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22 Nacional DOMINGO 15 5 2005 ABC ÁLVARO DELGADO- GAL ESPACIO INÉDITO E l jueves, en el Congreso, Zapatero jugó al sí y al no De un lado, confirmó la ruptura entre ambos partidos: Para desgracia del PP y del PSOE, a tenor de lo que hemos visto, sólo compartimos en este momento el mucho dolor que hemos sufrido unos y otros como consecuencia del terrorismo Del otro, tendió una mano al PP: Nada me alegraría más que poder recuperar el proceso de entendimiento Corren distintas versiones sobre las causas concretas de esta inflexión o cambio de actitud. Pero creo que es tarde para entretenerse en niñerías. Lo ocurrido durante el debate es probablemente irrevocable, o lo es mientras Zapatero y Rajoy permanezcan al frente de sus partidos respectivos. Quedó cla- ro, eminentemente claro, que Zapatero no podrá aproximarse a Rajoy sin que se verifique antes una recomposición radical de sus alianzas. Lo que significa, en moneda contante y sonante, que Zapatero debería renunciar antes a ser Zapatero. A la inversa, Rajoy ha iniciado un movimiento sin marcha atrás. La fórmula empleada, la de la traición a los muertos, es como una cadena de hierro. Si Rajoy decidiera ser contemporizador, tendría que tragarse la memoria de los muertos. Y eso es difícil. Una persona que no hubiera excluido una retirada táctica, no se habría empeñado de modo tan terrible. Confieso que la frase de Rajoy me produce estremecimiento. Habría preferido que no se convocara a los muertos. Esto dicho, hay que ponerse a la tarea de encontrar explicaciones y sa- car consecuencias. ¿Por qué ha decidido Rajoy quemar las naves? Un motivo obvio, y bastante comprensible, es que no se fía ya de Zapatero. La propuesta de enero se resolvió en humo. Y los escarceos del Gobierno en el País Vasco son harto preocupantes para quien no esté ciego. El segundo motivo es de naturaleza estratégica. Zapatero ha hecho inversiones políticas enormes en Cataluña y en un desenlace favorable del proceso de paz en las tres provincias del norte. A partir de cierto momento, las inversiones alcanzan masa crítica. Los costes de recular son tan grandes, que se tiende a elevar la puesta antes que cubrirse frente a un posible fracaso Por último, la adaptación del PP al escenario generado por las iniciativas socialistas es muy complicada. Según van las cosas desembocaremos, a no mucho tardar, en una organización del Estado de índole confederal. En mi opinión, esta confederación no programada, sino más bien sobrevenida, sería inviable. Estaríamos abocados a un desorden feroz de la vida pública, seguido de la defunción del régimen del 78 y acaso de la extinción de los partidos naciona- Homenaje en Toledo a dos militares muertos en Irak J. R. C. La localidad toledana de Navahermosa rindió ayer un homenaje a dos militares, naturales de este pueblo, muertos en Irak: el comandante de la Guardia Civil Gonzalo Pérez, asesinado en 2004 de un tiro en la cabeza, y el sargento del CNI José Antonio Bernal, muerto en 2003 en atentado terrorista en Bagdad. Sus familiares recibieron una placa del alcalde, Carlos Emilio Pérez. Se celebró un desfile militar que estuvo presidido por el teniente general Agustín Muñoz Grandes, el general de la Guardia Civil Cándido Cardiel y el coronel Ruiz Mialdea. J. R. CALERO les. Este horizonte provoca angustia en sectores varios del PSOE. Pero es mortífero a corto plazo para el PP, cuyo rasgo cohesivo es una concepción nacional del territorio. Un PP que hubiese renunciado a sus señas de identidad, se disgregaría en poderes regionales, a mayor velocidad incluso que el PSOE. El hecho de que las CCAA que ceden renta sean en su mayoría populares, opera a favor de esta hipótesis. Rajoy no quiere esto. Y ha cortado de un hachazo las amarras que atan a su partido a un sistema a la deriva. Se trata, indudablemente, de una determinación de calado histórico. ¿Saldrá con bien Rajoy de su compromiso? Existen desafíos próximos y potencialmente concluyentes. Un revés en Galicia provocaría en el PP el sentimiento de que se va a perder el combate y activaría galvanismos impredecibles en los engranajes del partido. Los partidos, aún más que organizaciones destinadas a representar el interés general, son empresas cuya prioridad consiste muchas veces en evitar que crezca el paro entre los profesionales que viven de la política. Rajoy se vería en la necesidad de pedir a los suyos que renuncien a la tentación de pactar en un paisaje mudado. No es seguro que lo consiguiera. Permanece una segunda cuestión, todavía más importante. El miércoles pasado, Rajoy escenificó de modo consciente la soledad del PP. El PP está solo, rigurosamente solo. Según su propio guión, un guión cuando menos atendible, está solo en defensa de la legalidad. El caso, sin embargo, es que la defensa de la legalidad, o de un régimen y un pacto vulnerados, no pueden acometerse contra el consenso del resto de los partidos sin apelaciones dramáticas a la patria, la razón o la justicia. Da lo mismo, en este sentido estricto, que los valores que se evoquen sean moderados. El que se atreva a presentar batalla en nombre de la moderación, se verá precisado a hacerlo de modo progresivamente radical. Incluso revolucionario. Rajoy sabe todo esto. Razón de más para pensar que el paso recién dado proyecta a este gallego tranquilo a un espacio por entero inédito.