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62 JUEVES 12 5 2005 ABC FIRMAS EN ABC JOSÉ ANTONIO DE MESA BASÁN en dos o tres siglos respecto a la fecha de la publicación del Quijote, es porque ni siquiera sabe el significado del término quijote, si es que alguna vez lo ha oído decir. Fíjense bien que estoy hablando de ciudades y ciudadanos, cuando el verdadero significado de la obra cervantina está inmerso en el mundo rural, que es donde encuentra toda su vigencia y lozanía, y ese protagonismo del pueblo- -el Quijote es un clamor de la ruralidad- -es el que se está secuestrando en la conmemoración, dentro y fuera de nuestro país, dentro y fuera de la propia Mancha. Todavía no he escuchado la sabiduría profunda y la socarronería latente del pueblo manchego ante su tan suya festividad. Tal vez sobren, créanme, políticos, académicos y alcaldes en actos políticamente correctos, y falte el protagonismo popular de quienes por mejor conocer la psicología manchega, mejor puede interpretar a sus héroes. Y si eso fuera así, ni que decir tiene que en las comunidades rurales del ancho mundo, que es donde calaría hondo la tipología cervantina, ni les va a llegar la menor noticia de la celebración, ni mucho menos van a tener el mas mínimo protagonismo. Ese mundo es el que nos debiera importar. Para que nos conozcan, nos aprecien y nos quieran, decía líneas arriba. Rememorar la obra de Cervantes en el Toboso el año 2005, está bien, pues es de bien nacidos rezar por sus bienhechores, pero poco añade a la rentabilidad del aniversario, porque en el Toboso se acuerdan del Quijote todos los días del año, termine este en 05 o en lo que termine, ya que, gracias al personaje del Quijote, les cayó hace cuatro siglos el gordo de la notoriedad. Tanto que sí quiero pensar que en nuestro país todo el mundo sabe por qué el Toboso es referencia universal. Lo que hace falta es que se decidan a buscarlo en el mapa y a visitarlo. Viajeros tiene la Mancha, pues la gente culta siempre ha sabido apreciar su campo, su horizonte y su color, pero a ella no llegan tantos turistas españoles o no españoles, que es lo que cabía esperar y necesitan sus infraestructuras turísticas para rentabilizarlas. La de este año 2005 es una buenísima oportunidad. No la desperdiciemos, que, como decía un buen articulista, refiriéndose al V Centenario del Descubrimiento de América y a la Expo del 92, quien no aprendiera a bailar sevillanas ese año ya no las aprenderá nunca. Dejemos el lujo de la investigación cervantina a las doctas autoridades académicas para que construyan su inagotable camino y nosotros- -el más común pueblo español- -descendamos a la próxima realidad y centrémonos en divulgar la locura gallarda del Quijote, la sabiduría rural de Sancho, la ensoñada fuente de amor de Dulcinea, y dejemos grabado en la mente de los hombres ese tríptico universal. Porque después de haber trabajado en nuestro pueblo, lo que nos queda es coger los cuadros con esos añiles tan bien puestos y llevárnoslos a colgar en Nueva York. HORA Y QUEHACER DE LA SOCIEDAD MANCHEGA En nuestro país todo el mundo sabe por qué el Toboso es referencia universal. Lo que hace falta es que se decidan a buscarlo en el mapa y a visitarlo... ONOZCO a algún pintor que cuando se presenta dice un tanto enfáticamente que vive y pinta en Nueva York. A mí me sirve lo de vivir en Nueva York, para una temporada al menos, pero lo de pintar ya no tanto. La gran mayoría de los que pintan en Nueva York acaban exponiendo en su pueblo, cuando lo bueno, como todo el mundo sabe, es pintar en tu pueblo y acabar exponiendo en Nueva York. Traigo a colación este sucedido para señalar el mérito de que la obra de uno sea conocida fuera de sus fronteras, y no en el entorno del Casino de su lugar de nacimiento, pues a eso puede llegar cualquier aficionado. Además en su parroquia seguro que a uno le quieren, pero lo difícil, insisto, es llegar a que le dejen tocar la campana en pueblo ajeno. Y es al pueblo ajeno al que hay que llevar lo propio, para que te conozcan, te aprecien, te respeten y te quieran. Algo de esto pensé, hace un par de años, al empezar a hablarse con fuerza de la Conmemoración del IV Centenario de la publicación del Quijote, tema sacado a la luz por el entonces partido en la oposición y ahora, durante el vigente año conmemorativo, en el poder. Lo cierto es que creí en la oportunidad, me gustó la idea y llegué al convencimiento de que acertaban. de considerarse un magnifico logro. Que del libro del Quijote se hayan hecho, en fechas recientes, más de quince ediciones y más de un centenar de traducciones a lenguas remotas, o