuestra muerte. Cuando mira hacia atrás, Harold Bloom reconoce: Ojalá hubiera sido una persona mejor mero a cuenta de la filosofía y la poesía, para después dar un salto a los más grandes escritores profanos de todos los tiempos en Occidente, Cervantes y Shakespeare, que sin duda pueden ser considerados escritores sabios, para a continuación iniciar una secuencia histórica: Montaigne y Francis Bacon en el XVII, Samuel Johnson y el gran Goethe en el XVIII, Emerson y Nietzsche- -que estaba muy al tanto del primero- -en el XIX y en el siglo XX, después de pensar mucho quién contraponer a Freud- -que sin duda es el Montaigne del siglo XX, no tiene sentido insistir en que se trata de un científico como Darwin- -opté por Proust. Para terminar con una incursión en la sabiduría cristiana que más me conmueve, como el evangelio gnóstico de Tomás, y la gran cabeza de la iglesia católica, San Agustín. Aunque en Estados Unidos la reacción ante el libro ha sido considerarlo difícil, no creo que lo sea. Sí, pienso que con el predominio absoluto de la pantalla (de televisión, cine y ordenador) y de toda la basura que destila, la sociedad estadounidense se ha vuelto incapaz de leer. La gente está desertando de la lectura. -En su libro, dice: Platón certeramente arguye que la mayoría de los ciudadanos nunca crece, y además necesita ser alimentada con ficciones benignas en lugar de epopeyas homéricas, donde los dioses son egoístas, agrios espectadores, encantados de vernos sufrir en su teatro de la crueldad ¿Es ésa la historia de nuestro tiempo de miedo e ignorancia, con la sabiduría fuera de sitio desde el periodismo a los gobiernos, el entretenimiento como cultura, y las mayorías contemplando programas idiotas en las pantallas para matar el tiempo mientras llega la muerte? -Es muy desafortunado que mientras la lingua franca es el inglés que se habla en este país vayamos a asistir al colapso cultural absoluto de Estados Unidos. Es espantoso el estado en que se encuentra la educación, la cultura y la política en Estados Unidos. El declive de la democracia en Occidente está ligado al constante declive del humanismo. La estadounidense es una sociedad enferma. No puedo verdaderamente responder a su pregunta. Uno de mis momentos preferidos del libro es cuando señalo que la sabiduría de Montaigne no es bíblica, está mucho más interesado en Sócrates, quien es citado en sus Ensayos más de cien veces, mientras que Cristo es mencionado sólo nueve o diez veces. A los que se preguntan si la filosofía debería ser una preparación para la muerte, si es necesario saber cómo morir, Montaigne apunta de forma soberbia: Si no sabes cómo morir, no te preocupes. La naturaleza te dirá qué hacer en esa circunstancia. Ella hará perfectamente su trabajo para ti; no te preocupes por lo que hayas oído acerca de ello No creo que absorber sabiduría a través de la literatura nos prepare mejor para la hora de la muerte. No entiendo lo que significa una buena muerte. La muerte no es una buena cosa, aunque eventualmente sea inevitable. -En el libro confiesa que uno de sus aforismos preferidos pertenece al rabino Tarphon: No estás obliga- do a completar tu trabajo, pero tampoco eres libre para dejarlo a medias ¿Es su propia vida? -El rabino Tarphon, del siglo II, tenía un acusado sentido del deber, y creo que de alguna forma es lo que he intentado hacer, seguir enseñando año tras año: si alguien te pide que termines tu trabajo, qué sentido te queda. ¿Sería su mejor retrato? -Nadie puede terminar tu trabajo en tu lugar. Pero no eres libre de abandonar. A medida que he ido envejeciendo he ido abandonando toda pretensión. De alguna manera soy el paria de mi profesión en Estados Unidos, sobre todo entre quienes enseñan literatura en este país. Le contaré una anécdota: hace unos días, una ayudante que me pasa los textos al ordenador me contó que una profesora de cuyo nombre no vale la pena acordarse y que a lo mejor ya no está entre nosotros y que ejercía de adjunta en el peor departamento de toda la universidad de Yale (el de literatura) dedicó dos horas a explicar que Walt Whitman era un racista y Bloom abre los brazos en dramático gesto de desconsuelo, como si el viejo Falstaff, que en ocasiones ha parecido encarnar, ya no tuviera fuerzas para luchar contra los elemen-