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ABC VIERNES 13 5 2005 Espectáculos 63 El cielo gira Arsène Lupin Un pueblo de Soria ANTONIO WEINRICHTER Un truhán y un señor A. W. Conocida ya por los asistentes a festivales nacionales en los que se viene proyectando desde el pasado otoño, esta hermosa ópera prima de Mercedes Álvarez llega por fin a las pantallas comerciales cuando su paso por festivales internacionales la ha convertido ya en la película española más premiada de la temporada. Tiene esto especial mérito- -sobre todo el premio que recibió en el exigente certamen de Rotterdam- -porque El cielo gira es un documental que viene a confirmar la buena salud del género. La cineasta retorna a la aldea soriana de sus orígenes para levantar acta de su gradual desaparición: quedan sólo 14 habitantes a los que pone a hablar de lo divino y de lo humano. Pese a esta fetichización del habla- -encarnada en personajes tan resultones como el viejo Antonino, todo un hallazgo- -el trabajo de Mercedes Álvarez está lejos del mero reportaje. Nada de cámara en mano para captar la realidad de improviso, según el modo canónico del cine verité cada plano parece un cuadro vivo valorizado por la duración (la justa) la composición y el buen ojo de Álvarez para aprovechar la niebla, la línea del horizonte, una tormenta eléctrica o los rostros de su docena de personajes. Aún más, el relato de la película aparece cuidadosamente organizado en tor- Dirección: Jean- Paul Salomé Intérpretes: Romain Duris, Kristin Scott- Thomas Nacionalidad: Francia, 2004 Duración: 130 m. Calificación: Siguiendo la estela del blockbuster de Hollywood que saquea su imaginario en busca de héroes (perdón, superhéroes) que llevar a la pantalla, hay una cierta tendencia del cine francés que tiende a hacer lo mismo, de Astérix a Vidocq, para crear películas de gran espectáculo que acaben con lo que queda de la tradición de escritura del cine francés de autor. No será este cronista quien jalee la operación, por el significado ideológico que comporta pero, sobre todo, por lo dudoso de los resultados obtenidos. Viene esto al caso por la resurrección del personaje de Arsenio Lupin, un ladrón de guante blanco que se mueve con soltura y mucho esprit por las mansiones de los nobles aunque sólo sea para desvalijarlas. Como es un héroe de folletín, tiene una herida originaria relacionada con la muerte de su padre, tiene amores con ricas herederas y letales aventureras, y tiene también la oportunidad que le envidiaría Forrest Gump de vivir un momento histórico tras otro de conspiración e intriga. Si este tipo de narración trasnochada conforma o no un modelo viable de gran cine a la francesa lo decidirá el espectador, que siempre puede respondernos que este relato no es más tonto que el de un Batman o Spiderman. Cierto, sólo que aquí viene protagonizado por un actorcillo que hace de Lupin un lechuguino o un tirillas (busco vocablos arcanos que le hagan justicia) bastante menos interesante que las damas que el destino cruza en su camino (Kristin Scott- Thomas, haciéndose la bruja; y Eva Green, mucho menos aprovechada que en los Soñadores de Bertolucci) y todo viene contado con un estilo efectista que nunca alcanza el tono pop que se busca para dinamizar la película para el público actual. Eso lo siguen haciendo mejor los americanos. Dirección: Mercedes Álvarez Intérpretes: Documental Nacionalidad: España, 2004 Duración: 115 m. Calificación: no al tema del tiempo, la muerte y la tierra: los dinosaurios, los castros celtíberos enterrados, el cementerio que visitan los aldeanos comentando con naturalidad su próxima residencia allí, el olmo bajo el que se descubren unas calaveras y cuyo corte visto de cerca parece un dinosaurio... Frente a esta necrópolis habitada por un numantino puñado de supervivientes, el mundo actual pasa de largo como se muestra con la visita de una campaña electoral descrita con un humor elíptico digno de Tati. Álvarez agradece al final la ayuda de Erice y Guerín: no hacía falta que lo dijera- -se muestra digna sucesora de ellos- de hecho, la única pega que se le puede poner a su trabajo es lo cerca que sigue su modelo (y el de otro poeta de la realidad, el iraní Kiarostami, al que dedica una cita integral Pero sería una mezquindad reprocharle que se aúpe a hombros de dos de nuestros mejores cineastas modernos. Nadie sabe Las veinte más vistas Solos en casa E. RODRÍGUEZ MARCHANTE Hay dos circunstancias que trabajan a favor de Nadie sabe y una que lo hace en contra. A favor tiene lo extraordinario de la historia que cuenta y el magnífico modo de filmar todo ese embutido narrativo. En contra de ella lo que hay es un imponderable: el director japonés Hirokazu Kore- eda no ha sido capaz de aligerar el peso de la película y le ha salido un fardo de dos horas y media. Aunque, probablemente no había modo de quitarle plomo sin menoscabar esas dos cualidades aludidas, el fondo y la forma, y su notabilísima singularidad. El zumo de la historia se le ha exprimido a la realidad: una madre abandona a sus cuatro hijos (cada uno de ellos, de un padre distinto) en un piso en el que viven más o menos clandestinamente; se establece entre ellos una rutina dirigida a la supervivencia y al disimulo, consiguen atravesar los días (y las estaciones, pues la historia se atiene a esos gajos del año) pero se van dando cuenta, en especial el mayor de los hermanos, que el tiempo los tiene rodeados y que las promesas de vuelta de su madre son un mal anzuelo que tragar. Bien, si la historia es, como se puede apreciar, insólita, del mismo modo lo es la for- Dirección: Hirokazu Kore- eda Intérpretes: Yûya Yagira, Ayu Kitaura Nacionalidad: Japón, 2004 Duración: 141 m. Calificación: ma elegida por el director, y guionista, y montador, para filmarla: desgajada por estaciones, la narración atraviesa el otoño, el invierno, la primavera y el verano, y sus imágenes han sido filmadas y nos llegan en orden cronológico, con lo que se respiran los diferentes cambios tanto físicos como psicológicos en los personajes, al fin y al cabo niños, y muy sensibles a los más diversos crecimientos, desde los más visibles, como el pelo y la mugre, a los más difusos, como la desesperación (propia de los largos rodajes o de los largos abandonos) la madurez o el conocimiento del terreno. La película se aprecia, pues, como una insólita ficción, pero engarzada en imágenes que tienen una cierta ambición documental, o al menos testimonial. El joven Yûya Yagira ganó el premio de interpretación en el pasado Festival de Cannes, donde sorprendió la película por sus osadías narrativas y estructurales. En fin, si la paciencia no falla, la película tampoco lo hará. El Reino de los Cielos XXX 2: Estado de emergencia La intérprete El gran golpe Sahara Un canguro superduro La maldición Cosas que hacer antes de los 30 Heroína La última primavera Reinas Habana Blues Be cool Robots Millon Dollar Baby Hormigas en la boca Monsieur Batiglione La señal In good company Bodas y prejuicios Romain Duris es Arsène Lupin