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ABC SÁBADO 14 5 2005 Los sábados de ABC 99 Mujer en el baño de Lichtenstein, con un tocado realizado en hilo de alpaca, trozos de espejos y cristales lo más vanguardista) puede resultar maravilloso en una imagen del siglo XVIII o del XX. La idea de moda como algo efímero es absurda. He hecho lo que me gusta. Soy fiel a mi línea, mis principios y mi estilo Estos collages que no son sombreros propiamente dichos sino adornos de cabeza, varían en función de la personalidad de la mujer del cuadro que Candela ha interpretado. He puesto todo tipo de materiales porque voy por la vida con los ojos bien abiertos. Lo difícil fue empezar a trabajar. Al principio estaba un poco perdida, pero una vez que me centré y supe por dónde iba a ir me resultó fácil y empecé a hacer dibujos, bocetos, unas veces con imágenes pequeñas, tipo postal, y otras con grandes. Me daba igual adornar las cabezas de los dibujos pequeños que las de los grandes VIVIMOS COMO SUIZOS ROSA BELMONTE TRENZAS NO Se pueden comprar Pero la gracia de esta curiosa exposición reside en que estos mismos adornos de los cuadros están expuestos sobre una colección de cabezas de maniquíes que paralelamente están en la muestra. Piezas que la gente puede ver, palpar, probar y comprar. Si a Catalina de Aragón le va de perlas un tocado de ídem, ¿por qué no a una cabeza parecida a la suya? Y si alguien tiene el capricho de lucir un tocado de papel, casi con la técnica de la papiroflexia que Candela, ayudada por su hija Manuela, ha plasmado sobre la tête de femme de Picasso, o esa otra con falsos corales que ha puesto a otra mujer del artista malagueño, no hay problema. Se compra y se lleva a casa. Lo mismo que el adorno de tules, a modo de platillo volante, que tan bien le sienta a la cabeza de la hija de los Reyes Católicos. Son las propias imágenes las que han inspirado a la artista estos tocados que, como el que lleva la mujer del cuadro de Whistler, está a mitad de camino entre la escultura abstracta, las manualidades infantiles y el recortable, al estar realizado en tiras de papel de la propia foto recortadas y estratégicamente colocadas para dar forma y volumen. Esta es una exposición interactiva donde el arte povera se mezcla con la pintura clásica, donde la moda se une a la pintura, y donde la creación se compagina con el comercio. Una muestra que permanecerá en Valencia un tiempo para después recorrer varias provincias españolas. En junio irá a Pontevedra, a la Facultad de Bellas Artes, y en octubre a Madrid, al Instituto Europeo de Diseño. Una tarta de boda sólo para ellos Juan de Flandes pintó en 1496 Retrato de una Infanta ¿Catalina de Aragón? El tocado es un pensamiento malva natural prensado no dibujo muy bien. Lo que sí tenía claro es que no quería desvincularme del mundo del arte, de mi mundo, de mis raíces... Me puse a trabajar y me acordé de unas cosas que había hecho para Eduardo Arroyo. Se me ocurrió coger unos dibujos, obras de grandes maestros, y ponerles algo curioso y muy a mi estilo. Una cubierta, que bien podría ser un tocado o un sombrero. Sin darme cuenta, preparé ochenta cuadros. Unos, en tamaño pequeño, tipo postal; otros, grandes Y así fue vistiendo cabezas: a la Catalina de Aragón que pintó Juan de Flandes, a la Hélène Fourment de Rubens, a las femmes cubistas de Picasso o de Juan Gris... A todas les quedan estupendamente sus sombreros porque Estos collages son adornos de cabeza que varían en función de la personalidad de la mujer del cuadro tienen alma, vida, son delicados, extravagantes, pero de lo más favorecedores. Yo no creo que la moda sea algo efímero que cambia constantemente. La moda es un arte, y además muy clásico- -puntualiza- porque pocas cosas pasan de moda. De una forma u otra, todo vuelve. La moda es cíclica e intemporal. Y con esta exposición he querido demostrar que un objeto mío (de as reuniones de más de una persona me gustan menos que los hospitales (es ver a todos esos tíos en zuecos y me empiezan a dar ataques) Y el matrimonio, el de toda la vida y el que viene, necesita al menos dos individuos. Demasiados. Ante las futuras bodas entre personas del mismo sexo, algunas agencias de viaje han decidido sacar una división especial para lunas de miel. Leo que se preparan paquetes para Ibiza o Sitges. Venga ya. Irse de viaje de novios (o de novias) a Ibiza o a Sitges es como para un heterosexual ir a Cuenca. Con todos mis respetos para Cuenca, los heterosexuales de toda condición que van allí de luna de miel (solos o en compañía de multitudes) y hasta para José Luis Perales. Ante la demanda que se intuye, la oferta se ha disparado. Aunque en realidad, sin contar a mayoristas advenedizos, la oferta es la misma, sólo que se han añadido cosas como fotógrafos, flores, servicios de limusinas o pastelerías especializadas (en San Francisco se anuncian, pero no tengo muy claro cuál puede ser la especialidad más allá de dos muñecos o dos muñecas en lo alto de la tarta) Sólo es de esperar que en los paquetes al Caribe uno de la pareja no vuelva con trenzas (en el caso de las chicas podrían ser las dos, pero no ha lugar porque para ello deberían llevar el pelo largo) Ya existen gay weeks (semanas gay) por todos sitios de los considerados gay friendly sin necesidad de bodas previas. Así, en Bariloche (nieve y fiestas) o incluso en Disneyworld, donde suele ser la primera semana de junio. Fuera de los destinos trillados como San Francisco, Berlín o Mikonos, la guía Spartakus ha señalado a Buenos Aires como la capital gay del continente americano. Es barata, segura, con clase y se pueden recibir clases de tango para varones (no sé yo si esto será un buen reclamo) Cuenta el escritor Colm Tóinbín en El amor en tiempos oscuros que en 1985 la mayoría de gays bonaerenses a los que conoció tenían intención de casarse (con una mujer) Y no tenían esperanza alguna en que la apertura que había tenido lugar en ciudades norteamericanas, europeas y australianas fuese a llegar a Argentina. Pues ya ven. Lo bueno de que los homosexuales puedan casarse es que ahora podrán viajar con sus cónyuges. Han pasado los tiempos en que Somerset Maugham, casado con Syrie Wellcome, viajaba con Gerald Haxton (luego se iría a vivir con él a la Riviera francesa, donde Haxton acompañaba al escritor en calidad de secretario) Se habían conocido en una ambulancia en la Primera Guerra Mundial. Maugham era médico. Pero no llevaba zuecos. L