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ABC JUEVES 12 5 2005 Nacional EL DEBATE SOBRE EL ESTADO DE LA NACIÓN LAS CLAVES DEL DISCURSO DEL LÍDER DEL PP 15 POLÍTICA SOCIAL En ningún otro capítulo destaca tan ostentosamente la desproporción entre la sobreabundancia de palabras y la pobreza de hechos EDUCACIÓN Su política de educación ha puesto una pica en Flandes: se ha cargado la ley que apostaba por una enseñanza de calidad CATALUÑA Son muchísimos los catalanes que no comparten la insolidaridad ni los delirios que sus amigos del tripartito nos ofrecen VIVIENDA Los precios han subido un 17 De un Ministerio que apenas tiene competencias sólo surgen disparates una y otra vez SISTEMA DE FINANCIACIÓN Nadie puede tomar ni exigir unilateralmente medidas que afecten a los demás. Cualquier reforma debe ser decidida entre todos IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA ESPAÑA ANÓMALA D FOTOS: CHEMA BARROSO designar a los interlocutores socialistas. Rajoy le replicó que él estaba dispuesto a reunirse con el presidente del Gobierno cuando quisiera, pero le instó a pronunciarse en sede parlamentaria sobre el modelo de Estado. Tras reprochar a Zapatero que estuviera sen- tado en el escaño de presidente del Gobierno por el 11- M, le acusó de abrir un debate sobre todas las cuestiones territoriales -modelo de Estado, Estatutos de Autonomía y financiación- -sin tener una idea clara de dónde nos lleva y advirtió de que por esa vía se puede triturar la Constitución os hechos del debate de ayer justifican la afirmación de que España vive una inquietante anomalía. El primero es que se trata de debatir sobre el estado de la Nación, y el presidente del Gobierno, con el apoyo de más de la mitad de los diputados y de un partido separatista y republicano, no sabe o no quiere responder si España es o no una nación, o si lo son también algunas partes de ella. Existen serias divergencias sobre el sujeto del debate. El segundo es que, a diferencia de lo que sería normal, y así ha sido hasta ahora, lo que se discutía no era lo esencial ni las reglas del juego, es decir, la soberanía nacional, la unidad de España, la Constitución, los Estatutos de Autonomía o la financiación, sino la política ordinaria. El Gobierno suscita dudas y gobierna con apoyos que ni siquiera las suscitan. En cualquier caso, no las disipó, pues no aclaró lo que piensa hacer ante un extravagante proceso constituyente. Se diría que España vuelve a ser problema. Por si esto fuera poco, la parte sustancial del debate se centró en las discrepancias sobre la política antiterrorista y sobre acusaciones mutuas de deslealtad. Mas aquí la cuestión está lejos de resolverse en tablas. Pues parecería que Zapatero tiene razón al reprochar a Rajoy falta de apoyo en su política antiterrorista, pero deja de tenerla cuando parece claro que ha sido él quien ha incumplido el Pacto antiterrorista. Por lo demás, Rajoy, como era previsible, superó a Za- patero en gramática, retórica y dialéctica, y el presidente se escudó en la falta de respuesta a las preguntas comprometidas, salvo su negación de que existan negociaciones con ETA, y en juzgar al PP mirando al pasado, como si se tratara del debate sobre el estado de la oposición. En suma, el estado de España no es bueno y para demostrarlo no era necesario el debate de ayer. El Gobierno, que exhibe una endeblez intelectual alarmante, ha contribuido a la creación de problemas que no existían porque habían sido resueltos. Ha abierto una especie de proceso constituyente irresponsable, está poniendo en peligro el espíritu de concordia que presidió la transición, con gestos y actitudes que exhiben un inequívoco tufo sectario, está ofendiendo a las convicciones morales y jurídicas de, quizá, la mayoría de la sociedad, desde luego de la mayoría de los católicos, muestra una memoria histórica sesgada y rencorosa, y no acaba de despejar las sospechas de que, para mantenerse en el poder y aislar al PP, está dispuesto a casi todo, e incluso a buscar el final de ETA haciendo concesiones políticas. Porque el problema no es el diálogo con la banda terrorista, sino las condiciones y, sobre todo, la negativa a hacer concesiones políticas. Ese tipo de diálogo es el que, en el caso de que se realizara, entrañaría una inmoralidad y una traición a las víctimas. Hay, sin embargo, esperanza. La anomalía no es antigua y congénita sino reciente y adquirida.