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56 JUEVES 12 5 2005 ABC Cultura y espectáculos JUAN SORIANO Pintor. Premio Velázquez España es primordial; el mestizaje de artes y culturas sembró mi vida Nunca vendió sus dibujos. Los ha regalado. Los guarda. No le gusta nada comerciar con las cosas en las que ha volcado su cariño. ABC habló en París con Juan Soriano, nada más ser premiado con el Velázquez en Madrid, en la sede del Ministerio de Cultura. Soriano se rendía al misterio del galardón TEXTO: JUAN PEDRO QUIÑONERO, CORRESPONSAL EN PARÍS Un jurado presidido por el director de la Real Academia de Bellas Artes, Ramón González de Amezúa, e integrado por los directores del Prado y Reina Sofía, Miguel Zugaza y Ana Martínez de Aguilar; José Guirao, director de La Casa Encendida; los críticos José Miguel Ullán y Fernando Castro Flórez, y la profesora Estrella de Diego, entre otras personas, premió ayer, por unanimidad, con el Velázquez la libertad creadora del artista mexicano Juan Soriano. ¿Qué la parece la noticia? ¿Debo creérmela? Desde niño me ocurren cosas mágicas, maravillosas. La gente me habla, me cuenta cosas. Pero son cosas tan bellas, bonitas, tan inesperadas, tan misteriosas, que debo rendirme a su misterio. -Se trata de una siempre nueva consagración para un artista que siempre ha ido a contracorriente de todas las cosas oficiales, ¿no? -Yo empecé siendo muy niño. A los 7 años ya pintaba, ya dibujaba. El arte era lo único importante, lo esencial. Pero las cosas que hacía no siempre iban por el camino que deseaban quienes me rodeaban. Y yo dudaba. ¿Me estaría equivocando? ¿Era ése mi camino? Afortunadamente, más allá de mi familia, hubo artistas, hubo escritores, que me apoyaron desde el principio. Y eso me salvó. ¿Quiénes fueron los primeros? -Hubo muchos... Octavio Paz escribió cosas muy bonitas. Cuando yo todavía era muy joven llegaron a México muchos españoles, muchos desterrados. Y todos ellos me apoyaron mucho. Para mí fue muy importante el apoyo y la amistad de su amigo Ramón Gaya. También tuvo un papel muy importante María Zambrano. María fue muy importante para mí. Por lo que escribía. Y por lo que me decía. De ella aprendí muchas cosas. Sobre España y sobre mí mismo. -Usted siguió un camino muy distinto al de todas las corrientes del arte que terminaría imponiéndose comercialmente a escala planetaria. -Nunca he intentado seguir ninguna corriente. Siempre he intentado llegar a ser yo mismo. Sin duda, viví momentos difíciles. Por momentos, algunos días, según me levantase, podía dudar. Pero, finalmente, seguía mi camino. Solo. De hecho, mi vida no ha cambiado gran cosa. Hago ahora lo mismo que hacía cuando era muy joven: me levanto temprano, dibujo, pinto, leo, hablo con los amigos, intento comer con ellos. Y vuelvo a mi trabajo, a mis cosas, que es mi forma de vivir, tocando, mirando, oliendo, impregnándome de todo lo real y descubrir en esa realidad las cosas con las que vuelvo a trabajar en mi arte. -Hablamos en París. Pero usted nunca deseó instalarse en Nueva York, la gran metrópoli artística a juicio de la crítica tradicional. -París pudiera estar muy bien. Pero yo La pintura no es ninguna perfección Se trata de expresar sentimientos distintos para no aburrir sigo siendo fiel a México. Sobre todo fiel a las pequeñas ciudades próximas a la capital. Esas pequeñas ciudades donde está tan presente la huella y el legado de lo español. En mi vida, en la vida de México, esa huella de España es muy importante, primordial. Nosotros aprendimos la lengua española. Y el mestizaje de artes, artesanías y culturas sembró nuestra vida con cosas maravillosas. -Una de sus fidelidades ha sido el dibujo. Muchos artistas han abandonado el lápiz para servirse de un aparato de fotos o un vídeo. Usted sigue siendo fiel al arte de dibujar. -Sí. Y creo estar más cerca de la realidad. Desde niño, el dibujo era mi primera forma de expresión e invención de mundos. Luego aprendí de los italianos que el dibujo es algo así como una suerte de destello de la divinidad Bueno. El dibujo hace la vida más verdadera. La completa, de alguna manera. En realidad, yo no he vendido nunca mis dibujos. Los he regalado. Los guardo. No me gusta nada comerciar con las cosas en las que he puesto mi cariño. -Ese contacto con lo sagrado del gran arte también está muy presente en todas sus cosas para el teatro. Sobre todo el teatro clásico. Griego arcaico, de preferencia. -Los griegos nos enseñan hasta qué punto la realidad y lo sagrado se tocan. Los dioses y las diosas griegas son muy humanos. Huelen, aman y se enfurecen como nosotros. O nosotros amamos y nos enfurecemos como ellos. -Sospecho que de sus viajes a Italia, España, Francia y Grecia, lo más importante fue Creta. -Todo fue y todo es importante. En cada lugar hay que tocar y trabajar con las cosas de la tierra. Y, en muchos casos, los genios de la tierra se expresan a través de la obra de los artistas. Yo conocí a María Zambrano en México y volví a encontrarla en Roma. En otros casos, me ENTRE MÉXICO Y EUROPA JUAN MANUEL BONET C uando en 2002 fue creado por el gobierno, el Premio Velázquez se planteó como el Cervantes de las artes. Inevitable era, por lo tanto, que en algún momento se iniciara el ciclo velazqueño de allende el mar. Inevitable y- -uno lo tuvo siempre clarísimo- -cultural y políticamente deseable, porque en este banquete Latinoamérica no podía ser la eterna convidada de piedra. Candidatos naturales fueron, mientras estuvieron en vida, Matta, Álvarez Bravo, Soto... Hay que saludar, pues, sin ambages, con alegría, el que por fin el premio haya recaído en una voz de ultramar. Entre los nombres posibles, uno puede añorar alguno imposible- -Horacio Coppola, el ojo moderno de Buenos Aires- pero el del mexicano Juan Soriano tiene su lógica, y es plausible y digno. Artista precoz, a los doce años Soriano frecuentaba, en su Guadalajara natal, a Chucho Reyes y a Barragán. Trasplantado a México en 1935, vinieron luego la vorágine, la LEAR, la amistad con Villaurrutia y Novo y Agustín Lazo, el estrecho contacto con Octavio Paz, el diálogo con María Zambrano o Ramón Gaya- -el primer galardonado con el Velázquez- la escenografía, la escultura, la cerámica... Luego, reiterados viajes a Euro- pa, y el afincamiento definitivo, en 1975, en París. Continuador del arte de la generación mexicana de los treinta, este pintor figurativo, culto, proteico, un punto cocteauiano, se ha autorretratado obsesivamente, y siempre ha mezclado arte y vida. Poeta, hondo pintor de parábolas visuales (Cardoza y Aragón) cultivador de los mitos de su tierra y revisitador de la tradición europea, ha sido objeto, aquí, de tres retrospectivas: la primera en 1980 en el Palacio de Congresos, la segunda en 1997 en el Reina, y la tercera en 2002 en la Comunidad de Madrid. De nuevo el problema será qué mostrar de él, para la preceptiva muestra en el MNCARS que el premio por ley comporta. Pero su obra es tan amplia, diversa y compleja, que a buen seguro queda algún rincón de la misma por explorar y mostrar.