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ABC DOMINGO 15 5 2005 Opinión 5 CARTA DEL DIRECTOR IGNACIO CAMACHO LA EUFORIA Y LA PACIENCIA Cada oportunidad tiene su tiempo, y el de Rajoy no es todavía el del asalto al poder. El líder del PP tiene ante sí un desafío de resistencia, que pasa por las elecciones gallegas de junio, y más allá de ellas por el asentamiento entre sus propias huestes de su condición de liderazgo y de alternativa NA de las virtudes imprescindibles para el éxito en la política es la adecuada medida de los tiempos, delicado manejo que consiste en acompasar las tácticas de cada momento al ritmo que piden las circunstancias. Convieneaesterespectomantener la cabeza fría y objetivar al máximo posible el análisis; las prisas, los deseos y hasta las intuiciones suelen ser malos consejeros a la horade ponderarla correspondencia de cada paso con su oportunidad estratégica. Muchas veces, en democracia no basta con disponer de una oferta atractiva, ni siquiera con cargarse de razones y fundamentos; es menester esperar el momento de formularlos para coincidir con unas condiciones sociales óptimas. El manual de la política moderna aconseja al respecto tres premisas básicas: la primera, asegurarse el apoyo del partido propio y sus simpatizantes más cercanos; la segunda, acertar con una oferta que supere este ámbito para atraerse el respaldo de una mayoría social; y la tercera, elegir el momento en que el adversario esté más débil, bien por el desgaste del ejercicio del poder o por la agudización de sus propias contradicciones internas. La vibrante intervención parlamentaria de Mariano Rajoy en el debate sobre el Estado de la Nación, con la demoledora tromba dialéctica que descargó sobre el presidente Zapatero, debe ser analizada desde la óptica del primero de los requisitos citados, y no desdela euforia que puedeprovocar en el centro derecha el manifiesto vapuleo con que el Rajoy, el pasado miércoles, en el debate sobre el Estado de la Nación jefe de la oposición arrinconó y puso en solfa toriales emprendido por Zapatero con un visible espírilas debilidades del Gobierno, aun a costa de permitir tu de transformación constituyente. que ETA se enseñoreara del debate central de la polítiAñádase a esto el cabreo personal que Rajoy siente ca española. A sólo un año de su inesperada derrota en estos momentos con un presidente al que acusa de electoral, y ante un Ejecutivo experto en soliviantar y haberle engañado y de intentar aislarlo, y su estupor agredir a la base social de sus adversarios, Rajoy no de ciudadano biempensante ante la crecida de los indetenía más que un camino en su primera comparecenpendentistas catalanes, que llegaron a saludar con cia como líder de la alternativa: asentar su liderazgo arrogancia la llegada de Zapatero a su particular vía interno y levantar un discurso de firmeza que le identide Perpiñán para dialogar con los terroristas, y se pofique como referencia de quienes, ahora y en el futuro, drá comprender el elevado tono de virulencia en que el se sientan desamparados o disconformes con las polítilíder del PP ha situado el diapasón de su hostigamiento cas emprendidas por el socialismo y sus aliados. al Gobierno. Un tono con el que, desde luego, es imposible conquistar el poder en un país claramente inclinaEste objetivo lo logró plenamente, aunque se pasara do hacia las posiciones moderadas, y que sin duda va a de vueltas- -me consta que de modo consciente- -en la permitir a los socialistas demonizar por una temporaagresiva dureza con que zarandeó al presidente y le da al, por lo general, templado candidato popular, conacusó de traicionar a los muertos con una áspera sotraponiendo su tronante cascada a la sonrisa perenne lemnidad que aún retumba en el hemiciclo de la carredel primer ministro. Pero es que, a pesar de la proximira de San Jerónimo. Rajoy hablaba para sus votantes, dad de la cita gallega, no estamos tanto ante un combapero sobre todo para sus simpatizantes y sus afiliados, te preelectoral como en una