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ABC SÁBADO 14 5 2005 Sociedad Religión Tres denominaciones 49 Elaboración de la positio Después, un miembro de la congregación prepara una positio o síntesis que es estudiada por un grupo de teólogos. Si el juicio de estos últimos es favorable, entonces pasa a los obispos y los cardenales de la Congregación para las Causas de los Santos, quienes elevan al Santo Padre la solicitud de beatitud para el candidato. Beatitud y milagros Llegado el caso, el Santo Padre decreta la heroicidad de las virtudes del candidato, y luego se pasa al reconocimiento de un milagro de este para que pueda ser proclamado beato. En caso de martirio, no sería necesario el reconocimiento de un milagro para ser beato, aunque sí para ser canonizado. De beato a santo Una vez proclamado beato, se necesita otro milagro, que debe ser reconocido por una comisión de médicos y otra de teólogos. Ambas han de concluir que son inexplicables el episodio o la curación. El milagro debe producirse luego de que el candidato haya sido declarado beato. Una vez probado, se procede a la canonización. Actualmente, y tras las reformas llevadas a cabo por Juan Pablo II, existen tres denominaciones desde el fallecimiento a la santidad. El primer título es el de venerable (se reconocen las virtudes vividas de manera heroica) el segundo, el de beato (culto de la Iglesia local) y finalmente, santo, reconocido para la Iglesia universal. DECISIÓN AUDAZ Y PRUDENTE FRANCISCO VARO Teólogo. Universidad de Navarra AP dad, presente desde el momento del fallecimiento de Juan Pablo II, incluso antes Aunque el purpurado español destacó el plebiscito popular que el 8 de abril, día de su funeral, pidió a gritos su inmediata beatificación, quiso recordar que el Papa fallecido fue una persona extraordinaria, y dirigida por el espíritu del Señor Finalmente, el arzobispo de Milán, Dionigi Tettamanzi, explicó que la apertura del proceso ha sido una respuesta a una petición popular muy difundida l anuncio de la rápida apertura del proceso de beatificación y canonización de Juan Pablo II demuestra en Benedicto XVI su pronta capacidad de respuesta a la voz del pueblo cristiano. Joseph Ratzinger es un hombre cordial y dialogante. Al hablar con él llama la atención su capacidad para hacerse cargo de las opiniones manifestadas por sus interlocutores. Ahora, como Romano Pontífice, sigue escuchando a todos con atención y espíritu abierto a la verdad. Juan Pablo II era querido como verdadero amigo por mucha gente. Con su fe recia, valentía, prudencia, cercanía y afecto a todos, y especialmente a las víctimas de la violencia, a los pobres y a los enfermos, llegó a ser el referente ético más universalmente reconocido en nuestro tiempo, voz de la conciencia moral de la humani- E dad. Y eso es un santo: un hombre de Dios, un punto de referencia para la vida de quienes estamos en el mundo. Entre los asistentes a sus exequias irrumpió con fuerza el deseo de verlo Santo subito inmediatamente. Las voces que escapaban espontáneas de los fieles presentes en la plaza de San Pedro encontraron de inmediato un eco en el corazón de quienes seguíamos la ceremonia a través de la radio o la televisión en todo el mundo. Fue, sin duda, una moción universal del Espíritu que invitaba a reconocer el imponente testimonio cristiano de Juan Pablo II. Benedicto XVI ha anunciado una decisión audaz y prudente a la vez. Audaz, porque supone la valentía de afrontar sin dilaciones una cuestión que requiere dispensar la espera impuesta por la legislación canónica. Prudente, porque mantendrá el rigor que se sigue en todas las causas de canonización, que exige una indagación a fondo de su vida, virtudes y fama de santidad, así como la investigación rigurosa de los milagros atribuidos a su intercesión.