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64 SÁBADO 14 5 2005 ABC FIRMAS EN ABC MILLÁN URDIALES CATEDRÁTICO EMÉRITO DE LA UNIVERSIDAD DE OVIEDO DE SUFIJOS Y AUTONOMÍAS El uso cada vez más frecuente de tales voces a causa de la división del país en Autonomías contribuye a reforzar al sustantivo del que proceden, es decir, al nombre de la región autonómica... so las han exportado a otros idiomas) denotan sobre todo a los seguidores o partidarios de ideologías políticas e incluso de nombres de persona, y así se dice bonapartista, carlista, comunista, fascista, marxista, estalinista, franquista, y en cierto modo, el reciente islamista, etc. etc. De este tipo de voces en- ista el DRAE 2001 recoge solo andalucista, catalanista y galleguista pero en el DEA 1999 aparecen también estas otras: aragonesista, asturianista, canarista, castellanista, leonesista, madrileñista, valencianista y vasquista, es decir, ocho más. Ahora bien, en teoría serían también posibles balearista, cantabrista, extremeñista, mancheguista, montañesista, murcianista, navarrista y riojanista. El tiempo lo dirá. Como el mundo de los sufijos es una especie de volcán, en erupción lenta pero constante, hay también vocablos para designar en abstracto y de un modo general lo que tiene de esencial y propio, a los ojos de sus naturales, la región donde han nacido, es decir, lo que ahora llaman muchos el hecho diferencial el español parece poder servirse de dos sufijos para tal significación: -idad e- ía. El DRAE 2001 trae solo catalanidad, castellanía, castellanidad y valencianidad, aparte, claro, del más antiguo hispanidad. No puedo saber cuántas más del mismo jaez están en uso; estos dos sufijos, con la significación de amor al terruño equivalen prácticamente al sufijo- ismo cuando tiene esa misma significación: en Asturias es corriente decir y escribir asturianía junto a asturianismo; leonesismo puede designar, tanto el amor particular de los leoneses por su ciudad o su región como lo que tales leoneses creen tener de específico y distintivo frente a los no leoneses. Así pues, aparte de las cuatro voces recogidas en el DRAE 2001, catalanidad, castellanía, castellanidad, valencianidad, el DEA 1999 añade canariedad, amante de lo canario y extremeñidad con el valor de extremeñismo, amante de lo extremeño Yo creo que en teoría, podría continuarse la lista, tus veinte años sería lógico que pertenecieras a la otra juventud. Yo te he visto crecer día a día, conocí a tu padre ya fallecido, creo que de pena, de desesperación, de impotencia ante el panorama. Desde entonces, tu madre vive con doble pena. Se la ve caminar por las calles con el rostro apenado, la mirada baja, como si llevara un peso demasiado grande para ella. La recuerdo cuando tenía tu edad. Era una joven alegre, con proyectos y un futuro que se anunciaba esperanzador. Conoció a tu padre y se casaron pronto. Recuerdo un día que les vi paseando por esa misma plaza que utilizas junto a tus amigotes. Me dijo que estaba embarazada, y la cara le resplandecía de gozo. L A relación entre los nombres que designan territorios y los gentilicios derivados de tales nombres fomentan la vitalidad de tales parejas en todas las lenguas: son inseparables español y España, francés y Francia, alemán y Alemania, etc. En una lengua como la española, donde esos adjetivos convertidos en gentilicios son voces polisílabas con mucho cuerpo y con género gramatical en casi todas ellas, el uso cada vez más frecuente de tales voces a causa de la división del país en Autonomías contribuye a reforzar al sustantivo del que proceden, es decir, al nombre de la región autonómica. Las voces que designan a los naturales de tales regiones son antiguas: en español se dice desde hace siglos andaluz, aragonés, catalán, gallego, etc. Las 17 Autonomías (más Ceuta y Melilla) tienen su gentilicio respectivo y todos ellos eran ya voces corrientes antes de la actual división, excepto cántabro, palabra que se ha utilizado por los historiadores para designar a los habitantes de la Cantabria que opuso tenaz resistencia a los romanos, y balear, que no parece haberse usado, al menos en la lengua hablada, y en la que sí se oyen mallorquín, menorquín e ibicenco. El sufijo- ismo tiene hoy corrientemente dos acepciones: una la de locución, o incluso solo palabra, propia de la región- -léase Autonomía- -y otra la de amor o apego a tal región autonómica. Así aparecen en el DRAE 2001 andalucismo, aragonesismo, asturianismo, canarismo, castellanismo, catalanismo, extremeñismo, galleguismo, leonesismo, madrileñismo, riojanismo, valencianismo y vasquismo. En esta serie solo se echarían en falta balearismo, cantabris- mo, mancheguismo, murcianismo y navarrismo; en el caso de montañesismo (correspondiente a la Montaña, o sea a la actual Cantabria) el DRAE 2001 solo recoge la acepción de amor y apego a las cosas de la Montaña. En el Diccionario del Español Actual (DEA 1999) de Manuel Seco, Olimpia Andrés y Gabino Ramos, se recogen casi todas estas mismas voces: decimos casi porque incorpora