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ABC DOMINGO 15 5 2005 Los domingos 53 La sucesión ¿Qué general resultó decisivo en la designación del Príncipe de Asturias como sucesor a título de Rey? -El régimen de Franco es esencialmente mixto, híbrido, de una gran complejidad. No es ni siquiera un régimen militar y de aquí la dificultad de interpretarlo. Porque si hubiera sido ideológicamente uniforme estaríamos hablando de un fascismo y de alguien como Hitler o Mussolini, y cualquier buen conocedor del franquismo sabe que Franco de fascista y totalitario no tenía nada. Eso es falso, se demuestra con los hechos, y tiene que ser corregido. Producida una guerra civil y, tras la victoria, aceptado por los generales de Franco que la situación creada es temporal y tiene que desembocar en otra, se produce una polémica interior que halla en esos militares distintas opciones. Franco duda porque el complejo que forma con sus generales es verdaderamente antagónico. Pero en la cuestión sucesoria debo decir que corresponde el protagonismo al propio Jefe del Estado. No fue transferida esta tarea al Ministerio del Ejército, aunque las etapas de los generales Barroso y Castañón de Mena fueron muy propicias. Pienso que este asunto Franco lo consultaba con políticos civiles- -Rodríguez de Valcárcel y Fernández- Miranda- Pero el apoyo mayor lo tuvo hacia 1969 en Carrero Blanco y en Alonso Vega, si nos limitamos al apoyo militar o naval. Lo importante estaba en otros apoyos de condición civil a la restauración. aisladamente. Todos los gobiernos de Franco fueron de concentración dentro de los límites fijados por la victoria de 1939. A medio plazo, la identidad se produce respecto a quienes quieren la sucesión en la persona de Don Juan Carlos de Borbón y renuncian a la formación de un Estado autoritario. Citando personalidades deberíamos decir, por este orden, Fidel Dávila, Juan Vigón, Asensio Cabanillas, Alonso Vega, Carrero Blanco y Nieto Antúnez. El lector debe caer en la cuenta de que, además de los generales y almirantes que se citan, hubo personalidades civiles y corrientes de opinión dentro del régimen que pesaban mucho más que los propios militares. El libro señala el sentido de unas posturas que, por su propia naturaleza, no fueron decisivas. Lo decisivo viene de un pensamiento político que se fraguaba en organismos civiles. ¿Cuáles fueron las causas del paulatino alejamiento de los militares de la esfera política? -Fue el propio régimen el que, por sentido común, creyó, sucesivamente, que no debía designar desde 1944 militares a cargo de las relaciones internacionales; que no debía reiterar la presencia de generales en el Ministerio de Gobernación, distintos de los responsables de la Guardia Civil y de la Policía Armada, y, finalmente, que debía controlar el peso político creciente de los jurídicos militares. El libro revela que durante el segundo tercio del régimen del general Franco progresó mucho en los cuerpos de oficiales la profesionalidad. Pero esta tendencia hay que entenderla a pesar de la continuidad de unos pocos tenientes generales en puestos decisivos. ¿Qué general pagó más caras sus fidelidades políticas? -Claramente, esta cuestión se superpone a la historia de las disidencias. Hubo arrestos, pero, sobre todo, pérdida de confianza. No hay sanciones graves irreversibles, sino distanciamiento de la toma de decisiones. Ahora bien, ningún general disidente recibió tampoco más confianza en la zona donde tenía las raíces su fidelidad ideológica. Quizá por razones de edad (y en el otro caso de salud) ni Kindelán (monárquico) ni Yagüe (falangista) ejercieron una influencia notable entre los suyos. ¿Quién fue el que mantuvo mayores diferencias con Franco y el que resultó más incómodo para su gobierno? -El que más se distanció de Franco fue Aranda, porque Kindelán y Orgaz- -y desde luego Yagüe- -siempre conservaron un espacio donde la ruptura era más aparente que real. Eran compañeros de armas y seguían unos mismos principios. No sólo tenían distinto temperamento. Tenían estrategias incompatibles. Pero conviene decir que las disidencias no tuvieron la misma intensidad, según fuera la figura al frente del Ministerio del Ejército o del Alto Estado Mayor. ¿Quién resultó de mayor utilidad para el régimen? -Claramente, Gómez Jordana, Vigón y Asensio durante la Guerra Mundial. Después, Dávila y Muñoz Grandes para superar el cerco de las Naciones Unidas. Finalmente, Carrero Blanco y Alonso Vega para enderezar hacia la restauración monárquica la política interior. Cada uno fue útil en un tiempo y para una cuestión. ¿Y quién el que más influyó en Franco y, por tanto, el que mayor poder tuvo? -Yo hablo de muchos generales y no defendería nunca la tesis de que Franco bebió por los ojos de Menganito, que es el objeto de su pregunta. No. Prescindiendo del poder ostentado en 1942 por Ramón Serrano Súñer, un civil, puede hablarse hacia 1962 de Muñoz Grandes en relación con el Ejército, de Alonso Vega en relación con los gobiernos civiles, y de Carrero Blanco en las posturas con eco internacional. Pero desde 1962 hay varias figuras de condición civil que operan con autonomía y que en nada dependen de la opinión de los generales. ¿Cómo concibe en esta perspectiva histórica el asesinato del almirante Carrero Blanco, la eminencia gris del régimen? -Es un atentado terrorista y nada más, con intencionalidad política más alta, es decir, el magnicidio. Pero la situación en 1973 era políticamente imparable porque todo estaba decidido, la sucesión y la reforma. No se olvide que habían muerto Muñoz Grandes y Alonso Vega y que existía una importante burocracia civil en puestos decisivos. -Aunque su libro termina en 1976, ¿se atrevería a definir la esencia del generalato actual? -Ni ahora ni nunca en nuestra historia, desde Felipe V de Anjou, existe el generalato como cuerpo vertebrado para la toma de decisiones. Existen conatos de creación, de Juntas de Generales o de Estados Mayores Centrales o Conjuntos. Siempre son una breve lista de nombres que durante un puñado de años son consultados por el poder político que los promovió. Existen los generales y los almirantes como piezas sin soldar, que son los resultados de resoluciones de ascenso tomadas en múltiples consejos de ministros. Todo Estado Mayor General, por definición, carece de uniformidad.