toma de temperatura al y a ello subordinó su habitual temple moderado al que pulso de la nación en vísperas de unos acontecimienmásadelante habrá de volver a apelar si quiere conventos decisivos para el futuro. cer a los ciudadanos que aún no se hallan dispuestos a apoyarle. Pero en esta su primera oportunidad lo tenía En este sentido, Rajoy ha marcado los tiempos de claro: su obligación moral era la de cimentar su primaacuerdocon su conveniencia, pero se llamarían a engacíaen el Partido Popular mediante un discurso sin fisuño quienes, estimulados por tanta vehemencia, se lleras, y dirigirse a los millones de ciudadanos perplejos guen a creer que Zapatero está contra las cuerdas. Las que, tras quedarse con la miel de la victoria en los laencuestas se equivocan con frecuencia en los resultabios por mor de la tragedia del 11- M, sienten zozobrar dos, pero casi nunca en las tendencias, y todas las que su concepto del proyecto nacional ante el proceso de se han conocido tras el debate- -y otras que no han visdiálogocon el terrorismo y el camino de reformas terri- U to la luz- -indican que la mayoría social sigue del lado del presidente y de sus socios. Por más que la continuidad de la vía legal contra ETA y el proyecto de nación defendido por Rajoy frente a Zapatero y los nacionalistas cuenten probablemente con el respaldo de numerosos españoles, entre ellos no pocos socialistas, los ciudadanos necesitan mucho más tiempo para rectificarse a sí mismos. Se equivocan, por ello, quienes desde la euforia del calentamiento dialéctico del miércoles reclaman en el PP unas elecciones anticipadas, salvo que lo hagan con el inconfesable propósito de quemar en ellas al candidato Rajoy para postular otras alternativas internas. Cada oportunidad tiene su tiempo, y el de Rajoy no es todavía el del asalto al poder. El líder del Partido Popular tiene ante sí un desafío de resistencia, que pasa entre otros obstáculos por las elecciones gallegas de junio, y más allá de ellas por el asentamiento entre sus propias huestes de su condición de liderazgo y de alternativa. Las diferencias demoscópicas con el PSOE son lo bastante cortas para impedir que el Gobierno sienta la tentación de adelantar sin riesgo las elecciones generales y pillar al adversario a medio levantarse, pero no lo suficiente como para cambiar el mapa electoral que actualmente tenemos ante los ojos. En realidad, el PP tiene ahora mismo poCHEMA BARROSO co más armamento que la firmeza ante ETA- -en la que se va a quedar solo ante la ruptura de facto del Pacto Antiterrorista, agudizada por el aval que el Congreso se dispone dar a Zapatero para que negocie a su modo y manera- -y la denuncia de unos propósitos disgregadores que el Gobierno ni siquiera ha concretado. Con la economía en parámetros razonables, las minorías de izquierda activadas por la legislación social y los nacionalistas rampantes ante la perspectiva cierta de un empujón centrífugo a la medida de sus deseos, no habría modo hoy por hoy de desalojar a un presidente que también sabe- -lo demostró el miércoles y lo acaba de poner de manifiesto con la envenenada moción de apoyo a su vía de paz -fajarse en el cuerpo a cuerpo correoso con el cuchillo entre la sonrisa de sus apretados dientes. Como solía decir Pío Cabanillas padre, aquel gallego que navegaba en las aguas revueltas de la UCD tras haber sido fugaz ministro de la imposible apertura del franquismo, lo más urgente es esperar. Ahora sabemos que Mariano Rajoy está dispuesto, más paciente que eufórico, a hacerlo con la guardia alta. Y desde el miércoles ha quedado claro que, si a Zapatero se le va de las manos su aventura neoconstituyente y el vértigo histórico de la violencia vasca, hay un proyecto político en el que confiar, dirigido con firmeza por alguien que está dispuesto a hacerlo sin remilgos ni titubeos. Con la condición, eso sí, de que, llegado el momento, sepa distinguir entre la calentura de un debate a cara de perro y la serenidad necesaria de una alternativa de Gobierno. director abc. es