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6 Opinión VIERNES 13 5 2005 ABC AD LIBITUM TRIBUNA ABIERTA JESUSA VEGA PROFESORA DE ARTE MODERNO Y CONTEMPORÁNEO DE LA AUTÓNOMA DE MADRID EL POLISÓN DE ZAPATERO ARIANO Rajoy es más y mejor parlamentario que José Luis Rodríguez Zapatero. Pasará a la Historia en el lote de los magníficos- -Fernando Suárez, Leopoldo Calvo- Sotelo, Alfonso Guerra, José Carlos Mauricio... pero, a pesar de ello, sus facultades no le sirven para convencer. Quizás porque una gran mayoría de los españoles, votantes del PP incluidos, no vibran con los argumentos de su discurso. España es, para nuestra desgracia, un concepto devaluado. Rajoy, como bien señalaba ayer el maestro Campmany- ¡feliz cumpleaños! sustenta su grandeza oratoria, y su fuerza dialéctica, en la verdad. Craso error. Eso no se lleva y menos todaM. MARTÍN vía en el combinado políFERRAND tico- religioso que, de tener alguna, constituye la ideología dominante en el partido que preside. Cuando la unidad territorial, valga como ejemplo, va envuelta en el mismo paquete de principios que las uniones homosexuales, no es fácil, si es posible, concentrar el interés de las multitudes y provocar su reacción determinante. Rajoy no convence con la verdad y Zapatero seduce con la frivolidad del talante y el zigzagueo ideológico, pero abundando en los supuestos que alimentaron el socialismo español del arranque de los Treinta. Es capaz de hacernos tragar, con azúcar y sonrisas, el acíbar de los separatistas más radicales y los supuestos de un izquierdismo que, en lo económico, está más pasado de moda y oportunidad que una falda con polisón. Es la doctrina de la no doctrina, del pacto perpetuo con moros y cristianos para, pase lo que pase, perpetuarse en el poder. Zapatero es un encantador a favor del viento y Rajoy, desde su autenticidad, no consigue ni abatirle ni comunicarnos a los demás la vibración de una esperanza de futuro para la Nación y, lo que no es menos importante, para los ciudadanos que, con el entusiasmo más bien decaído, nos llamamos españoles. A partir de un desafortunado Título VIII, el gran error de una Constitución llena de aciertos, el Estado no es que se haya descentralizado- -objetivo deseable y benéfico- es que se ha quedado hueco. Sin perder funcionarios, se ha ido quedando sin funciones. Incluso en los epígrafes menos transferibles, más definidores, como la Defensa, adelgaza por falta de personal y, según lo anunciado por el propio Zapatero en el debate sobre el Estado de la Nación, a la Justicia, o a lo que queda de ella, le aguardan notables modificaciones en bien de los Tribunales Superiores, los de los trocitos, y en mal del Supremo, el del todo. Zapatero comulga con todo eso. Importa poco que sea por convicción que para sostenerse en la cucaña del poder que le sostienen sus aliados nacionalistas y separatistas y Rajoy, seguramente harto del juego y titular de una compleja herencia, no es capaz de expresar claramente lo que nos pasa. Además, si tuviera sermón carecería de púlpito. M SÍ A LA HISTORIA DEL ARTE Doctora en Historia del Arte, la autora defiende la necesidad de que esta disciplina académica mantenga su estatus como titulación de grado, en contra de la pretensión del Ministerio, que, alegando la convergencia con Europa, quiere rebajarla al posgrado E STE curso los historiadores del arte españoles estábamos de celebración: conmemorábamos el centenario del establecimiento de una cátedra en la universidad española. ¡Quién nos iba a decir que el regalo sería la desaparición del grado! Desde 1904, como el resto de las Humanidades, la Historia del Arte se ha afianzado en la universidad siguiendo las pautas de la especialización: primero estuvo confinada a los estudios de doctorado, más tarde pasó a ser una especialidad, y finalmente, en 1990, una licenciatura independiente. Al repasar el nuevo catálogo de titulaciones de grado se comprueba que la subcomisión ministerial encargada de llevarlo a cabo ni se ha esforzado en conocer y reflexionar sobre cada una de las disciplinas. Ha optado por el camino más fácil, una vuelta al pasado, aunque ligeramente maquillada. Con eso ha demostrado su falta de aprecio o conocimiento de los debates que han tenido lugar en ellas, su ignorancia del trabajo desarrollado en la investigación y la docencia en todo el sistema educativo, y su escaso respeto por la actividad de los profesionales que conservan, estudian y gestionan el patrimonio cultural. Lo peor es que se ha hecho al amparo de la convergencia europea, y de la supuesta necesidad de revisar los programas académicos apara adecuarlos al mercado laboral. Con eso consiguen que parezca que oponerse a la reforma que proponen sea oponerse a Europa y a la optimización de los recursos, pero todos sabemos que eso no es cierto. En lo que se refiere a la Historia del Arte, el único argumento dado- -y hay que hacer notar la incapacidad de la comisión para defender su propuesta frente a las críticas- es que el Arte es una parte de la Historia obviedad que cuesta creer haya sido enunciada. Pero, puesto que la comisión ha centrado el debate en estos términos, y no en la presencia del arte en la sociedad, ni en la adecuación de los estudios a los puestos de trabajo- -hoy es la titulación de Humanidades con mayor alumnado, dadas sus salidas laborales- me atendré al marco dado para defender el grado. Hace mucho tiempo que los historiadores del arte tomamos conciencia de las coordenadas espacio- temporales y del carácter histórico de la disciplina y lo asumimos como propio (no sin un enconado debate que tuvo lugar en 1932 y también se reflejó en la prensa española) Pero, haber renunciado a la autonomía del arte, entendida en términos de puro discurso estético atemporal, no significa que no tengamos metodologías específicas, ni mucho menos que tengamos que asumir los discursos construidos por los historiadores que, como nosotros, se sirven de documentos para llevar a cabo sus investigaciones. El error está en confundir la Historia con la disciplina académica de ese nombre, del mismo modo que se llegó a confundir el Arte con los discursos que habíamos construido los historiadores del arte. El historiador del arte actual considera su objeto de estudio, la obra de arte, en primer lugar como un hecho