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60 Espectáculos JUEVES 12 5 2005 ABC Eva la Yerbabuena hechiza al público japonés con una lección magistral de arte El público, puesto en pie, tributó un gran aplauso a la bailaora en el Festival de Tokio JULIO BRAVO ENVIADO ESPECIAL TOKIO. ¿Y qué vais a escribir hoy? porque para describir esto no hay palabras Esta pregunta, que los informadores españoles escuchamos al concluir la función de ayer en el Tokyo International Forum Hall, resume per- Eva la Yerbabuena DAVID COLL fectamente el sentir del público que asistió a la actuación de Eva la Yerbabuena dentro del Festival Flamenco organizado por el Pabellón Español de la Expo de Aichi. Y es que los espectadores (casi habría que decir espectadoras, porque la mayoría de mujeres volvió a ser absolutamente abrumadora) recibieron ayer una maravillosa lección magistral de baile flamenco. Las muchas, muchísimas estudiantes que se encontraban en el abarrotado auditorio, difícilmente olvidarán esta noche, en la que el duende tomó cuerpo en una bailaora pequeña de estatura pero rebosante de arte: Eva la Yerbabuena. Puesto en pie, el auditorio reconoció con varios minutos de aplausos el excepcional espectáculo que había contemplado. Hacía diez años que la bailaora no actuaba en Japón. Aquí vino por primera vez- -contaba entre platos de algas y pescados después de la función- -nada más casarse con el guitarrista Paco Jarana. Fue para actuar durante seis meses en el tablao El flamenco un histórico local de Tokio por el que han desfilado los más grandes artistas flamencos. Vinimos- -contaba Eva- -de luna de miel, no teníamos ni casa en España Aquella joven bailaora es hoy una de las grandes del flamenco y de la danza española, y en Tokio ha dejado una huella imborrable. A la Yerbabuena no le asusta el riesgo ni la modernidad. De su gusto por lo contemporáneo dan fe su pasión por el coreógrafo sueco Mats Ek- -cuando habla de él se le ilumina el rostro- -y su trabajo y su admiración por la alemana Pina Bausch, con quien ha compartido escenario ya en más de una ocasión. Pero ella es una mujer que extiende sus ramas hacia otros aires mientras mantiene las raíces firmemente aferradas a la tierra. En su baile está toda su herencia, todo el pasado aprendido y aprehendido, al que ella dota de actualidad, de contemporaneidad Sus quiebros, su reposo, sus caderas, dotan de un profundo sabor antiguo a su baile, que emerge tranquilo, que se deja mecer por la música y que transpira arte. Los dos números que abren y cierran el espectáculo- -en las que aparece Eva escuchando arrobada un viejo gramófono- -son precisamente el homenaje a esos ancestros de los que ella ha bebido su arte. La confesada ansiedad con la que esperaba el reencuentro con el público de Tokio se tornó sobre el escenario en sensualidad, en hechizo, en sabiduría. Los brazos retozaban y caracoleaban los dedos, la sonrisa apenas esbozada, los pies acariciando el suelo. Por granaínas primero, gustándose en todos y cada uno de sus pasos, y luego en la soleá- -alargada en exceso: me encontraba tan a gusto... se justificaba- fue creciendo la emoción, la comunicación con un público entregado silenciosamente, que aguantaba la respiración y el aplauso, para desbordarse una vez caído el telón. Las palabras, en estos casos, sobran. Sus quiebros, su reposo, sus caderas, dotan de un profundo sabor antiguo el baile de la Yerbabuena