Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
52 Los domingos DOMINGO 15 5 2005 ABC ENTREVISTA MIGUEL ALONSO BAQUER General, historiador y asesor del Ministerio de Defensa Franco de fascista y totalitario no tenía nada, y es algo que debe corregirse Treinta años después de la muerte de Franco, un análisis riguroso arroja luz sobre quiénes fueron y cómo actuaron los militares que participaron en la toma de decisiones políticas durante su régimen. La relación entre el franquismo y el Ejército vista por un general. TEXTO: VIRGINIA RÓDENAS FOTO: SIGEFREDO Después de 55 años de vida militar tiene cierta explicación que cuando el periodista se sienta delante del general Alonso Baquer a este le parezca que está al mando de la tropa, enfureciéndose cuando la entrevista no discurre por los derroteros que ha previsto. Un recelo alimentado por el temor a que pueda malinterpretarse el objeto de su flamante Franco y sus generales (Edit. Taurus) repitiendo una y otra vez, como si además la tropa estuviera tonta, que su propósito es el de contar qué pasó en el régimen de Franco con los militares que colaboraron con el caudillo en cargos políticos o en puestos decisivos, sin juzgar a nadie Este asesor del Centro Español de Estudios Estratégicos y, por tanto, consejero del ministro José Bono, quiere dejar también muy claro que lejos del oportunismo, el análisis lo pudo escribir hace treinta años lo mismo que ahora, pero que no ha sido hasta hace unos meses cuando el letrado del Consejo de Estado Miguel Herrero de Miñón alentó su concepción con una frase que el general califica hoy de estúpida: Si no escribe ese relato de la historia- -explica que le dijo- será un pecado mortal Y ahí está la obra, que el autor conceptúa de delicadísima y compleja que echa por tierra la uniformidad de pensamiento y de acción de los militares, al fin y al cabo, un mundo vivo formado por personas que cambian muchas veces de opinión ¿Y usted qué opina de la corriente actual del revisionismo histórico, del perdón por el pasado y de la resurrección social de los muertos? -Puedo tener opinión sobre esa corriente, pero Franco y sus generales no está instalada en ella. El libro no revisa ningún otro libro anterior ni ninguna otra interpretación distinta de la que yo doy. Es un libro original y nuevo que analiza quiénes fueron y cómo se comportaron un número elevado de militares de carrera, generales y almirantes, que tuvieron puestos decisivos durante un régimen que duró cuarenta años. Aquí de muertos no se habla nada, ni hay juicio crítico sobre ninguna persona. De todas formas, a su pregunta respondo que todo lo que sea conocimiento riguroso a través de documentos está siempre bien recibido; pero, si alguien se separa de esto y lo que hace es colocar su investigación al servicio de una postura actual oportunista, entonces a mí, como historiador, deja de interesarme. Hay una frase muy generalizada y muy desafortunada: que la historia lo juzgue. Falso. Eso decepciona al lector porque para él lo más fácil es decir de quiénes somos partidarios y de quién hablamos mal. La sociedad española siempre es una sociedad delicada, difícil de tener serena, y, por tanto, la misión que yo he asumido por mi profesión militar es aportar a los españoles serenidad. Tal vez otros prefieren agudizar el conflicto. -Como especialista en sociología política, ¿qué análisis hace de la retirada de las estatuas de Franco? -Eso me tiene absolutamente sin cuidado, es una acción que no pasa por mí ni por mis compañeros. Mire, me estoy empezando a irritar. Ni esto ni lo anterior tiene nada que ver con mi tarea ni con mi libro. Ni me he quejado cuando las han retirado ni me alegré cuando las pusieron. Por favor, elimine la pregunta porque con eso sólo pretende saber de quién soy amigo o enemigo, o de si hablo bien o mal del Gobierno, y yo no hablo del Gobierno. Yo no he escrito el libro en función de la estatua de Franco, no hay ninguna referencia al Valle de los Caídos ni a la Guerra Civil. Yo de eso no debo ser interrogado, sólo me puede preguntar de la parte que yo he querido hacer pública. -Pues hablemos del papel de los militares y sus disidencias. Asegura que no se han valorado en todo su alcance por los historiadores. -No hago valoraciones. Valorar es una palabra muy política y yo soy militar. Sólo cuento lo que pasó. Todo un capítulo que se titula La crisis militar de los años cuarenta pone de relieve que hubo actitudes de generales del más alto rango dispuestos a manifestarse gravemente críticos contra el Generalísimo Franco. Les dedico mayor atención a las posiciones de Alfredo Kindelán, de Juan Yagüe, de Juan Beigdeber, de Antonio Aranda y de Luis Orgaz. Lo más significativo de las disidencias tiene que ver con la ruptura respecto a las potencias del Eje y con la urgencia de una restauración de la Monarquía. También hubo disidencias en cuestiones concretas en los años sesenta, representadas por Juan Bautista Sánchez González y Rafael García Valiño, y hasta podría añadirse la crisis final de Manuel Díez Alegría. Lo que yo subrayo es que la institución Ejército había estado muy dividida desde tiempo atrás. Y que en circunstancias problemáticas siempre se manifiestan posturas diferentes. Fueron disidencias graves; pero el régimen las superó sin graves daños para su propia continuidad. Otra cosa es el daño padecido por personalidades muy dignas y valiosas que le habían prestado al régimen servicios eminentes. ¿Qué grupo de generales encarnó mejor el esquema mental de Franco como gobernante? La sociedad española es difícil de tener serena, y, por tanto, la misión que yo he asumido por mi profesión militar es aportar serenidad a los españoles. Otros prefieren agudizar el conflicto Ningún general disidente recibió tampoco más confianza en donde tenía la raíz ideológica. Ni Kindelán (monárquico) ni Yagüe (falangista) ejercieron gran influencia entre los suyos -Lo que usted quiere que le diga es que Franco bebía por los ojos de Menganito, y no lo voy a decir, porque eso no se ha dado. Entre cuatro grupos del generalato (o del almirantazgo) con carga ideológica, que realmente aparecieron durante la Guerra Civil, no puede decirse que sólo uno encarnara el esquema mental de Franco. Hubo un grupo de monárquicos propensos al tradicionalismo, otro de tradicionalistas propiamente dichos, un tercero de generales falangistas, y uno más, católico o democristiano. El secreto (o la habilidad) de Franco consistía en no romper con ninguno de ellos, aunque alguno de sus componentes quedara separado de su confianza, considerado