a la serie mancheguismo, murcianismo y navarrismo; de riojanismo trae solo la acepción de palabra o locución propias de la Rioja; en el caso de canarismo, extremeñismo, madrileñismo, mancheguismo, montañesismo y navarrismo, el DEA 1999 les atribuye solo, con mucha sensatez, la acepción de apego y amor al terruño autonómico. Con relación al número y nombre de las Autonomías, siguen faltando también aquí los hipotéticos balearismo y cantabrismo. Al llegar aquí, el lector sabe sin duda que el sufijo- ismo es bastante más antiguo que las Autonomías y que desde el siglo XIX o incluso antes, se ha empleado, sobre todo, para designar idearios literarios y políticos e incluso tipos de régimen: clasicismo, modernismo, romanticismo, realismo, vanguardismo, simbolismo, etc. noventayochismo, socialismo, comunismo, fascismo, nazismo, marxismo, estalinismo, bonapartismo, franquismo, salazarismo, etc... Quizá el lector ha asociado al mismo tiempo en su mente al que pudiéramos llamar adjetivo agente es decir, palabras que con el sufijo- ista se hermanan, en muchos casos automáticamente, con las acabadas en- ismo; estas voces en- ista, tradicionales en español (y en otras lenguas románicas que inclu- ERNA PÉREZ DE PUIG ESCRITORA LA OTRA JUVENTUD S ÓLO tienes veinte años, pero tu semblante es de treinta; cara ajada, triste, cansada, como el que no espera nada de la vida, como el que solamente está de espectador, como el que mira sin ver, como el que no participa. Tu ropaje, viejo y manchado; tu cabeza, sucia y desaliñada. Cuando pasé junto a ti aquella tarde, tú estabas allí, en el centro del pueblo, desafiante, jun- to a la plaza principal, donde cada festivo pasea sus mejores galas la otra juventud Pero ¿Cuál es la otra juventud? ¿Cuál es la de ahora, la actual, la verdadera de estos tiempos... ¿Sois vosotros, los que así vivís, o son los otros, los que estudian, los que trabajan, los que tienen ilusiones y proyectos para el futuro? La verdad es que no lo sé; aunque a eligiendo, con intuición- idad o- ía: aragonesidad o aragonesía, asturianidad (aún no usado) junto a asturianía (usado a diario) balearidad o balearía, canariedad o canariería, cantabriedad o cantabrería, catalanía junto al actual catalanidad, extremeñidad o extremeñía, galleguidad o galleguía, leonesía o leonesidad, madrileñidad o madrileñía, mancheguía o mancheguidad, murcianidad o murcianía, navarría o navarridad, riojanía o riojanidad, valencianía junto al actual valencianidad, vasquedad o vasquía. Como dijimos más arriba, los adjetivos en- ísmo suplen de momento a todos estos en- idad o- ía, y en algunos casos conviven, como asturianismo y asturianía. El lector echará de menos el caso de Andalucía: no parece que sea fácil decir, junto a andalucismo, andaluciedad y menos aún, andaluciesía, pero, ¿quién sabe? Puede decirse que el uso, cada vez más frecuente, de todo este tipo de sustantivos y adjetivos, está contribuyendo de un modo general a fortalecer en cada Autonomía o región respectiva, ese sentimiento diferencial frente a las demás Autonomías. La diferencia sentida, e incluso real en cierta medida y según los casos- -dada la diversidad geográfica y climática del país y dadas sus dimensiones, la densidad y la movilidad de su población- -contribuye así a crear unas identidades regionales más o menos ilusorias. Ahora bien, los verdaderos responsables o causantes de que tales hábitos mentales hayan ido apoderándose de modo más o menos consciente y sincero de los pobladores de las respectivas Autonomías son los llamados medios de comunicación: periódicos y revistas, radios y televisiones, nombres cuya forma plural es bien elocuente. Como los hombres, desde que la especie se hizo sedentaria e inventó la familia y lo que convencionalmente entendemos por civilización, han sentido la necesidad de agruparse en entidades superiores, llámense clanes, tribus, pueblos, ciudades, naciones, etc. no es de extrañar que la reciente variante autonómica tenga el éxito que está teniendo, sobre todo porque es novedosa, al representar un cambio con relación al estado anterior, y es bien sabido el encanto y el prestigio que tiene el concepto del cambio en las democracias de nuestros días. No obstante, debería tenerse en cuenta siempre que cuando las partes agrupadas en un todo- -decimos agrupadas- -aumentan su respectiva fortaleza individual, en la misma medida se debilita la fortaleza de tal todo. Esto es un axioma del mundo físico y no debe caerse en el equívoco de creer que es al revés, que mientras más fuerte es cada parte, más fuerte es el todo. No es fácil hacer augurios, pero los mecanismos que rigen a la especie humana son siempre los mismos: o bien propende a agruparse en nuevas unidades, que suelen tender a ser más grandes que las anteriores o bien propende a disgregarse en unidades más pequeñas. La Historia de la Humanidad no ha sido sino eso: grupos humanos, pueblos, naciones, imperios, civilizaciones, y aun religiones, que han nacido, han florecido y han desaparecido para ser sustituidos por otros.