de que se desarrollen seminarios sobre la obra en Corea, Berlín o Austin, me parece sumamente importante, pues significa dotar al universo cervantino de sus mejores cimientos. Sin embargo, digámoslo con absoluta franqueza, se echa de menos una falta de espíritu divulgador de la efemérides entre las gentes que apenas leen, no saben lo que es una ópera, o jamás han ido al teatro, pero que viven y conviven en nuestros pueblos y en este mundo globalizado, y de quienes tengo la seguridad que aprehenderían el espíritu del Quijote y las enseñanzas morales que de la obra se desprenden, si encontráramos la forma de presentarlas de manera adecuada a su circunstancia. En encontrar el cómo radicaría el éxito del Centenario. Las cosas, los hechos históricos, las conmemoraciones, para rentabilizarlas hay que masificarlas, hay que ponerlas al alcance de la mano del más común de los mortales. Un erudito, un universitario, una persona medianamente culta de cualquiera de nuestras ciudades o de las que acabo de mencionar del extranjero, conoce el significado de la obra de Cervantes, pero pregúntenles ustedes al viandante medio de la ciudad de Nueva York, pongamos por caso, o a un ciudadano de cualquier país árabe o iberoamericano incluso, y se quedarán penosamente sorprendidos. Aquel que no se confunda C Durante algún tiempo anduve dándole vueltas a la iniciativa, me acerqué a algunos pueblos de la Mancha con los que tengo una fuerte relación afectiva, y cambié impresiones con ilustres personalidades manchegas del mundo de la cultura, esperando el pistoletazo de salida con la ilusión de poner por mi parte un mínimo grano de arena. Eran conversaciones en las que nos enorgullecíamos de las enormes figuras del Quijote, Sancho y Dulcinea, aunque sólo fueran esas, para pasearlas por el mundo y recrearlas en países lejanos, convencidos de su imperio. Pero, iniciado el 2005, y sometido como está nuestro país a un trepidante ritmo político, veo la realidad de la Conmemoración con la objetividad precisa para comprender que las cosas son como son y no como soñamos que podían ser. ¡Qué verdad es eso de que la ilusión está en el camino! Es cierto que se han programado multitud de actividades. Nadie puede dejar de sorprenderse de las numerosas ediciones, exposiciones, jornadas, cursos, etc... convocados desde los organismos oficiales, a las que se han sumado airosamente los universidades de diferentes países. Todo eso está muy bien, incluso pue- JOAQUÍN ALBAICÍN ESCRITOR LAS BUENAS OBRAS R ASTREABA la otra tarde en la Biblioteca Nacional una obra de Lactancio cuando me encontré con Frank G. Rubio. Cada día hay que hacer al menos una buena obra, y me permití recomendarle la lectura de El relato del Anticristo, de Soloviev. La madrugada anterior habían echado por la tele Arabesco, y- -devotos ambos de Sofía Loren- -lo comentamos. Pero- -me interpeló Frank- si te fijas, todo ese mundo... ¡ha desaparecido! ¿Te has dado cuenta? Pues sí. Como tampoco pita ya el mundo de Charles Boyer. Arco del Triunfo, espías nazis, brindis con champán y caviar al otro lado del Te- lón de Acero, cigarrillos Sobranie, leer The Sphere en Vía Véneto, cosacos al galope, Orient- Express para todo el mundo, mujeres que nos persiguen hasta la muerte de Estambul a Roma y de Argel a Madrid... Bueno, lo último todavía colea algo. Pero el resto es agua que ya no mueve molino. Lo bueno de verdad, no traspasó la década de los 50. Hubo un sucedáneo de segunda oportunidad en los 60. Quien no pelara entonces la pava con Claudia Cardinale, Elke Sommer o Ursula Andress en los festivales de cine, puede ir haciéndose a la idea de que ha perdido definitivamente la ocasión. Los días en que uno iba a Moscú a meter mano a marmóreas agentes del KGB pasaron para siempre, querido Frank. Te lo digo yo, cliente asiduo de El Cosaco, en la Plaza de la Paja, donde se come y cena muy bien, pero el ambiente palidece ostensiblemente ante la foto enmarcada de Nicolás II pasando revista a la tropa en el frente de Galitzia. Cualquier noche de estas, te encuentras cenando en El Cosaco a Paz Vega o a Pichuchi, de Gran Hermano. Con eso te digo todo. El mundo que nos gusta, el mundo de verdad, el retratado en las cajas de bombones y habanos y en los palacios bagdadíes de cartón piedra de las películas de Simbad, se salda en la Plaza Mayor y el Rastro a uno con ochenta euros la vitola de puro. Más lo siento yo, que he de pagar por lo que es mío. Quizá sólo los pingüinos, habitantes de aquella Gondwana primigenia tragada por las aguas, sepan de verdad el porqué de esta debacle. Yo sólo puedo decir que sigo gritando: ¡Viva Cagancho!