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ABC SÁBADO 14 5 2005 Internacional 25 La celebración de los 60 años de la victoria contra el nazismo ha despertado viejos fantasmas en Polonia y ha creado una peligrosa crisis entre Varsovia y Moscú que podría acabar afectando a las relaciones de Europa con la Rusia de Vladimir Putin El Pentágono quiere cerrar 33 bases militares en Estados Unidos b La mayoría de los sitios afectados por el drástico recorte planeado por el Pentágono son bases de reservistas del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea AFP WASHINGTON. El Pentágono quiere cerrar 33 bases en Estados Unidos en el marco de un proyecto de reorganización tendiente a dinamizar el dispositivo estadounidense heredado de la Guerra Fría, precisó ayer el subsecretario de Defensa, Michael Wynne. La mayoría de los sitios afectados son bases de reservistas del Ejército, la Marina y la Fuerza Aérea, reflejando la voluntad del Pentágono de desplazar reservistas a bases activas para entrenamientos conjuntos. La lista completa de los sitios propuestos era esperada con impaciencia por centenares de localidades. Para muchas de ellas, cuya economía reposa ampliamente en la presencia de militares, el cierre de una base significa la pérdida de numerosos empleos. Es la primera vez en diez años que el ministerio estadounidense de Defensa procede a clausurar bases en Estados Unidos. El secretario de Defensa, Donald Rumsfeld, había explicado la víspera que ese plan sería propuesto ante una comisión independiente, que podría proponer cambios antes de someterlo al presidente George W. Bush a principios de setiembre y al Congreso. El dispositivo actual, ampliamente concebido para un contexto de Guerra Fría, debe adaptarse a las nuevas exigencias de la guerra contra los extremistas y otros desafíos del siglo XXI explicó El Pentágono avanzó ya que el cierre de estas bases permitiría al Estado ahorrar alrededor de unos 50.000 millones de dólares en los próximos veinte años. Los amores de Putin con Europa hacen llorar a los polacos ENRIQUE SERBETO CORRESPONSAL BRUSELAS. La cumbre que celebraron en Moscú la Unión Europea y Rusia terminó con buenas palabras y la satisfacción de haber llegado a un acuerdo del que se dijo que abría paso a una gran alianza estratégica El primer ministro luxemburgués, Jean Claude Junker, llegó a hablar de un gran amor entre Moscú y Bruselas. Cierto, un amor, pero de los que matan, porque antes de que se enfriase la tinta de los documentos que se intercambiaron en el Kremlin, la tensión había subido hasta alcanzar un tono más que preocupante entre Rusia por un lado, y Polonia o Letonia por el otro. La UE se ha visto atrapada en una tempestad que viene de la guerra fría y en la que tiene que buscar maneras de conciliar la tibia visión que tienen de Rusia los países de Europa Occidental, con el recuerdo terrorífico que guardan los pueblos del este de los años en que estuvieron bajo dominación soviética. Las festividades del 60 aniversario de la derrota de la Alemania nazi estuvieron cargadas de significado. El presidente Ruso Vladimir Putin no quiso disimular en ningún momento su interés por revivir el espíritu soviético en la sociedad rusa, sin entrar en las estructuras comunistas de partido ni- es de esperar- en las de la dictadura. ¿Qué hay de malo en que un país recuerde su propia historia y se fije en sus momentos de gloria? dice Serguei Yastrzhembsky, responsable de las relaciones de Rusia con Europa al hablar de este revival de la escenografía de la vieja URSS. Para algunos puede que no haya nada de malo, pero para otros, como muchos polacos, se trata de algo que les trae los peores recuerdos. Las banderas rojas con la hoz y el que obligó a una compañía del Teatro Bolshoi de Moscú a volverse a casa de vacío porque los polacos devolvían en masa las entradas que habían comprado. Ofrendas florales Kwásniewski quiso matizar su presencia en Moscú con un gesto que ha pasado desapercibido en medio de las exultantes celebraciones. En lugar de llevar su ofrenda floral a la tumba del soldado desconocido, el presdente polaco fue el único que fue al monumento que hay en Moscú para recordar a las víctimas de la represión comunista, una roca traída de una región de Siberia donde estaban los campos de concentración. El presidente de Bielorrusia, por ejemplo, le puso una corona al soldado desconocido, otra a la placa donde figura el nombre de Minsk en la hilera de monolitos dedicados a las ciudades heroicas dela II Guerra Mundial. Y añadió una tercera, en su propio nombre para honrar a Stalingrado. Nadie duda de la importancia que tuvo aquella sangrienta batalla, pero se entiende que Lukashenko estaba expresando era su sentimiento personal hacia lo que significa aquella ciudad, hoy llamada Volgogrado y que entonces llevaba el nombre del más célebre déspota soviético. La UE no tiene tratos con Lukashenko ni por teléfono y Estados Unidos ha declarado abiertamente que se propone derribarlo, pero sus relaciones con Putin son en este momento inmejorables, sobre todo después del cambio político en Ucrania y el decidido giro hacia Occidente que ha emprendido el líder de la revolución amarilla Victor Yushenko. Y por su fuera poca compliación para la UE, Polonia tiene frontera con Bielorrusia. Marek Belka, primer ministro polaco EPA martillo desfilando por la plaza roja no le impresionaron ni siquiera a George Bush, pero está claro que no dejaron indiferentes a los polacos. Proliferaron las críticas en la prensa contra el presidente Alexander Kwásniewski, por haber acudido a Moscú a las celebraciones del aniversario de la victoria soviética, que para los polacos acabó significando algo bien distinto. El pretexto fue que Putin no citase en su discurso a los antifascistas polacos entre los que combatieron el nazismo, mientras que si tuvo ese gesto hacia los alemanes e italianos. Y, espontáneamente como se dijo en la versión oficial, se produjo una reacción social