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ABC MIÉRCOLES 11 5 2005 Sociedad 49 Dos estudios científicos demuestran que los varones homosexuales y las mujeres heterosexuales reaccionan igual ante la presencia de una feromona masculina Olor a ti TEXTO JOSÉ MANUEL NIEVES MADRID. ¿Nacen o se hacen? ¿Es la homosexualidad una elección libre del individuo, una opción de cada uno, o por el contrario se trata de algo congénito, de una característica biológica que la hace inevitable desde el momento mismo del nacimiento? La polémica sigue abierta, sin resultados concluyentes en ninguno de los dos sentidos, pero dos estudios independientes que acaban de aparecer, realizados por investigadores norteamericanos y suecos, parecen dejar claro que el ser humano responde de forma diferente, según su condición sexual, al rastro natural de las feromonas que emiten nuestros cuerpos, señales químicas que resultan determinantes a la hora de hacernos, o no, atractivos para los demás. Se sabe que los animales desarrollan una fuerte respuesta a la presencia de feromonas, sustancias que condicionan muchos de sus comportamientos, en especial los sexuales. Pero no estaba clara hasta ahora la forma en que éstas afectan a los seres humanos. Muchos dudaban, incluso, de que jugaran algún papel entre los miembros de nuestra propia especie. Se equivocaban. Y no sólo eso. Los varones homosexuales han resultado, según los datos recopilados por los científicos, especialmente dotados para detectar esas señales invisibles en otros varones homosexuales y reaccionar a ellas. Esas feromonas, presentes en el sudor de los varones, provocan la misma reacción en hombres homosexuales que en mujeres heterosexuales. En varones heterosexuales, sin embargo, las feromonas no provocaron efecto alguno. El primer estudio, dirigido por Ivanka Savic, del Instituto Karolinska de Estocolmo y publicado por la revista Proceedings of the National Academy of Sciences demuestra que tanto los varones homosexuales como las mujeres heterosexuales activan, en presencia de testosterona (la hormona sexual masculina) las zonas del cerebro involucradas en la actividad sexual. Sin embargo, cuando los sujetos estudiados fueron expuestos a olores corrientes como lavanda o cedro, todos reaccionaron de forma idéntica, sin distinción de sexos, activando sólo las zonas del cerebro relacionadas con la percepción olfativa. Sutiles diferencias Por su parte, los neurocientíficos Charles Wysocki y Yolanda Martins, del Centro Monell de Sentidos en Filadelfia (Pensilvania) usaron para su experimento muestras de sudor tomadas de axilas de 24 donantes de diferente género y orientación sexual. El estudio, que se publicará en la edición de septiembre de la revista Psychological Science pone de manifiesto sutiles diferencias entre los olores que prefieren los hombres y las mujeres homosexuales y los que más gustan a los hombres y mujeres heterosexuales. Los varones homosexuales manifestaron una clara preferencia por el olor de otros hombres homosexuales, pero también por el de las mujeres heterosexuales. El olor de los hombres homosexuales, sin embargo, fue el más rechazado por los heterosexuales (tanto hombres como mujeres) y por las lesbianas. Es necesario que entendamos cómo los mecanismos biológicos responsables de la producción del olor corporal difieren en estos grupos definidos por género y preferencia sexual dijo Martins. El sudor masculino en el centro de la investigación NOCITO Sigue sin demostrarse la existencia de un gen de la homosexualidad La polémica científica alrededor de la existencia de uno (o varios) genes de la homosexualidad comenzó a principios de los noventa, cuando un equipo británico, encabezado por Simon LeVay, publicó en la revista Science los resultados de una investigación que subrayaba pequeñas pero sutiles diferencias cerebrales entre homosexuales y heterosexuales. Dos años después, el norteamericano Dean Hamer, del Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, afirmaba, también en Science, haber encontrado el polémico gen. Pero estas conclusiones fueron de nuevo desmentidas en 1999 por un nuevo estudio, esta vez realizado por genetistas de Standford que afirmaron, de nuevo en Science, que no había datos concluyentes que soportaran la idea de la existencia de genes con una influencia determinante en la orientación sexual Las feromonas estudiadas están presentes en el sudor masculino