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102 VIERNES 13 5 2005 ABC Deportes Al Atlético sólo le queda nombre Ahogado por el Osasuna, no supo remontar el 1- 0 de Pamplona y sufrió una bronca general de la afición que definía otro año decepcionante TOMÁS GONZÁLEZ- MARTÍN MADRID. Protestas del público contra Ferrando y sus jugadores desde minutos antes del final del encuentro. Bronca contra el palco. Los profesionales del Atlético vivieron un triste final en la competición copera, probablemente el final definitivo de otra temporada decepcionante, inmersa en este purgatorio de cinco años que comenzó con la intervención judicial y que parece no encontrar el camino del cielo, sino más bien el regreso a los infiernos. El equipo madrileño quedó eliminado de la Copa porque no superó el 1- 0 sufrido en El Sadar, único gol de la eliminatoria que clasificó al Osasuna para una final copera por vez primera en los ochenta y cinco años de historia del club navarro. El dolor rojiblanco fue triple. El equipo había señalado la final como la posibilidad de volver a los títulos y como el punto de retorno de la grandeza del club, dos objetivos prioritarios a los que se sumaba el deseo de dedicar el hipotético éxito a Jesús Gil, cuyo aniversario de su muerte se cumple mañana. Todos esos anhelos fueron arrollados por la estrategia de Javier Aguirre, que ahogó los cambios tácticos planificados por Ferrando. El entrenador valenciano quiso sorprender con un cambió de sistema, una postura que suele significar que hay problemas de juego en un conjunto. Lo que no esperaban ni él ni sus futbolistas es que el técnico osasunista sería quien les sorprendería con un sistema de presión desde arriba que no dejó jugar a los locales. Ferrando eligió un 3- 4- 1- 2 con una defensa de tres centrales y un centro del campo integrado por Luccin, Colsa y dos laterales- extremos. Pensaba que al equipo le faltaba creación en la zona media y esa fue su solución. El esquema se consolidaba con el regreso de Ibagaza a la media punta para alimentar de pases a un Torres que sumaba, como el Atlético, seis partidos de ayuno goleador. Después serían siete. ATLÉTICO OSASUNA 0 0 Los cuarenta mil espectadores se quedaron tan boquiabiertos como el Atlético. El Osasuna marcaba tan encima y tan arriba que ganaba todas las acciones. Los locales debían remontar el 1- 0 sufrido en Pamplona y parecía que quien jugaba en su campo y quien tenía que dar la vuelta al marcador eran los visitantes. Pablo García se echó encima de Ibagaza como un ejemplo a seguir que emularon todos sus compañeros con el resto de rivales. El once casero no supo escapar de este pressing durante el primer tercio del partido, media hora en la que hubo veintiséis faltas- -catorce del Osasuna, doce del Atlético- -y doce minutos de juego real. Torres y compañía cayeron en la trampa de la pelea cuerpo a cuerpo, la que interesaba al once pamplonica. Solo pudieron construir una jugada de peligro en esa fase de control absoluto de los visitantes, un pase en profundidad de Pablo a Núñez que el uruguayo, solo ante Elía, no supo resolver. El portero despejó el flojo remate. ral contra el equipo y el palco, a la vez que despedía al rival con aplausos. La afición confirmó, un año más, que la mediocridad continúa casada con el equipo. Porque no se debe esperar a ganar una Copa para hacer un equipo. Hay que hacerlo para conquistarla. Es la diferencia para ser grande. Atlético (3- 4- 1- 2) Leo Franco; Pablo, Perea, García Calvo (Aguilera, m. 70) Velasco, Colsa, Luccin, Antonio López; Ibagaza; Núñez (Salva, m. 46) y Torres. Osasuna (4- 2- 3- 1) Elía; Expósito, Cruchaga, Josetxo, Clavero; Puñal, Pablo García; Valdo, Webó (Muñoz, m. 67) Delporte (Moha, m. 78) y Morales (Milosevic, m. 82) Árbitro Medina Cantalejo. Mostró tarjeta amarilla a Luccin, Morales, Cruchaga, Webó, Antonio López, Pablo García, Clavero, Ibagaza, Elía y Muñoz. Agresividad osasunista hasta el final Cuando el Atlético, por fin, pudo respirar, tenía delante una hora de partido, pero también once adversarios que demostraron hasta el fin la misma agresividad, aunque treinta metros más retrasados. Los hombres de Ferrando, por tanto, solo supieron recurrir a los centros por alto para intentar romper el muro pamplonés con algún control al vuelo de Torres o con un cabezazo perdido de Salva, que sustituyó a Núñez para la batalla aérea. Si los caseros pasaron a mandar territorialmente, sus rivales buscaron el gol al contragolpe y Webó pudo sentenciar si hubiera precisado un pase de la muerte a Morales, solo ante Leo Franco. No importó. La impotencia del Atlético era evidente. Un fracaso que el público, enfadado por la enésima decepción, atacó con una protesta gene- Antonio López se va desolado sin mirar la piña de celebración navarra IGNACIO GIL EN EL PALCO RAFAEL MARICHALAR tido, respondo. Desde luego, pero nosotros hemos jugado mal, muy mal. Un palo muy fuerte Para todos, pues a medida que se acercaba el final y los atléticos mascaban el fracaso decidieron increpar al equipo, al técnico y al presidente, al que despidieron con un ¡Cerezo, cabrón, fuera del Calderón! Cerca estaba Diego Maradona, que no pudo ver el primer tiempo y sí alabó el gran ambiente con un sensacional, hermoso Para lo que vino después tuvo un gesto de desaprobación. Patxi Izco, presidente del Osasuna, explotaba algo más que de alegría porque es muy grande lo que hemos conseguido. Para Pamplona la final es más que un éxito, es algo muy hermoso. Y creo que lo hemos merecido Me recuerda: Le dije antes de comenzar que estaba convencido de que íbamos a ganar Pues así fue, señor presidente. Yolanda Barcina, alcaldesa de Pamplona, señaló: El primer tiempo, y no digamos ya los últimos minutos, los he presenciado rota por los nervios. Es sensacional lo conseguido El vicealcalde de Madrid, Manuel Cobo, comentaba que aunque soy madridista he venido para ver cómo el Atlético llega a la final No lo vio. Le pregunto por el Calderón y la Peineta y responde que si lo que se haga es bueno para el Ayuntamiento y el Atlético, se hará Y agrego, con conocimiento, que tanto si hay Juegos como si no. Ibagaza y Torres, desenchufados Lo que nunca pudo prever el máximo responsable del once local es que su colega ya había reaccionado ante ese proyecto. El mexicano anticipó el fracaso de su adversario con un esquema destructivo que impidió tocar el balón al Atlético desde atrás y, por ende, dejaba a Ibagaza desconectado y a Torres desenchufado. Un acoso y derribo a los rivales que comenzaban Webó y Morales, continuaban Valdo y Delporte, para rematarlo con Pablo y Puñal. El triunfo en la partida de ajedrez se sustentaba en la valentía de arriesgarse a un desgaste físico total que los hombres de Aguirre asumieron con la casta que les define. Cerezo, insultado, pagó la desilusión de la afición MADRID. El ambiente era el mejor que puede tener un equipo que se jugaba tanto. La profusión de bengalas rojas- -ninguna cayó al césped- -y el apoyo a gritos dedicados al Atlético no tuvo la contestación debida. Y así, sin rodeos, el presidente Enrique Cerezo manifestó: Nos han ganado sin jugar al fútbol El Osasuna ha jugado su par-