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ABC SÁBADO 14 5 2005 Espectáculos 57 FESTIVAL DE CINE DE CANNES Tokio cocina dos platos muy distintos de la gastronomía flamenca b Carlos Rodríguez y Ángel Rojas, el dúo que creó y lidera el Nuevo Ballet Español, presentaron una propuesta arriesgada bajo el nombre Flamenco directo JULIO BRAVO ENVIADO ESPECIAL TOKIO. Tras el espectacular torbellino que supusieron las dos primeras jornadas del Festival Flamenco de Tokio, con Sara Baras y Eva la Yerbabuena- -sin temor a exagerar las dos principales figuras jóvenes del baile de hoy- ha llegado la calma al certamen, y antes de la gala de cierre (con un lujoso y apetecible cartel que incluye a figuras como Merche Esmeralda, El Güito, Rafaela Carrasco o Carlos Rodríguez) han podido probar dos platos muy distintos de la gastronomía flamenca, recetas antagónicas a pesar de contar con ingredientes similares. El Nuevo Ballet Español se presentaba por vez primera en Japón, y lo hacía con muchos elementos en contra: por un lado, la resaca de esa mágica jornada que brindó la Yerbabuena, todavía impresa en las escondidas retinas del público japonés, y por otro el absoluto desconocimiento que tienen los nipones por esa joven compañía que tantas ventanas ha abierto dentro de la danza española. Carlos Rodríguez y Ángel Rojas, el dúo que creó y que lidera el Nuevo Ballet Español, presentan una propuesta arriesgada, nada sencilla especialmente para un público que desconoce el contexto en el que se mueve. Su apuesta decididamente contemporánea, su búsqueda de nuevos espacios, de nuevas formas, de nuevos colores incluso, no es comprendida por todos. Si a ello se une que el espectáculo presentado, Flamenco directo pecó de excesivamente extenso, se comprende la extrañada reacción de los espectadores del Fórum Internacional de Tokio, que finalmente premiaron el esfuerzo de toda la compañía, donde destacaron, junto a sus dos creadores, María López y Ana Arroyo. No es difícil, pese a todo, que el Nuevo Ballet Español pueda volver a ofrecer su talento en Japón. Los japoneses pudieron contemplar al día siguiente (ayer) un espectáculo totalmente distinto. Si Flamenco Directo es luminoso, el trabajo que presentan la cantaora Mayte Martín y la bailaora Belén Maya busca la complicidad de la oscuridad para otorgar intimidad a un espectáculo que lleva en su título su definición: Flamenco de Cámara En él se deja oír la acariciadora voz de Mayte Martín, especialmente seductora en la vidalita y en la guajira, y aflora el baile clásico, sensual y conocedor de Belén Maya. Atom Egoyan, Colin Firth, Rachel Blanchard y Kevin Bacon (de izquierda a derecha) ayer en Cannes AFP El cine rebosante de Atom Egoyan y la pompa vacía de Gus Van Sant Magníficos Kevin Bacon y Colin Firth en Where the truth lies b Egoyan presentó un fascinante crucigrama blanco titulado Where the truth lies mientras Van Sant quiso mostrar el encefalograma plano de Kurt Cobain en Last days E. RODRÍGUEZ MARCHANTE ENVIADO ESPECIAL CANNES. Ayer se centró la competición en dos autores muy conocidos y reconocidos aquí, Gus Van Sant, Palma de Oro en 2003 por Elephant y Atom Egoyan, Gran Premio Especial del Jurado en 1997 por The sweet hereafter Ninguno de los dos decepcionaron, al menos personalmente, y a pesar de que sólo una de las películas tenía interés. Se puede explicar la aparente contradicción. Atom Egoyan no decepcionó, porque se presentaba con una película suya, Where the truth lies excelente, enrevesada, con las intrigas agolpándose a medida que la narración se deja ver, entender y esconder. Y Gus Van Sant no decepcionó (insisto en el matiz personalmente pues hay muchos que opinarán lo contrario) porque se presentó también con una película muy suya, y por lo tanto más pretenciosa que llena y más falsamente acicalada de arte que realmente ocupada por él. Se titula Last days y podría entroncar perfectamente con Elephant y, de paso, delatar con las simplezas evidentes de ésta, las mismas, pero mejor disimuladas, de aquélla. Last days alude muy directamente a la muerte de Kurt Cobain, el líder de Nirvana muerto en 1994 de un disparo que se descerrajó él mismo en plena cara y en pleno bajón de sus variadas drogadicciones. Según Gus Van Sant, la película no debería relacionarse directamente con Kurt Cobain, y para evitar que eso suceda no se le ha ocurrido otra cosa más que dedicársela: a Kurt Cobain. O sea, cuenta, o se supone que cuenta, las últimas horas de un fulano, músico, más colgado que un farolillo japonés desde que empieza hasta que acaba la película, con él despatarrado en el suelo después de pegarse un tiro... se la dedica a Kurt Cobain y ahora pretende que nadie lo relacione. Un tostonazo de hora y media Bueno, sea o no sea Last days una evocación directa a ese hombre y ese grupo que se inventaron el grunge (y no hay más que ver cómo tienen la casa en la que viven para darse cuenta de que son ellos) de lo que no hay duda es de que Last days es un tostonazo de hora y media en el que la cámara de este director tan sobrevalorado por la crítica se dedica a no encontrar nada en su puesta en escena, en sus personajes y en sus actores. No hay angustia, no hay ni drama ni tragedia, no hay ni música ni nada; sólo pretensión, kilos y kilos de pretensión que, naturalmente, pueden acabar dando tan bien el pego como en otras películas suyas. Nada. Hay menos vida inteligente ahí dentro que en los anillos de Saturno. Y, justo lo contrario, Atom Egoyan, que es un raudal de inteligencia, de sinuosidad narrativa, de capas de intriga que se superponen, que se abren y se cierran mediante un dominio fabuloso de la dosificación informativa. Su película Where the truth lies viene a ser una investigación, una pesquisa en el tiempo y en el alma de los personajes, una famosísima pareja de humoristas (magníficos Kevin Bacon y Colin Firth) que se separaron profesionalmente tras un misterioso suceso: apareció en su habitación de hotel el cadáver de una joven muerta de sobredosis. La historia la guarda Atom Egoyan, como siempre, en una especie de muñecas rusas y la vamos olisqueando mediante un recurso narrativo: quince años después una periodista escribe un libro sobre ellos y su misteriosa y nunca aclarada separación en pleno éxito. La película es el buceo detrás de un misterio hundido y el espectador comparte las botellas de oxígeno con la protagonista, un personaje caótico y exótico que interpreta con elegancia Alison Lohman. Total, que con Egoyan la sección competitiva ha empezado a cargarse de razón.