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ABC DOMINGO 15 5 2005 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC SGRENA- POLINICES (I) POR RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO PREMIO CERVANTES 2004 Para ellos la amenaza, la violencia, el ejercicio de poder, la guerra, es lo noble, lo bello, lo glorioso, lo único digno de los fuertes, de los hombres; ponerse a desatar nudos gordianos les debe de parecer tarea vil, de intelectuales UENTAN que el gramático Antonio de Nebrija, al recoger la frase legendariamente atribuida a Alejandro Magno, con ocasión de la anécdota del Nudo Gordiano: Tanto monta cortar como desatar pretendía hacer de ella como una especie de lema del rey Don Fernando. Huelga decir que a éste no le cuadraba mucho, por fortuna, tan bárbaro principio. Si es cierto que alguna vez cortó como hizo con el Gran Capitán al violar el seguro que éste le había firmado a César Borgia en la toma de Tarento, por el contrario, en la de Granada, defendió las Capitulaciones que había comprometido con los moros, en contra de la propia Doña Isabel y de Cisneros, que ya en 1499 pretendían atropellarlas fidei causa La contraposición entre cortar y desatar bien puede prospectarse por figura de la dualidad de guerra (o violencia en general) y diplomacia A los americanos (tal como atestiguaron dos grandes periodistas: James Reston, en tiempos de Reagan, y Walter Lippmann, en los años 50) no les ha entrado nunca en la cabeza la idea de una diplomacia que no sea pura administración y tornilleo de presiones y amenazas, o sea en la que, por usar las palabras de Reston, no haya ganador ni perdedor Para ellos la amenaza, la violencia, el ejercicio de poder, la guerra, es lo noble, lo bello, lo glorioso, lo único digno de los fuertes, de los hombres; ponerse a desatar nudos gordianos les debe de parecer tarea vil, de intelectuales y, por lo tanto, como amariconada. Buen discípulo tuvieron, por cierto, en Mejía Víctores, hace decenios presidente de Guatemala, que, a la pregunta de unos periodistas de si iba a parlamentar con la guerrilla, dijo que ni hablar, y añadió lapidariamente: Quien negocia, pierde C héroe al que tanto Italia como los Estados Unidos deben profunda y eterna gratitud Pero es inútil: los americanos no admitirán sospecha alguna contra sus soldados, no digo ya de asesinato, que aquí, a juzgar por los datos que tenemos, sería arbitrario hasta lo calumnioso (aunque mi abuela italiana solía decir: Tutto è possibile fuorchè l uomo gravido sino ni tan siquiera de distracción o precipitación. Dicen que es para no socavar la moral de sus muchachos- -que, por lo demás, no debe de ser ya precisamente la del Alcoyano- aunque yo creo que se debe a la autoconvicción y la soberbia moral inherentes a quienes se han constituido oficialmente en los representantes y gestores de la bondad universal. Ha sido el director de Le Monde, Jean- Marie Colombani, el que más lúcidamente ha señalado en la religiosidad- moralidad el componente más fuerte y peligroso de la actual amenaza mundial americana. En efecto, considera la mezcla de poder y buena conciencia como un coctel corrosivo que borra cualquier duda o inhibición e impide la autocrítica. Al cabo- -dice más abajo- la convicción absoluta de ser un país fundamentalmente bueno, tal como el año pasado declaró a Fox News el presidente Bush, tiene por consecuencia lógica la de satanizar al adversario; y una vez que esté deshumanizado, que sea el mal, todo está permitido contra él Por puro azar, Colombani viene casi a tocar aquí conmigo, pues ante la frase de aquel personaje de Dostoyesqui: Si Dios no existe, todo está permitido yo siempre he replicado: Es cuando hay Dios cuando todo está permitido Sin perjuicio de que el Departamento de Esta- do siguiese su penosa comedia diplomática, el Pentágono no podía- -o no quería- -reprimir ni disimular (salvo sea el respeto de los muertos) su indignación, o tal vez hasta furor, contra el propio Calipari. Estas iras tenían por motivo un desacuerdo de iure y de mucho mayor calado que las discrepancias de facto sobre tiempos y distancias del mortal incidente. Parece ser que no faltan fundadas suspicacias sobre que Calipari ya estaba señalado por los americanos a raíz de su éxito en la liberación de las famosas dos Simonas por haber mediado en ello, con toda probabilidad, el pago de un rescate a los secuestradores. Pero fue tal el júbilo y la simpatía- -especialmente incluida la de las sonrisas en los rostros de aquellas dos adolescentes- -que levantó en Italia su liberación, que Calipari fue sacado en triunfo, y los americanos debieron de juzgar muy poco diplomático decir públicamente una palabra sobre el caso. Al plato vendrás, arveja, si no es de verde, es de seca pudieron, sin embargo, susurrarse al oído en el Pentágono. Y llega el caso de Giuliana Sgrena, y, por supuesto, Calipari otra vez. Los americanos tienen totalmente prohibido el pago de rescates a los secuestradores; ya sea que puedan o no extender tal prohibición a las demás naciones de la coalición deben de ver muy mal que éstas lo hagan. De los tres motivos que alegan para prohibir el pago: 1 Que si no se les paga, se desanimarán de hacerlo otra vez; 2 Que con el dinero extorsionado refinanciarán el terrorismo; y 3 Que pagar es concederles un tanto de victoria; los dos primeros son racionalizaciones pragmáticas- -a menudo creídas de buena fe- -y muy presentables coram populo; pero sólo el tercero tiene algo que ver con la verdad. Tal incapacidad o miseria diplomática se manifiesta incluso con amigos; ahora ha sido con los italianos, en lo que toca al caso Calipari. Baste como muestra el que tratándose de divergencias en puros datos de facto: número de disparos, distancias, velocidades, luces, segundos, etcétera, todavía el Corriere della Sera del 29 decía de algún día anterior: La última reunión entre el subsecretario Gianni Letta y el representante diplomático USA Mel Sembler había concluido con la decisión de volverse a ver, para intentar limar los puntos controvertidos Díganme ustedes cómo se liman los 40 kilómetros por hora de la diferencia de velocidades controvertida entre la versión americana y la italiana. Tal vez sólo con la aplicación a la diplomacia de ese nuevo invento americano- -superador de la ya vetusta y desacreditada racionalidad- o sea la inteligencia emocional lo digo porque el viceportavoz del Departamento de Estado, Adam Ereli, no ha dejado de rociar con almibaradas babas emocionales la memoria de Calipari: Un En efecto, por definición, el Estado no puede ser vencido ni siquiera en lo minúsculo; no puede conceder a otra fuerza, siempre ilegítima por no estar bajo su monopolio, ni un dedo de ventaja. Será necesario tomar en consideración- -dice Walter Benjamin, en su ensayo Para la crítica de la violencia- -la sorprendente posibilidad de que el interés del derecho por monopolizar la violencia respecto de la persona aislada no tenga como explicación la intención de salvaguardar fines jurídicos cursiva mía; reténgase para lo que sigue sino más bien la de salvaguardar el derecho mismo cursiva mía, idem ut supra Según Benjamin, el fin natural de salvaguardar la vida de las personas ha sido asumido- -al igual que otros muchos fines naturales -por el derecho del Estado y convertido en fin jurídico Un fin jurídico es el que está exclusivamente a cargo del Estado, de modo que ningún particular pueda suplantarlo en el derecho de ejercerlo (lo que conocemos como tomarse la justicia por su mano