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26 DOMINGO 15 5 2005 ABC Internacional El aplastamiento de la revuelta en Andizhán podría haber causado quinientos muertos La protesta uzbeka prende también en la frontera con Kirguistán de Uzbekistán, Islám Karímov, intervino ayer en televisión para justificar la brutal intervención del Ejército y acusó a los integristas islámicos RAFAEL M. MAÑUECO. CORRESPONSAL MOSCÚ. Debido a los esfuerzos de las autoridades uzbekas por lograr que ni un solo periodista pueda llegar al valle de Ferganá, en cuya ciudad más importante, Andizhán, el viernes por la noche debió de producirse una extraordinaria matanza, está siendo muy difícil establecer el número real de víctimas. Según los distintos testimonios, las cifras de muertos están entre las cincuenta y las quinientas personas. El presidente de Uzbekistán, Islám Karímov, intervino ayer en televisión para justificar la brutal intervención del Ejército, pero no dijo cuántos civiles perecieron en Andizhán. Murieron diez soldados nuestros y muchos más entre los criminales armados afirmó Karímov, sin hacer ningún comentario en relación con las informaciones que sostienen que la mayor parte de las víctimas mortales se produjeron entre los habitantes de la ciudad que participaban en un mitin de protesta contra la política de Karímov. b El presidente recidos se cuenta por centenares manifestó Zainabitdínov. De acuerdo con sus cálculos, teniendo en cuenta los cadáveres contabilizados y los datos sobre gente desaparecida, el número total de fallecidos podría rondar los quinientos Mientras tanto, al aeropuerto de Ferganá, localidad situada un poco más al sur, no cesaron de llegar aviones de transporte militar con nuevos efectivos. Frontera con Kirguistán El epicentro de la revuelta se trasladó ayer a la población de Ilichovsk, situada en la frontera con Kirguistán, y al vecino poblado de Karasu. Alrededor de unas 3.000 personas, según las televisiones rusas, organizaron un mitin en Ilichovsk para denunciar la brutal represión llevada a cabo por el Ejército uzbeko en Andizhán. Tras acusar a Karímov de tener las manos manchadas de sangre pidieron a las autoridades kirguisas que les permitan pasar a su territorio para ponerse a salvo de una nueva matanza. La posibilidad de otro baño de sangre, ahora en Ilichovsk, se presenta muy probable, ya que el presidente uzbeko advirtió ayer de que la frontera con Kirguistán se ha convertido en un nido de fundamentalistas. Durante los disturbios, en Karasu fueron quemados varios coches de la Policía y se intentó reparar el viejo puente que separa ambos lados de la frontera. Una de las calles de Andizhán después de la revuelta del viernes pasado Las imágenes filmadas por videoaficionados muestran desolación, cadáveres por las calles y vehículos quemados En la parte kirguís del valle de Ferganá están enclavadas las ciudades de Osh y Jalal- Abad, en donde comenzó la revuelta que terminó derrocando al presidente Askar Akáyev el pasado Desolación y cadáveres Las pocas imágenes filmadas el viernes y ayer por la mañana en Andizhán por videoaficionados muestran desolación, cadáveres por las calles, vehículos y edificios quemados, soldados en cada esquina, helicópteros sobrevolando la villa y mujeres llorando. La agencia digital centroasiática en lengua rusa fergana. ru ofrecía en su portal de internet una larga lista de declaraciones de testigos presenciales. Según uno llamado Azim, los soldados empezaron a disparar contra nosotros sin previo aviso. Murieron muchas mujeres y niños Saidzhajón Zainabitdínov, responsable de la organización de derechos humanos uzbeka Apelación dijo que los muertos fueron recogidos por soldados, cargados en camiones y llevados después a un lugar desconocido. En Andizhán hay muchas personas que no han podido encontrar todavía a sus familiares. El número de desapa- mes de marzo. Debido al contencioso territorial que enfrenta a Tashkent y Bishkek por un trozo del valle de Ferganá, el Gobierno uzbeko ordenó desmontar el puente sobre el río Sharijansái. Su reconstrucción podría constituir un argumento más para Karímov en su celo por no dejar títere con cabeza. Pese a que la frontera con Kirguistán permanece cerrada, seiscientos refugiados uzbekos consiguieron ayer atravesarla. La yihad islámica se dota de nuevos símbolos y mártires R. M. M. MOSCÚ. Si la miseria en el valle de Ferganá ha sido un excelente caldo de cultivo para que prenda el islamismo radical, la sangrienta represión que está llevando a cabo el presidente Islám Karímov contribuirá en poco tiempo a que aumente el número de prosélitos de esas organizaciones integristas. Hay una cosa segura, y es que a partir de ahora Ferganá va a ser un lugar donde todo combatiente muyahidín sea de Al Qaida o de cualquier otro grupo comprometido con la yihad, va a encontrar cobijo. Los analistas coinciden en señalar que el empleo desproporcionado de la fuerza en Uzbekistán puede conducir a un aumento del terrorismo en la zona y a la desestabilización de toda Asia Central. El valle de Ferganá, escenario en el pasado de enfrentamientos étnicos y de combates con la guerrilla islámica tayika, es una lengua que casi parte por la mitad la vecina Kirguistán y está rodeada de montañas por todas partes salvo por el oeste, en cuyo extremo se encuentra Tashkent, la capital uzbeka. El control de esa zona es vital para el Gobierno del país. La zona, donde hay bases rusas y americanas, tiene una gran importancia estratégica por sus yacimientos de hidrocar- buros y por encontrarse junto a Afganistán. Pero, por haber permitido a Karímov repartirse con sus familiares las riquezas del país, dejando a la mayoría en la miseria, la alternativa ahora es dejar la vía abierta a una revolución islámica o seguir aplastándola en sangre lo que crea mártires y causa indignación entre los musulmanes de todo el mundo, incluidos los veinte millones que viven en Rusia.