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ABC SÁBADO 14 5 2005 23 El gobierno israelí cree que Irán sabrá cómo fabricar la bomba atómica en seis meses El general Manuel Contreras, ex jefe de la Policía de Pinochet, reveló el destino de unos 580 desaparecidos Una autocracia ex soviética Uzbekistán Al frente de Uzbekistán desde 1989, el presidente Islam Karímov ha combatido en el pasado con la misma determinación y energía a los radicales islámicos y a las organizaciones democráticas. La falta de piedad con la disidencia es una de sus divisas KAZAJSTÁN Momentos duros para el emir rojo Mar de Aral KIRGUIZISTÁN UZBEKISTÁN Tashkent TURKMENISTÁN AFGANISTÁN TEXTO: R. M. MAÑUECO CORRESPONSAL Adizhan TAYIKISTÁN Mar Caspio 0 200 400 600 Km. Situación geográfica: De un tamaño similar a Suecia, Uzbekistán limita con Kazajstán, Kirguistán, Tayikistán, Afganistán y Turkmenistán. Población: Es la más poblada de las cinco antiguas repúblicas de la Unión Soviética en Asia Central con 26 millones de habitantes. Composición étnica: un 80 por ciento de uzbekos, un 10 por ciento de rusos y tayikos y un 3 por ciento de kazakos. Historia reciente: Independiente de la URSS en 1991, el presidente Islam Karímov, antiguo miembro del Partido Comunista, dirige el país con mano de hierro y amplios poderes. Karímov mantiene una política de represión frente a los grupos disidentes. Presencia militar exterior: Existe una base aérea estadounidense en su territorio y es aliado de Washington en la guerra contra el terrorismo Economía: Con grandes reservas de gas y petróleo, el país es autosuficiente en el plano energético. Es uno de los mayores productores mundiales de oro y algodón. Un férreo intervencionismo estatal y tardías reformas del mercado han producido un importante descenso del nivel de vida. Derechos Humanos: Dudosa reputación uzbeka. El Banco Europeo para la Reconstrucción y el Desarrollo ha paralizado diversos programas en Uzbekistán por este motivo. Existen al menos 6.000 presos políticos en Uzbekistán según varias ONG. Sólo se permite un Islam autorizado por el Estado. de Uzbekistán, los rebeldes habían tomado como rehenes a medio centenar de policías y soldados. Al atardecer, Andizhán había sido cercada por fuerzas del Ejército. A partir de ese momento, la única fuente sobre el terreno fue un tal Saidzhajón Zainabitdínov, responsable de la organización de derechos humanos uzbeka Apelación quien, a través de RIA- Nóvosti, informó del desarrollo de la operación llevada a cabo por las tropas para desalojar la plaza, la Administración local y liberar a los rehenes. Zainabitdínov afirmó haber oído un prolongado tiroteo y, sin precisar un número exacto, dijo que hubo muchas víctimas. MOSCÚ. Pese a la indignación de un pueblo sumido en la miseria, harto de injusticia y corrupción, el presidente uzbeko, Islam Karímov, no parece amenazado de correr la misma suerte que Eduard Shevardnadze, Víktor Yanukóvich o Askar Akáyev. Bajo la complaciente mirada de Moscú, Karímov siempre empleó mano de hierro para combatir, no sólo a los radicales islámicos, sino también a los demócratas. Tras el 11- S, el emir rojo se ganó además la simpatía de Washington. Uzbekistán es otro de los países centroasiáticos que alberga una base norteamericana en su suelo. Karímov lleva al frente de Uzbekistán desde 1989. Entonces era primer secretario del Partido Comunista de la república y miembro del Buró Político del PCUS. Después de la desintegración de la URSS, fue elegido presidente. Uzbekistán es el país más poblado de toda Asia Central, con más de 26 millones de habitantes, y en donde vive el mayor número de creyentes musulmanes de toda la antigua Unión Soviética. Pero la marea del radicalismo islámico llegó procedente de la vecina Tayikistán y bajo el patrocinio de los talibanes afganos. En los años 90, las mezquitas uzbekas eran focos de propagación de la doctrina integrista. Organizaciones como Hizb- ut- Tahrir o el Movimiento Islámico de Uzbekistán (MIU) crearon un poderoso brazo armado con el objetivo de constituir en Asia Central el gran Estado islámico del Turquestán. Karímov era el dirigente llamado a hacer fracasar esos planes y lo hizo con especial dedicación. La represión alcanzó incluso a los líderes de las organizaciones musulmanas más moderadas. Esa cruzada contra el integrismo le sirvió a Karímov de pretexto para erigir un estado policial y acabar con las libertades. Karímov y Putin en un encuentro el pasado 8 de mayo ral murieron dos guardias de seguridad y hubo una decena de heridos. Los defensores de los derechos humanos en Uzbekistán aseguran que la presión sobre las organizaciones musulmanes en al valle de Ferganá es enorme y que ello, lejos de contri- AFP Doble filo Sin embargo y pese a los expeditivos métodos aplicados, incluida la tortura, el líder uzbeko no ha logrado todavía erradicar el integrismo. Casi cada año, tienen lugar varias acciones terroristas o ataques armados, en los que las principales víctimas son civiles inocentes. En marzo del año pasado, una cadena de atentados en Tashkent acabó con la vida de medio centenar de personas. En julio, en sendas explosiones causadas por kamikazes junto a las embajadas de EE. UU. e Israel y el edificio de la Fiscalía Gene- En los años noventa, las mezquitas uzbekas eran focos de propagación de la doctrina integrista La cruzada contra el integrismo le sirvió a Karímov de pretexto para erigir un Estado policial buir a limitar la amenaza integrista, lo que está consiguiendo es hacer que aumente el descontento en una región ya de por sí pobre. Se da la paradoja de que Uzbekistán, que extrae gas y otras materias primas, además de ser uno de los primeros productores mundiales de algodón, está considerado uno de los países más ricos de su entorno. Ayer circulaban rumores de que Rusia ha ayudado a Karímov a preparar la operación militar de ayer en Andizhán. Si la cosa no va a más en los próximos días, el dirigente centroasiático podrá preciarse de haber sido quien puso freno a la cadena de revoluciones de color dentro del territorio de la antigua Unión Soviética. Se lo agradecerán sus autoritarios vecinos. Pero serán el presidente Vladímir Putin y el dictador bielorruso, Alexánder Lukashenko, los que más se alegren.