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6 Opinión LUNES 16 5 2005 ABC VADE MECUM TRIBUNA ABIERTA NICOLÁS REDONDO TERREROS RAJOY: FUERZA Y DIGNIDAD ¿ACUERDO O E L debate sobre el estado de la Nación no ha defraudado. Los mil muertos que el nacionalismo expone permanentemente como base negociadora para que no se dupliquen; el chantaje continuado de los grupúsculos minoritarios, nacionalistas y comunistas por supuesto, ofreciendo colaboración a cambio de territorios étnicos o de demandas desbocadas; y la debilidad de los dos grandes partidos constitucionales, PP y PSOE, cada unotributario de su propia carcoma, ha desembocado en un debate, al cabo de veintisiete años de la aprobación de la Constitución, no sobre el estado de la Nación, sino sobre el Estado y la Nación, como escribía, con su proverbial acierto, César Alonso de los Ríos el viernes pasado. JORGE TRIAS Ante este panorama desoSAGNIER lador, Mariano Rajoy hubiese podido tomar el camino del político de pensamiento débil, dispuesto a hacer todo tipo de cesiones y de desistimientos con el fin de contentar al adversario. Desistir, por ejemplo, del concepto constitucional de Nación, base de la libertad; desistir, también, de la defensa de la unidad de la lengua garantía de la igualdad de los ciudadanos en los tres órdenes constitucionales: administrativo, legislativo y judicial; desistir, por qué no, de la persecución implacable de quienes han hecho del crimen un arma política y, en el mejor de los casos, dar unas cuantas palmaditas en las espaldas- -esas frágiles espaldas, Dios mío- -de las víctimas; desistir, en suma, de la dignidad, a cambio de un hipotético rédito político. Hay, en fin, quien de forma indigna ha escrito, para justificar una hipotética negociación que ni siquiera por omisión se debe traicionar la esperanza de los vivos (Esos vivos o vivales a quienes no les importabailar una danza macabra sobre los cadáveres de quienes dieron su vida por la libertad) Rajoy, por fortuna, tomó la dirección contraria. Estoy convencidode que Mariano Rajoy tuvo que forzarse a sí mismo para hacer un discurso tan duro, y tan eficaz, como el que pronunció la otra tarde. Desgraciadamente no es éste un tiempo para florituras, sino la hora de las grandes verdades. El Gobierno ya se ha desenmascarado y quiere negociar con ETA. Y quiere hacerlo salpicando a toda la Cámara, no como lo hizo González en Argel o Aznar en Zúrich, con contactos informales y bajo la responsabilidad única de su respectiva autoridad, sino con el respaldo de la Cámara. Ya nos advertía ayer el editorial de El País de que habría que pagar contrapartidas. Pues no. Creo que en esta ocasión Peces- Barba ha dado en la diana al afirmar que la rendición de ETA es previa a cualquier otra decisión. Y en ese sentido, el discurso de Rajoy y su negativa a asumir esa iniciativa suicida colocarán al Gobierno, y a quienes quieran seguirle, ante su propio espejo. Si Zapatero consigue la paz, sin trocear España en naciones artificiales, sin soltar a los presos y respetando la dignidad de las víctimas, tendrá el reconocimiento general de sus conciudadanos y el más alto juicio histórico. Mientras tanto, dejemos que un criminal como Otegui aplauda al Gobierno, y que Rajoy siga manteniendo, junto a su partido, la fuerza de la dignidad. NEGOCIACIÓN? Enviado por su autor a nuestra Redacción el pasado viernes, antes de la crisis provocada por las propuestas que se discutirán mañana en el Congreso, el artículo denuncia la postura negociadora con el entorno etarra que defiende el Gobierno de Zapatero E N España siempre ha habido dos posturas antiETA: unos creen inevitable un acuerdo para que la banda deje de matar y otros simplemente quieren derrotarla. Los primeros piensan que existe un conflicto político en el País Vasco capaz de explicar las acciones de la banda terrorista, aunque no las compartan; los segundos consideran que no hay justificación posible para sus acciones. Los primeros no han creído nunca en la capacidad del Estado de Derecho para acabar con los terroristas, los otros piensan que sólo la aplicación de la Ley puede conseguir el final de la pesadilla. Una parte de los primeros, todos los nacionalistas, esperan sacar provecho político de una posible tregua; los otros, todos los otros, consideran que pensar en una solución política fortalece a los terroristas y los radicaliza. Unos, los primeros, creen suficiente una tregua indefinida- -valga la contradicción de los términos- el resto, sólo se conforma con la derrota de los terroristas. La estrategia de los primeros se impuso desde los primeros años de la transición hasta el primer gobierno de José María Aznar. El recorrido tan largo de esta apuesta se debió a que el nacionalismo nos había ganado la batalla política y ejercía su capacidad de liderazgo, de iniciativa y hasta de veto en la lucha contra ETA, con la seguridad añadida de que el Estado de Derecho sería incapaz de ganar a la banda terrorista, por lo que era necesario aprovechar los momentos de su mayor debilidad para negociar; complementariamente se creyó en la imbatibilidad de la organización terrorista. No excluyo ¡cómo lo iba a hacer! las buenas intenciones, preñadas de impulsos morales, de muchos políticos españoles, pero el poder que dimos a los nacionalistas y la poca confianza en nuestras propias fuerzas explicaría por sí sola la gran perdurabilidad de una apuesta que se comprobaba errónea año tras año y asesinato tras asesinato. Desde el secuestro y asesinato de Miguel Ángel Blanco, se inició en España, y muy especialmente en el País Vasco, un movimiento que proponía la derrota de ETA, defendiendo que sólo la victoria por aplicación de la Ley podía garantizar a medio plazo una convivencia no sólo pacífica sino en libertad. Fue en aquel momento cuando empezamos a tener confianza en nosotros mismos y en el Estado de Derecho de nuestro país, a la vez que inevitablemente el nacionalismo iba perdiendo su posición de privilegio, su capacidad de iniciativa en ese aspecto. Estos tres factores condujeron al PNV a una negociación in extremis para evitar la derrota de ETA, de la que nació la Declaración de Estella. Nosotros, por el contrario, fuimos directamente hacia el Pacto por la Libertad. El Acuerdo propuesto por José Luis Rodríguez Zapatero a instancias de los socialistas vascos tenía carácter nacional: se realizaba entre quien gobernaba en aquel -Lo que nosotros dos ya nos negamos a darle a ETA a cambio, ¿por qué piensas que tú sí puedes concedérselo?