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ABC SÁBADO 14 5 2005 Opinión 5 ESCENAS POLÍTICAS LA MANO TENDIDA Z VIÑETA PUBLICADA EL 14- I- 2000 MEMORIA DE DOS CALLES CON SANGRE AS calles son la memoria de la ciudad. ¡Cuánta Historia pisamos en ellas! Aquí, en Omnium Sanctorum, hubo unos vecinos de la Feria que alzaron un pendón verde. Por esta acera de la calle Tetuán sacaron a hombros... ¿A un torero? No, a uno que tenía una mercería en la calle Sagasta y que volvió loca a Sevilla con los versos de su pregón. Sierpes guarda la memoria de absolutistas y liberales, que sacaban del Café del Turco el retrato del Rey Deseado en procesión de gloria por lo civil, hasta la Plaza, o que luego le metían candela cuando las tornas mandaban tragar quina en forma de Constitución: trágala, trágala, tú, servilón. Por Sierpes pasa Sanjurjo un 10 de agosto, y le aplaude una Sevilla de chaquetas blancas de hilo, mientras la legalidad se recluye en Ayuntamiento cuyo andén ha visto coronaciones de Vírgenes, proclamaciones de la República, reposiciones de la bandera rojigualda, el ANTONIO descapotable del Conde Ciano y el BURGOS haiga de Evita Perón, el uniforme verdeoliva de Fidel Castro o las cinco farolas de Juanita Reina apagadas para siempre. Hoy pienso en dos calles que nos quieren dejar sin memoria: la calle Jesús del Gran Poder y la calle Don Remondo. ¿Por qué pienso en Jesús del Gran Poder? ¿Porque Doña María de las Mercedes, la hija del Infante Don Carlos, que está de capitán general en el pabellón de La Gavidia, es esa niña de uniforme que va a clase de las Irlandesas aquí, a la calle que llaman Palmas? ¿O pienso en la calle Jesús del Gran Poder porque de la residencia de los Jesuitas sale el Padre Tarín a predicar por los pueblos, sale un Padre Trenas que acaba de fundar la Ciudad de los Muchachos? No. Por nada de eso. Pienso en la calle Jesús del Gran Poder porque es una noche de octubre del año 2000. No sabíamos en Sevilla que íbamos a estrenar así el terror del milenio. Con este terror de los disparos que L han sonado en la calle Jesús del Gran Poder. En un callejoncito de Jesús de Gran Poder, frente a los Jesuitas. Donde está la consulta de un médico que atiende de balde a los gitanitos de Las Tres Mil. Allí han sonado unos disparos asesinos. La ETA ha matado al doctor Antonio Muñoz Cariñanos. Y ahora pienso en la calle Don Remondo. ¿Pienso en ella porque Romero Murube pasa por aquí desde el Alcázar, camino de una Academia de Buenas Letras donde por sevillanísima indolencia nunca leerá su discurso de ingreso y se quedará de electo? ¿Porque el Padre Leonardo sale de la sede de Cáritas camino de sus presos del Sevilla 2? No. Pienso en la calle Don Remondo porque es una madrugada de enero de 1998. Han sonado tiros. Junto a los muros del Palacio Arzobispal, hay un charco de sangre en una esquina. Han asesinado a Alberto y Ascensión. La sangre enamorada y joven, de novios, de esposos, de padres, que los unió en vida, es ahora la común sangre derramada por la libertad en ese charco donde ambos yacen. Me acuerdo con dolor de esas dos calles, de esos sevillanos que algunos sectarios quieren que olvidemos para siempre. Me acuerdo de la calle Jesús del Gran Poder, donde la ETA mató a Cariñanos. Me acuerdo de la calle Don Remondo, donde la ETA mató a Alberto y a Ascen. Unos malvados, olvidándose de esas dos calles, ya están a papitos con los asesinos de Antonio, de Alberto, de Ascen. Son tan cínicos que dicen que atreverse a recordar la memoria de esas calles con sangre, como la evoco, es dinamitar el proceso de paz. ¿Qué paz? ¿A qué precio? ¿Qué paz puede haber sobre el olvido de la sangre inocente? Que le llamen lo que quieran: claudicación mismo, cobardía. No quiero ni pensar que haya quien esté amasando perversamente su Premio Nobel de la Paz con la sangre de la memoria de dos calles de Sevilla, donde los asesinos con los que ahora se sientan a negociar para ponerse una medalla y perpetuarse en el poder sembraron la criminal cosecha de la muerte. APATERO afirma que le tiende la mano a Rajoy, pero en realidad lo hace representando una escena de humorde vieja películamuda. Se ofrece la mano al otro y cuando el otro se dispone a estrecharla, se quita de su alcance la mano propia y se lleva hasta la cabeza o hasta el hombro. O se dirige uno hacia alguien con la mano extendida, y cuando se llega a su altura, en vez de detenerse para estrechar la mano del que viene a tu encuentro, se pasa junto a él, se le deja atrás con su mano dispuesta al apretón y se aleja uno con la mano extendida hacia el vacío. Trucos para charlies chaplines de la política. El desencuentro total entre Zapatero y Rajoy es una circunstancia negatiJAIME va en la política española, CAMPMANY y la vieja broma de ofrecer la mano sin estrechar la del otro no mejora el escenario intrincado en que se desarrolla la política, ni engaña a los espectadores. Sólo engaña a los que prefieren dejarse engañar y meten la cabeza en la arena como los avestruces. Zapatero no puede mantener la mano para estrechar la mano del otro con un acuerdo necesario en las cuestiones de Estado por la sencilla razón de que no tiene las manos libres. Se encuentra con las dos manos hipotecadas por sus socios de gobierno, que son enemigos del Estado, enemigos declarados, como los comunistas, y convictos y confesos, como los republicanos de la Esquerra. Estaes la verdadera situación de la política española actual por mucho que se quiera disimular y esconder bajo perdones de frases fuertes, manos falsamente tendidas, buenas palabras y maneras de buena crianza que diría el Viejo Profesor. Zapatero está haciendo lo que puede hacer para mantener su mayoría y sólo gobierna hasta donde le dejan gobernar. Ni la rendición ante los nacionalismos ni la deserción de la lucha con ETA estaban incluidos en su programa electoral, elaborado por otra parte sin esperanzas de tener que cumplirlo. Malo, María, porque la pequeña camada de liliputienses que le apoya, sin acompañarle ni ayudarle, ya se permite el chantaje con la amenaza de dejarle caer desde la presidencia del Gobierno. Zapatero se encuentra en esta tesitura: o gobierna olvidándose de su socialismo de origen, o deja de gobernar. Vive políticamente en un tira y afloja, salvando lo que puede salvar y cediendo lo que no tiene más remedio que ceder. Lo que pide Rajoy es lo menos que se le puede exigir al Gobierno en estas circunstancias, a saber: mantener el Pacto Antiterrorista e instar la ilegalización del disfraz político de ETA. Son dos peticiones, no ya razonablesy lógicas, sino insoslayables. Pero Zapatero no puede concederlas. Lo más probable, por no decir lo más seguro, es que se trate de dos condiciones sine qua non impuestas por los enanitos políticos que completan su mayoría para gobernar. De otra forma no se entiende nada de lo que sucede aquí en este momento, y uno es ya muy viejecito para no ver lo que lo que hay debajo de la ambición de poder, de unas ganas invencibles de gobernar.